jueves, 17 de septiembre de 2020

Un poco de veneno... ¡¡Y mala baba!!


No había nadie más. Creí que estaba sola.  Al entrar, frente a la puerta, la cortina del balcón se onduló sutilmente. Un olor espeso y agrío envolvía la habitación y moscas revoloteando alrededor del  cuerpo, en medio el salón, era la evidencia. ¿Cuántos días llevaría allí?
 Llamé por teléfono para que vinieran a buscar el cuerpo. Fui hasta la cocina, vi las escudillas junto a su cesto. Marina había cumplido con su promesa: 

—Tranquila, me pasaré un día sin otro y controlaré que esté bien.  —Ayer o anteayer, habría estado, no faltaba el agua y  comida.
La arenilla tampoco estaba sucia luego la había renovado ese mismo día. 

La despensilla del pasillo, donde Bertín guarda sus utensilios de limpieza estaba bien cerrado. A veces se deja la puerta abierta y Mififú ya nos ha dado más de un susto. ¡Lo que le gusta husmear entre polvos de limpieza!

¡Vaya vuelta a casa! Mi paso por el hospital había durado más de lo previsto. Y los días ausente se habían cobrado el peaje. Y eso que cada vez que cualquiera venía a visitarme les insistía en que no descuidaran a Mififú. Llevaba conmigo ya once años, era todo un viejito gatuno. 

Fui a mi cuarto a deshacerme de la bolsa de ropa que aun llevaba bien asida con la mano. Todas las puertas del pasillo estaban cerradas: Extraño. Dejo que pasee por la casa cuando no estoy, es un felino limpio y necesita su espacio cuando se encuentra solo. 
Suelo tener la ventana de mi habitación, además, entreabierta, ya que es su escape por los tejados. Entra y sale de la casa a menudo, le gusta tomar el sol en el tejado. (Cosas, que toda la gente que me ayudaba estos días sabía).

Era martes. Juana pasaba por casa. Abrir y cerrar ventanas y persianas, además de controlar la caldera del agua que a veces perdía gas y había que ventilar ...
 Así, entre unos y otros, prácticamente, todos los días ,en casa,  se veía movimiento. ¡Táctica anti-ocupas!

Oí un ruido en el salón. Solté, la bolsa, y salí. Esperaba encontrarme con Juana...

—Avisé a tu vecina el domingo. Mi madre se puso mala y no podré hacerme cargo de Mififú. Le dejo la llave. Los siento "cari". —Del teléfono se escuchaba la voz cálida de Marina.

—¡Hola, Casiana! Pensé que estaba sola cuando llegué.—Me miró sin decir nada. Con la mano todavía encima del botón de borrar, del contestador del teléfono. Seguramente se le había disparado sin querer.

Llamaron al portero de la calle, a la vez, Juana abría la puerta de casa con su llave. 
Del ayuntamiento, de la perrera,  vinieron a llevarse el cuerpo de mi mascota y Juana se las arregló con la vecina. Después de años protestando, ya no saltaría nunca más, mi gato, a su balcón. Me metí en la cama y dormí hasta la tarde. 
Al despertar, Bertín me esperaba en el salón. Con una taza de tila entre las manos escuché toda al historia.

 El día anterior, por la noche, mi vecina echó en las escudillas un veneno. Indoloro. Se excusó diciendo.  Dejó todo cerrado para que no pudiera escapar y dejara el menor rastro posible. Por la mañana, tempranito fue a limpiar las pistas que hubiera podido dejar. Pero, yo, había llegado demasiado pronto. 
Esperó escondida tras la cortina del salón, sin embargo, los nervios provocados por mi inesperada aparición le jugaron una mala pasada. Se anticipó saliendo demasiado pronto de su escondite.

Miré a Bertín a los ojos, mientras acariciaba el hueco del sofá, donde ahora estaría Mififú, acurrucado, a mi lado. Una lágrima resbaló por mi mejilla. 
👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀

Reto#37: Escribe un relato policíaco que empiece con “No veía a nadie más. Creí que estaba sola”.

Una semana más, aquí está mi relato para el reto. NO es que me saque de mi zona de confort, es que hace semanas que no la veo por ningún lado. Los temas propuestos me superan, porque el tiempo es poco y son planteamientos a los que nunca me he enfrentado. Si no hiciera nada más, le dedicaría más tiempo al día a escribir. Pero trabajando y con familia y casa que sacar adelante, el tiempo es el que es. Pero me he propuesto acabar el reto, así que tengo que conformarme. Una vez más publico con retraso, pero ahí va. 
¿Qué os ha parecido?
¿Me acerco a los requerimientos del reto?
No dudes en dejarme tu opinión.


domingo, 13 de septiembre de 2020

Arroz, champiñones y vino blanco


Después de un año de estudio intensivo y, de parte del verano, presentándome a exámenes para aprobar las oposiciones, por fin, todo había terminado. Acababa de hacer el último examen, la defensa oral de la programación, y tenía la sensación de: “Prueba Superada”.

