domingo, 23 de febrero de 2020

En recuerdo a Elsa, ¡cuánto te he echado de menos!

Este año me propuse seguir un reto de escritura. La verdad que pensaba hacer el reto "Móntame una escena" de Literautas, pero cerraron el blog temporalmente. Entonces encontré el reto de Literup y vi una ocasión de enfrentarme a  temas en los que nunca habría pensado escribir. Y sigo con el reto y me gusta, pero le veo un fallo que para mi es importante. No hay interacción entre los participantes como en otros retos que luego he conocido, El Tintero de Oro, OrigiReto2020, Escritura Creativa ...
Quiero continuar el reto recién empezado porque además de gustarme me asusta. Hay muchas semanas que van a resultarme muy difíciles, algunas no sé ni qué me piden. Esta semana es una de ellas. No sabía nada de lo que eran un "arco narrativo" y si bien creo entender la teoría no sé muy bien si sabré ponerlo en práctica.
En este relato se me pedía que mi protagonista siguiera el arco emocional de Edipo. Estaría encantada de que me comentaras diciéndome si me he acercado a lo que se me pedía.  Ahí va mi relato.
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Ahora que siento que ya me falta poco, que las fuerzas me faltan, que estoy cansada, vuelvo la vista atrás y añoro a aquella niña que jugaba conmigo bajo la atenta mirada de papá.
Mi llegada a su casa fue dura. Me apartaron de mi madre a los pocos días de nacer. Me acomodaron en una pequeña cesta, en una enorme habitación que de noche se quedaba totalmente a oscuras. El primer día en aquella casa, ella apareció por la mañana y cogiéndome en brazos metió en mi boca una cosa rara que soltaba un líquido parecido al que mamaba de mi madre y me reconfortó. Tenía hambre, la verdad. Pero, ¿cuándo vendría mamá?
Pasaba las noches llorando y ella bajaba a mi cuarto y me llevaba con ella. Su papá, así ella lo llamaba, le reñía:
¡  —Marisé, ¡qué te he dicho! Se tiene que acostumbrar.
     —Papá, es un bebé, y llora.
La verdad, pronto me acostumbré a Marisé. Iba y venía pero me quería mucho. Me daba de comer, jugaba conmigo, me decía donde tenía que hacer pipí y popó, me bañaba…
Había muchos en esa casa, pero no se acercaban a mí. Solo jugaban conmigo, Marisé  y su papá. Debí crecer muy rápido porque le decía:
—Cuida, ya es muy grande y puede hacerte daño. Recuerda que es un animal.
—Papá, es Elsa, ella me quiere.
—Es un perro, cariño.
Fui muy feliz en esa casa. Poco a poco todos fueron acercándose y me perdieron el miedo. Aunque Marisé y yo (y su papá) teníamos un algo especial que nos unía.
Un día supe que algo pasaba. Marisé lloraba y me repetía que me quería mucho y que nunca me olvidaría. Me ataron algo al cuello, me pusieron en el hocico no se qué que me impedía abrir la boca y me metieron no sé donde, que me alejaba más y más de Marisé. Como cuando me separaron de mi madre.
Soy un perro, un pastor alemán, así me llamaban. Y nunca pude estar con mi madre y cuando me acostumbré a su ausencia y empecé a querer a aquella familia, a Marisé, me separaron de ellos.
Ahora creo que me voy y no puedo decirles adiós. Y nunca sabrá, Marisé, que la quiero con locura. Que siempre la he echado de menos.

Ahora ya no será una niña. ¿Se acordará de mí?


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Este es mi aportación de esta semana al reto 52 retos literup 2020
Reto# 8: historia en la que tu protagonista siga el arco emocional de Edipo
Estaré encantada de recibir tu comentario con tu opinión y propuestas de mejora. ¡Feliz semana!

miércoles, 19 de febrero de 2020

Basado en un hecho real




Sé que se ríen de mí.
 Todos.
 Alumnos y profesores.
 He solicitado que cuando tenga que entrar en una clase no haya nadie por los pasillos. Las mesas de los alumnos deben mantener cierta distancia en relación a la mía y nunca, jamás, deben acercarse a mi mesa. Entiendo sus risas, pero mis manos están atadas. No recuerdo cuándo ni cómo empezó esta fobia, ¿acaso eso importa? 
Sufro antropofobia 
y soy profesora.

domingo, 16 de febrero de 2020

PUEDES DIBUJAR TU ARCO IRIS




Había una vez un bosque, un pequeño pero maravilloso bosque, donde la paz y la armonía reinaban día y noche. (Bueno, algunos días más que otros).