No sé cómo explicarlo. Dentro del aula todo había sido muy rápido, mi exposición, las preguntas del tribunal, mis respuestas, sus expresiones al leer la programación mientras hablaba, sus gestos al mirarme, al despedirme…

Los nervios turbiaban mi percepción, pero el subidón con el que había salido de allí era una sensación desconocida para mí. ¡¡He aprobado!! Eso me decía la cabeza.

Finales de julio. El sol cegador me abrasaba la piel mientras me dirigía a casa. Le había dicho a mi madre que era el último día, que la llamaría al acabar. Pero no me cogió el teléfono.

 No aprobaba lo que hacía. Durante todos los años de estudio me recriminó que no ayudara a la familia. Que todo lo que ganaba me lo gastaba, prácticamente, en los estudios y que le ayudaba poco en la casa, con mis hermanos.

Era cierto. Pero yo tenía claro la vida qué quería para mí. Al llegar a casa no había nadie. “Nos hemos ido a pasar el día a la piscina”—decía la nota del figrorífico. Cosas así era lo que me empujaba a luchar por irme de casa. ¡Un día tan importante para mí y me dejaba sola!

Al abrir la nevera no había nada apetitoso que comer. Arroz hervido de varios días, una ración de champiñones, algo de fruta… nada apetecible, lo dicho.

Decidí darme una ducha, relajarme.

De la cocina me llegó el olor a cebolla pochada. Sonreí al ver a Quique entre sartenes.

—¿Pero cómo tú por aquí? —Me estrechó entre sus brazos y recordé cuando de pequeña venía corriendo hacia mí para darme la bienvenida.

—¡No iba a perderme por nada este día! Sé lo importante que es para ti.

—Eres un amor, sin embargo ella…—Me separé de él con lágrimas en los ojos.

—No se lo tengas en cuenta, ¡vamos, ayúdame!

Tenía en la sartén la cebolla, cortada bien pequeña, ya transparente y le añadió los champiñones que había limpiado y laminado. Los salpimentó.

Mientras se iban mezclando los sabores de las verduras, preparamos una ensalada con tomates cherry, queso blanco y nueces. Con ese toque de aliño que sólo él sabe darle.

Después incorporó a la sartén el arroz blanco. Dejó que se mezclara bien con la cebolla y los champiñones, Poco a poco, los removía, con mimo, suavemente.

Mientras dejábamos reposar el arroz, abrió una botella de vino blanco que había traído él.

Color dorado  en la copa, aroma a fruta fresca, suave al paladar, de cuerpo ligero…

 El arroz estaba exquisito, ¿Cómo había conseguido esa combinación los sabores, ese tejido exquisito entre tan simples ingredientes?

El vino lo envolvía todo con su aroma, su textura… y la ensalada,  fue el condimento perfecto.

Mientras preparaba un té para la sobremesa sacó de la nevera su famoso sorbete de naranja… ¡Lo que me gusta!

Con su toque justo de champan y el punto agridulce de la naranja.

Reímos y nos pusimos al día. Llevaba tres meses, desde que cumplió dieciocho años, independizado y nos habíamos visto muy poco.

¡Cómo quiero a mi hermano!

🎈🎈🎈🎈🎈🎈🎈🎈🎈

(Llego con una semana de retraso. A ver si me reengancho y me pongo al día).

Reto#36: Haz una historia que integre una descripción de la mejor comida que has probado. #52RetosLiterup





miércoles, 2 de septiembre de 2020

El lado oscuro de la luna...


Hacía pocos días que había llegado al pueblo. Un pequeño pueblecito, al pie del Moncayo. Acogedor, amable, amistoso.

Al menos eso sintió todos los años que veraneó en él, cuando su abuela, mujer solitaria, abría las puertas de su casa a la familia. Contadas ocasiones. Siempre le extrañó que mantuviera a todos tan alejados. 

Ahora que ella ya no estaba, la casa era suya. Por primera veztras su marcha, volvía al pueblo. Pasaría unos tranquilos días de vacaciones, lejos de los ruidos y prisas de la ciudad. Lo necesitaba. 

Al entrar, en el umbral de la puerta, todos los recuerdos la asaltaron. Ese olor inconfundible… Se preparó un té. Taza en mano,  se paseó por la casa,  dejando que recuerdos, añoranzas, risas y llantos la envolvieran. Pasó un buen rato en la alcoba de su abuela, estaba llena de reminiscencias, puntos de encuentro con sus recuerdos más lejanos. Al fondo del armario, encontró un cuaderno,medio escondido, pensó que tal vez sería su diario. “Luna nueva” lucía escrito en l portada. Lo dejó en la mesilla. ¿Tenía derecho a leer los más íntimos pensamientos de su abuela?

Saldría a comprar lo imprescindible. La tarde con su sopor la encerraría en casa. Se cruzó con varias vecinas, caras conocidas pero que le rehuían la mirada. Saludos secos, respuestas parcas… En la tienda, la de toda la vida, estaba Paca, haciendo compañía a su hija, pero allí.

—¡Hola Paca! ¿Cómo estás?

—Ya ves. Tú, ¿qué haces por aquí?

—Bueno, a pasar unos días tranquilos —No le gustó el tono de la conversación.

—En tu estado, no es el mejor sitio. ¿Estás de espera, no?—asentí con la cabeza, sin más.

Compré lo mínimo para irme cuanto antes. Casi nadie sabía lo de su embarazo. ¿Quién se lo habría dicho?

Al volver hizo un poco de limpieza. Después de comer se sentó en la mecedora de su abuela y decidió leer el cuaderno "luna nueva".

“Durante los días de luna nueva, la influencia sobre los


fantasmas (demonios, diablos, energías negativas, etc.), es muy fuerte,,, reciben energía negra para sus actividades…. …

…Especialmente durante la noche, la luna nueva es una gran oportunidad para los fantasmas para causar malestar al hombre…”

Lo cerró de golpe al poco de abrirlo. No le gustaban esos temas. Influencia de la luna nueva, su fuerza en los maleficios... Las imágenes que lo acompañaban tampoco le gustaban. Aquelarres con niños, círculos satánicos…

Llamaron a la puerta. Era la amiga de su abuela, Andresa. La que últimamente más la acompañaba. Se ofreció a ayudarla con la casa, a hacerle compañía, le trajo una sopa caliente…

Anochecía cuando se fue. Quiso hacerle aprecio y se tomó parte de la sopa. Pasó la noche con pesadillas que la despertaron de madrugada y ya no se durmió.

Se levantó y se fue a andar. Le sentaría bien. Las siete de la mañana. Al atravesar el pueblo para llegar al bosque, le pareció raro que todas las mujeres estuvieran en sus ventanas, la saludaran esquivas, la miraran raro… ¿Qué pasaba?

Al llegar a casa se acercó al calendario. No quería olvidarse de sus citas médicas. ¡Vaya! ¡Esa noche  había luna llena!

Se preparó un café. Vio las sobras de la sopa. La tiró. ¿Y si estaban preparando un sacrificio?¿Qué mejor que una embarazada, su hijo no nacido? Esas miradas huidizas, esquivas. Esos comentarios parcos, impersonales.

La extraña visita del día anterior, que insistió en recorrer la casa…

Miró a la calle, le extrañó. Las mujeres se estaban concentrando junto a su ventana. Poco a poco iban llegando y se arremolinaban  frente a la  casa. ¿Qué estaba pasando?

Llamaron a la puerta pero no abrió. Fue a la habitación de su abuela, se sentó en la mecedora y se puso los cascos para no oírlas, ya se irían. Cerró los ojos.

 Se levantó sobresaltada…

—Andresa, ¿qué haces aquí?

— El cuaderno de Vitorina…

—¿Eh? —Miró hacia la cama.”Luna Nueva”, el cuaderno… Levantó los ojos, la miró de frente:

—¡Qué está pasando, Andresa! —Hizo ademán de querer escapar de ella. Andresa explotó a reír, tan fuerte, que todas las mujeres entraron en el cuarto. Estaba rodeada, muerta de pánico, ¿qué iban a hacer con ella?

—¡Vamos a ver! —El tono de Andresa se dulficicó y de repente todas aquellas mujeres le volvieron a parecer las vecinas amables y cariñosas de su abuela.

Le contó que había una tradición en el pueblo que la llevaban a cabo las mujeres generación tras generación. Su abuela, había estado investigando.

En las últimas páginas,  se explicaba como en la biblia se hablaba de Luna nueva como el principio del mes. El principio de la luz, tras una noche oscura, sin luna.

 Tras una gran peste en el pueblo, las mujeres decidieron limpiar las casas de todas las mujeres embarazadas, aquella luna nueva, como señal de nuevo inicio tras tantas muertes. Lo que se hizo aquel año, se fue repitiendo y había acabado en una tradición. 

Hacía años que no tenían  embarazadas en el pueblo y al enterarse de su estado de buena esperanza, su abuela, lo planeó todo con Fran, su pareja. Venían a limpiarle la casa, para recibir la luz. Esa noche oscura y estrellada sería el preludio del primer día del mes lunar, lleno de energía para los nuevos proyectos.

Pasó un día divertidísimo. Dejaron la casa reluciente y la llenaron de obsequios para ella y el bebé. Este último regalo con su abuela nunca lo olvidaría.

 Andresa le explicó, que ella y su abuela eran pareja. Durante muchos años reprimieron sus sentimientos, pero al morir su marido, el abuelo, y con los hijos ya mayores… decidieron vivir como siempre habían deseado.

 La familia no lo entendió ni lo aceptó nunca. En el pueblo, después de años, que vivieran juntas,  unos lo veían de lo más normal y otros, de lo que pasara de puertas para adentro, preferían no saber. De vez en cuando, se armaban de valor e invitaban a la familia. Vitorina  añoraba a sus hijos, a sus nietos… a veces venían. Algunos.

Por la noche, con Fran en casa, rieron largo y tendido con sus paranoias. Y lloraron, no todo lágrimas amargas,  recordando a su abuela Vitorina. Ahora entendía muchas cosas.  

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Un poco tarde pero aquí publico el relato de esta semana. 
¿Tú crees en le influjo de la luna?
¿Has leído sobre las fases lunares y su influencia en la vida?
¡Cuéntame lo que sepas en comentarios!

  Reto#35. Escribe un relato que ocurra en luna nueva y que este hecho tenga consecuencias para la trama. 

domingo, 30 de agosto de 2020

Mi único delito: tener más de ochenta


Aquella mañana el calor era abrasador. Los ruidos de las obras le taladraban los oídos y su única opción de aire puro era la terraza en la azotea. A pleno sol. A sus ochenta y cuatro años, pensó ella, quería poder decidir cómo vivir o morir. Salir a dar un paseo, sus piernas se lo reclamaban, y los besos de sus nietos, era todo lo que necesitaba. Cruzó los dedos y empezó a llamar a sus hijos. Solo ellos, ahora, tenían la llave  para su libertad. Perdiendo parte de la suya.

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Relato participante en el reto de escritura 5 líneas del blog de Adella Brac
A priori, escribir un microrelato con tres palabras dadas y de tan solo 5 líneas parece algo relativamente fácil. ¡Qué ingenua! 
¡Para cuándo me di cuenta, era demasiado tarde!
Lo que se empieza se acaba.
¿Participas?
¿Te resulta complicado cumplir el reto cada mes?


domingo, 23 de agosto de 2020

Yo no tengo la culpa de todo

Me envidian, lo sé. Por eso me persiguen. Me acusan, sin embargo, tienen lo que querían. Se quejan y luego se lamentan. No lo entiendo. Ellos ganan, yo gano. Todos contentos...


 — Míralos, dormiditos, por fin puedemos descansar.

— Me preocupa el espacio, son muchos, no esperaba tantos polluelos, el nido se queda pequeño.


Tantas quejas. A veces se caen. ¿Eso también es culpa mía?

 Soy sigilosa, cierto. Me deslizo ágil y silenciosa, ligera y cuidadosa. Cierto. Y no espero a que se enfríen. Calentitos sientan mejor...

  La madriguera se les queda pequeña pero aún son pequeños para salir.

—Tranquilo, no te apures, para eso estamos nosotros, para evitarles los peligros. 


Yo, algunas veces, husmeo en la entrada. Me asomo al agujero por un segundo y ellos, pequeños diablillos, se mueren de curiosidad, eso los mata. ¿Yo qué culpa tengo? Ellos me siguen, se pierden, medio muertos me los encuentro… Sus padres… ¿Dónde están? ¿Despistados?

No van a amedrentarme. En el bosque la ley de la supervivencia es inquebrantable...


 Se acerca engañosa. Su piel la esconde entre la maleza y está siempre al acecho, pendiente si uno de mis bebés se cae del nido. — Tú eres la que se quejaba de que eran muchos. Si no quieres que se caigan vigila.

 Se asoma a la madriguera, los pequeños creen que quiere jugar. La aleja y se los come. —¡Cuánto gimoteo!

—¿No dices nada, serpiente? ¿Callas?

—Yo no robo nada. Ya están moribundos cuando los añado a mi menú. Me los encuentro solos, tirados…O acaso, entre todos vosotros, veo búhos, conejos, coyotes, mapaches, tucán y demás, todos, ¿alguno me ha visto allanar vuestras moradas y llevarme las crías?


Me voy. No pueden acusarme de nada. Me odian. Me envidian ¡Pobres infelices!

El bosque es peligroso, pero yo, yo no soy el mayor de sus enemigos. 

¡JAJAJAJAJAJ!

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34. Haz una historia con un narrador poco fiable en primera persona, al que acusan de robar bebés.52 retos literup 2020.

Esta semana la he hecho buena. Me centré en la primera parte del reto, "narrador poco fiable" y me olvidé del resto "Le acusan de robar bebés". Así que el relato que tenía escrito no cumplía el reto. ¡Qué faena! Pensaba que era inevitable retrasarme una semana con los relatos, porque no se me ocurría nado y de pronto me he sentado frente al ordenador y he escrito esto que veis.

Creo que está cogido con alfileres. Pero bueno. Esto es lo que publico esta semana.

      No tenía ni idea que era el narrador poco fiable. La verdad que estoy aprendiendo bastante este año con este reto. Por eso, aunque los relatos no sean de mi gusto del todo, luego me paseo por los vuestros y acabo sabiendo un poco más.

¿Qué os ha parecido?

¿Cómo os ha ido a vosotros con este tipo de narrador?

Si te pasas a leerme, bueno o malo, 

¡Déjame tu comentario!


martes, 18 de agosto de 2020

Zuzón

Cada vez que acabo un reto empiezo con el siguiente. Busco ideas dentro de mí, leo cosas por internet sobre las características que debe cumplir el relato, busco imágenes... la mitad de la semana la paso sin escribir, construyendo mentalmente el relato. Bueno, no solo uno, suelen ser varios, y al final me quedo con el que fluye al sentarme a escribir. A veces escribo otro totalmente distinto pero que, seguramente, sin todo el anterior proceso nunca  se me hubiera presentado. 



Esta vez había que escribir un relato donde apareciera 
la última palabra del diccionario: Zuzón
 ¡Vaya palabrita! el primer día que la busqué en el diccionario no la encontré. Por lo visto en ese ejemplar, para niños de primaria,  la última palabra no es esta.   En la web, la búsqueda me llevó a el concepto de hierba cana.
¡¿Qué es eso?!


 Lo bueno que tiene la red, como todos sabemos, es que información no le falta: leída, escuchada, en imágenes...
De paseo por el ciberespacio, wikipedia me dio dos nombres: senecio vulgaris y  senecio jacobaea. 

Y, de repente, me veo paseando, camino de la ermita de San José, en mi pueblo. Ruta que hago todas las mañanas para darme el baño de sol tan necesario para mis huesos, al menos en eso insiste mi oncólogo.
La verdad que si lo piensas o  lo comparas con otros lugares más cuidados, es un cochambroso camino de tierra, con miles de desniveles debidos a las lluvias, los pasos de tractores y el poco mantenimiento. A los lados crecen hierbas y arbustos de todo tipo, altura, colores... maleza que nadie cuida y aprecia, pero que a mí, a veces, me parecen milagrosos, ¿cómo una flor tan bonita puede crecer así,  solo rodeada de hierbajos, en ese secarral?


Hay flores amarillas, cactus morados, florecillas azules...  
«A veces mi paseo se torna mágico y me encantaría conocer el nombre de todas esas plantas e imagino que podría hacer una excursión con los alumnos y recoger muestras para hacer un herbario e investigar sus nombres...» Ese día llego a casa con el triple de energía positiva que el resto de la semana. 
El   caso es que buscando para conocer que era un zuzón me encuentro en la galería de fotos de google y de repente creo reconocer en ellas lo que todas las mañanas veo y admiro. 
Y ya, me zambullo en una búsqueda frenética de flores, arbustos, colores, nombres... Pero no. Mis dientes del león, que en el camino me acompañan en mis baños de sol. Son otra cosa.

El senecio vulgaris, por lo visto, en una de sus fases vitales tiene un momento en que se parecen. Pero no son lo mismo. Tampoco las flores amarillas que crecen por mi recorrido son las mismas.
Pues nada, Para otro día más .
Pues me parece, que por hoy, la clase de botánica ha terminado. 




Así, más o menos, es como empiezan a fraguarse mis relatos. Buscando, divagando, hablando conmigo misma, convirtiéndome en uno de los personajes en voz alta cuenta la historia... recursos que me ayudan a dar forma a mis ideas. A veces mejores, otras...
¡Tú decides!
Esta es la propuesta al reto de esta semana
¿crees que he dado con el propósito del reto?
¿puede cumplir este escrito los términos de "relato"?
Espero tus críticas en comentarios.
¡¡Nos leemos!!


🌳🌴🌲🍀🍈🍐🌺🌺

Reto#33: Escribe un relato que incluya la última palabra del diccionario: zuzón. 52 retos literup 2020. 

domingo, 9 de agosto de 2020

La vida no es una leyenda


A veces se nos concentran las malas energías y en vez de fluir parece que todo se estanca. Paralizándote. Atrapándote. Otras veces el Karma parece llevarte a lugares que creías prohibidos para ti, al menos en esta vida. Como si tú, también, pudieras alanzar lo que deseas, aunque de momento ignores desearlo.


 Ahí estaba yo, con el coche en marcha, pero todavía en el aparcamiento. Después de salir de la consulta, había ido directa al coche, lo había arrancado y cuando ya iniciada la marcha atrás, echaba el freno de mano para, escondiendo la cara entre mis manos, derrumbarme en un llanto desconsolado que había estado retrasando hacía casi un mes. Por fin caía. Soltándome de esa mano invisible que parecía sostenerme en el aire hacía días.
❤❤❤

     Desde ese fatídico día que una indisposición me llevó a regresar a casa a media tarde, si haber acabado mi jornada laboral. Al entrar a casa, me dirigí al baño. Me encontraba fatal, el estómago revuelto, la comida que parecía atrapada al principio de la garganta, gases molestos, dolor de cabeza, de lumbares… me refresqué un poco. Era un día de julio agobiante de calor.

No tenía fuerzas para ducharme, que era lo que de verdad necesitaba, me mareaba, así que, decidí echarme un rato y cuando Eloy volviera pedirle que me ayudara a refrescarme. Si seguía encontrándome así de mal, le pediría que  me acompañara al médico…

¡Vaya con Eloy! Al abrir la puerta del dormitorio me encontré una escena que bien podría haber estado sacada del Kama Sutra. (Lástima que la protagonista no era yo. Hacía meses que no era yo. No me acuerdo cuánto tiempo hacía ya que no intimábamos. Mucho. Tal vez demasiado). Cerré la puerta. Creo que ni se enteraron. Mi hijo pequeño, me miraba desde la puerta de su habitación. Cómplice. Lo miré y no supe qué decirle, él tampoco me dijo nada.

Las piernas me flaqueaban y cada vez me mareaba más. Me metí a la habitación del mayor, que ya no venía a casa salvo en contadas ocasiones, cuando su trabajo y vida personal se lo permitían.

Me sentí caer en la cama, como un peso muerto y ya no recuerdo nada más, hasta el día siguiente que desperté de madrugada. Miré el reloj, las cinco. Casi diez horas durmiendo. Tal vez mi cuerpo empezaba a sentir los últimos días, donde el trabajo había sido agotador, preparando el congreso que al que debíamos acudir a finales de mes.

Salí al balcón, la fresca de la mañana  me reconfortó. Qué paz. Me estuve buen rato allí. Eloy y Fran se levantaron, como todos los días; se vistieron, como todos los días; almorzaron, como todos los días; y se fueron a trabajar, como todos los días. Sin mediar palabra de lo pasado el día anterior. ¡Demasiada normalidad para mí!

Al poco sonó mi móvil:

—¡Hola mamá! —Mi hijo, mayor, estaba al otro lado de la línea.

—Desde cuándo, Nacho —Suspiró antes de contestar.

—Mamá, qué querías. Hace tiempo que vosotros… —Mi cabeza iba a estallar.

—Cómo habéis podido, no decirme nada, tapar a vuestro padre, ¿y yo? —Empezó a explicarme algo, pero no podía escucharle. Un zumbido en los oídos me lo impidió, notaba que me temblaban las piernas y la vista se nublaba…

—¡Cómo veo que no me escuchas, te llamaré mas tarde! — Nacho colgó el teléfono.

Llamé al trabajo. No podría ir a trabajar. Pedí hora para mi médico. El monstruo que habita en mí, hace varios años, estaba despertando.

 ❤❤❤

    No sé cuánto tiempo llevaba allí, llorando, con el coche en marcha.  No sé, perdí la noción del tiempo, de la realidad…

    —¿Te encuentras bien? —Alguien chocaba sus nudillos contra la ventanilla de mi coche—. ¿Me oyes?, Has cruzado el coche y no puedo salir.

    —Perdona… —dije levantando la cabeza. Y allí estaba él. Hacía tantos años ya…

    —¿Carmen? —Su sonrisa no había cambiado de como yo la recordaba, y en sus ojos seguía reflejándome al mirarme. La misma sensación de entonces me envolvió. Salí del coche, nos sonreímos y nos dimos un abrazo. Inocente y torpe.

    —¡Darío…! ¡Cuánto tiempo sin vernos!!!

    —Pues sí… y ya lo siento. Pero me coges en un mal momento. Llevo prisa. —Nos quedamos mirando, a los ojos, en silencio—. ¿Estás bien?

    —Sí, sí… ya muevo el coche —Entré, lo puse en marcha, lo miré por última vez y me fui. 

❤❤❤

Pufffffffffffff. Hacía casi diez años que no lo veía. Cuando empecé a trabajar de bibliotecaria, en su pueblo. Él iba todas las tardes, cogía un libro y se sentaba en una de las mesas. Con sus cascos se aislaba del entorno y se estaba una hora larga enfrascado en su lectura. Pronto empezamos a hablar y comentar sus lecturas, las mías, su vida, la mía… había mucha conexión entre nosotros… Saltaban chisma al mirarnos. Enseguida me di cuenta. Me estaba enamorando. Y no podía ser. Estaba casada. Tenía dos hijos. Y tenía diecisiete años menos que yo. Pedí traslado enseguida, a la primera oportunidad, con la excusa de mi enfermedad. Dejamos de vernos y todo quedó en una breve, pero intensa, amistad. Ya entonces mi vida matrimonial no era tan satisfactoria como a mí me hubiera gustado. Pero no quería romper con todo…


Navas del Marqués
NAVAS DEL MARQUÉS

❤❤❤

¡Vaya día para reencontrarse con él! Le acababan de decir que posiblemente le quedaban solo dos meses de vida y estaba pensando en irse lejos. Lejos de tanta hostilidad que le envolvía últimamente. Ella, acababa de irse de casa y sus hijos se habían volcado con su padre, quien no había hecho el más mínimo movimiento para sentarse a hablar con ella.  Cierto, que ella, había estado muy distante. 

Además de que su matrimonio, junto con su familia, se iba al garete, su enfermedad volvía, queriendo parar su vida de nuevo. La "quimio" no estaba resultando, el tratamiento no controlaba el avance.

En situaciones normales hubiera llamado a su hijo mayor o  le hubiera acompañado como otras veces a la consulta. Él, lo llevaba mejor que su padre, al menos aparentemente. Siempre lo había tenido a su lado. A sus treinta años era su bastón para caminar en tiempos duros y quien más disfrutaba compartiendo sus alegrías. Fran, el pequeño,  con veinticinco años recién cumplidos, aún vivía en casa y tenía pocas ganas de volar. Tranquilo con su trabajo y sus amigos, era mucho más reservado y distante. Habían sido, los dos, toda su vida desde que nacieran y ahora era lo que más echaba de menos en su día a día. Cada vez los sentía más lejos de ella.


Casa Jardín, El colmenar.
CASA JARDÍN, EL COLMENAR




Quedaba apenas un día para el congreso,  un fin de semana   que llevaba esperando, y preparando, todo el mes.

Iba a asistir como invitada, debido a sus proyectos en la biblioteca del pueblo, al X Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, evento bianual, que este año tenía lugar en Navas del Marqués, uno de los cuatro municipios más poblados de Ávila, zona gran interés turístico de la región. Situada en las faldas de la Sierra de Malagón, esta villa colinda con la Comunidad de Madrid al este y sureste y con la provincia de Segovia al norte. En ella se encuentra el Castillo-Palacio de Magalia, escenario, en es esta ocasión, del congreso.


Cuando le comunicaron su asistencia al congreso, hacía ya más de dos meses, pensó en preparar unas vacaciones para la familia. El lugar era único y parecía adecuado para pasar unos días en familia. El congreso duraba tres días y así sus hijos podrían disfrutar de la compañía de su padre, que por el horario de trabajo lo veían poco y luego ella se uniría al grupo. Había estado mirando un alojamiento muy céntrico a la par que atractivo: La casa jardín “El colmenar”. Alojamiento en régimen de casa rural, habitaciones con baño, cocina, lavandería y salas de estar, piscina exterior y gran extensión de jardines y bosque para pasear. Además, ofertaba numerosas visitas guidas que podrían ser del agrado de sus hijos muy aficionados a senderismo.

 ❤❤❤

Tras dos horas conduciendo llegué a mi destino. Me instalé en la habitación y me fui a dar una vuelta por los jardines para estirar las piernas de tanto coche. Cuando me interesé por este destino, en la descripción del lugar ponía que su vegetación forestal contaba con especies como el roble melojo, el pino piñonero, los chopos, los cedros, los enebros, los helechos… yo no reconocía cada uno a simple vista, pero esa mezcla de aromas  y colores creaban un ambiente mágico, al menos eso me pareció, se respiraba paz y tranquilidad. De pronto, me pareció oír el trote de un caballo, apareció a lo lejos y cuando quise fijarme me pareció que me saludaba el jinete…no, ¿un centauro?

    —Vale, calma, Carmen. Estás mezclando realidad con leyenda.

 El estrés de este tiempo atrás, los resultados de las pruebas,  y el cansancio del viaje se mezclaban con las leyendas que había leído sobre el Castillo. ¡Ahora venía a saludarle el Centauro de Magalia! Lo vio alejarse mientras una sonrisa se dibujaba en su cara. La primera del día.

Tenía ganas de visitar el Castillo-Palacio y pasear por  los pasillos que recorría el centauro para encontrarse con su amada Magalia.

Volvió a la Casa Jardín, entre que se duchaba y no se haría una buena hora para acercarse a comer a algunos de los restaurantes de la zona, estaba hospedada en el centro de la villa, todo lo tenía muy cerquita.

PATIO INTERIOR CASTILLO PALACIO DE MAGALIA

Por la mañana me levanté renovada, no madrugué pero si quise llegarme hasta el castillo de Magalia con tiempo de pasearme antes de la hora de comienzo del congreso.

Los exteriores de la edificación contaban con elementos fortificados propios de los castillos, como grandes torreones defensivos y amplios muros  y su interior era tan refinado como un palacio.  Hacía honor a su nombre: Castillo-Palacio. Al acercarme a la ventana de la fachada principal leí la frase escrita bajo ella «Magalia Quondam, Magalia, ¿dónde estás?».(Cuenta la leyenda que el espíritu errante del padre de Magalia  se ve, en ocasiones por el palacio, gritando esta frase.)

Por detrás de mí, en ese momento una voz de hombre rompió el silencio con un agudo gemido: ¡Magalia, Magalia… dónde estás? 

Me volví impresionada:

¡Los que se quedan sufren la ausencia! —Realmente parecía el señor del castillo, desesperado por la ausencia de su hija.

  Los que se van, tal vez, para ser felices, deben elegir entre un amor u otro. —le contesté y casi din darme cuenta, de pronto, había desaparecido.

De nuevo, me encontraba confundida. Sin saber si lo vivido en ese instante era real o fruto de mi imaginación, y ya empezaba a preocuparme.Se acercaba la hora de empezar el congreso, así que me dirigí a recoger mis credenciales. 


EXTERIORES CASTILLO-PALACIO DE MAGALIA


Tras hora y media de intervenciones, el calor empezaba a agobiarme y la cabeza volvía a dolerme como si no hubiera una mañana.

Salí a tomar el aire. Cogí una pastilla del bolso. Me tomé una con la esperanza de que mi cabeza dejara de doler, como si martillearan desde dentro. Me senté en uno de los bancos, mirando hacia el patio y vi acercarse a una mujer, vestida de época, preciosa, que me miraba a los ojos y me sonreía.

—Las nubes escamparán, y volverás a ser feliz.

—Perdona… —Empezaba a estar harta de estas visiones.

—No fue fácil huir con el centauro, cuando mi padre, el señor del castillo, prohibió nuestra relación. Lo diferente no es aceptado.

—Renunciaste a tu familia por él —Se levantó sonriendo.

—Tu familia parece haber renunciado a ti, ¿no?

—No sé… —Estaba confundida: ¿Qué pasaba?

—Y si él te llama, ¿será la edad la diferencia que os separe?

Bueno, aquí estaba pasando algo raro. Tal vez el tumor cerebral me estaba jugando una mala pasada.  Aunque poco a poco el dolor de cabeza iba remitiendo, casi no lo notaba. Volví a la sala y en todo el día no me acordé de todo lo que había pasado.

Disfruté el congreso sin más fenómenos extraños. Conocí a gente interesante y di a conocer mi trabajo, que por cierto gustó bastante.

El resto de los días que pasé en Navas del Marqués disfruté de los paseos por el pueblo lleno de preciosas casas blancas rodeadas de verdes campos y montañas rocosas.

Visité el convento de  Santo domingo y San Pablo que 1982, fue declarado Monumento Histórico Artístico de Interés Cultural Nacional y saboreé la rica gastronomía del lugar  tanto sus tapas, su carne a la plancha o los ricos postres tradicionales.

Tuve tiempo para hablar con mi oncólogo y escuchar todo lo que, aunque ya me había dicho en la consulta,  entonces no oí, asustada por el pronóstico de mi enfermedad.

Probaría el nuevo tratamiento y pararía el ritmo de trabajo, para darme un respiro y evitar el estrés del que  también se alimentaba mi monstruo interior.

Esperé la llamada de mis hijos, incluso la de mi marido. Los tres sabían que esperaba resultados y que no era del todo buena la situación. Pero nada, ni un wasap.

Sin embargo, si recibí una llamada de Dario, que al no cogerle, me grabó un mensaje de audio:

—¡Me gustó volverte a ver!¡Me quedé preocupado! Cuando tengas ganas, podemos quedar.

¡Vaya! ¿De dónde había sacado mi teléfono? No sé si quedar con él iba ser la mejor idea. Pero reconozco que oír su voz me reconfortó. Y de nuevo, después de algunos días, volví a sonreír.

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Reto#32. Haz una historia ambientada en el entorno rural de un pueblo de Castilla. Recoge alguna de sus leyendas e intégralas.  52 retos literup 2020. 

Una semana más os presento mi escrito. Otro reto que me ha supuesto un "vamos a ver cómo hago esto". Primero recorrí un poco la web intentando conocer diferentes leyendas de Castilla e intentando crear un relato con alguna de ellas, Por fin me decidí por la leyenda de Castillo-palacio de Magalia y me centré en la información de  la  wikipedia y de la página web La mochila de mamá. La fotos las he sacado de la web. 

Ya hace semanas, os lo digo que no acabo de estar contenta con lo que escribo, cumplir todas las semanas es difícil y si voy acumulando hasta estar contenta con el resultado dejaré a medias el reto. Y este año me he propuesto acabarlo. El ceñirme a un tema dado  con unas premisas especiales me está haciendo trabajármelo mucho, y creo que el proceso me está ayudando. Yo siempre les digo a mis alumnos que, a veces, el camino para llegar al resultado es más importante que el resultado. Pues lo estoy poniendo en prática.

Ahí he dejado a Carmen, 

en medio de un mar de dudas, en el pero momento de su vida

¿Qué pensáis que puede pasar? 

¿la llamaran sus hijos primero o lo hará ella?

¿Quedará con Darío?

Os espero en comentarios. ¡¡Saludos!!