Las ninfas y las hadas que habitaban el lugar, con singular encanto, hacían que duendes y delfos les ayudaran en el difícil empeño de conseguir que todos los animalitos respetaran el equilibrio natural y siguieran manteniendo el ciclo vital-.
Día tras día el trabajo era agotador sin embargo, siempre trataban de encontrar algún momento para dedicarse a jugar, reír, disfrutar…

La ninfa “Alas de Mariposa” se había propuesto sorprender a todo el bosque con un regalo maravilloso a la llegada de la primavera.
Justo cuando las lluvias cesaran y el sol volviera a brillar, en ese preciso instante, pretendía que en el cielo brillara una preciosa cinta multicolor en forma de arco, a la cual llamaba  "Arco Iris".
Incansable, buscaba cualquier momento para pintar pacientemente su particular lazo: siete bandas de distintos colores que dibujarían al “unísono” un medio círculo en el cielo.

Pasaron días, semanas, meses… 
el gran día, 
¡por fin!, 
había llegado.

Feliz y contenta, escapó de la fiesta de bienvenida a la primavera, impaciente, no fuera que se le escapara el tiempo y fallara su plan.
Al caer las últimas gotas de lluvia y atravesarlas el primer rayo de sol, soltó su preciada cinta.
Todos se quedaron boquiabiertos y ella fue, ese momento, la más dichosa de la fiesta.

Fue la idea más ocurrente que hubiera tenido jamás una ninfa. Hadas, ninfas, duendes y delfos se reunieron enseguida: ¡tanto trabajo no podía quedar sin recompensa!
Había que conseguir que el arvo iris pudiera verse en determinados momentos, pero no tan a menudo como para que sus colores se estropearan.

Fue difícil tomar la decisión. Todos pretendían tener la solución buena y nadie escuchaba la de los demás.
Ese día no llegaron a un acuerdo ni al siguiente ni al otro… el arco iris seguía luciendo con peligro de deteriorarse irreversiblemente y perderse para siempre. 

Sin embargo, era demasiado preciado para dejar que desapareciera y, unos y otros fueron mordiéndose la lengua y transigiendo hasta llegar a un buen acuerdo para todos.

 Crearon un he
chizo que hiciera que, muy de tarde en tarde, llovieran del cielo diminutas gotas de lluvia y mientras brillara el sol ,fuera dibujándose en el cielo el arco iris.
Tal vez solo se viera un instante: 
¡¡¡ dichoso instante!!!

Gracias a él se había logrado que todos llegaran a un acuerdo y cada vez que lo vieran serviría para sentirse más unidos.
Cada uno puso su pequeño grano de arena y así, entre todos, para siempre brillaría en el cielo un precioso broche multicolor.
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Este es mi aportación de esta semana al reto 52 retos literup 2020, es un cuento que escribí el 5 de mayo de 1997 para una buena amiga. De las que todavía están conmigo, a pesar de los años.
 Es el  Reto #7: La fantasía es la protagonista. Esta semana escribe un relato de este género.
Estaré encantada de recibir un comentario con tu opinión y propuestas de mejora. ¡Feliz semana!

lunes, 10 de febrero de 2020

Cadáver Exquisito


¡Hola! Hoy os traigo una iniciativa que he encontrado en el blog de Roxana B. Rodríguez Soñando uno de tus sueños. En resumen consiste en escribir una historia encadenando textos. EL primer eslabón de la cadena."A",  escribe 500 palabras; A, manda a B  las 250 últimas palabras que ha escrito y este escribe otras 500; C recibe las últimas 250 de B y escribe otras 500 palabras...
Entra en el enlace y entérate bien.
Tienes hasta el 14 de febrero para apuntarte.
¡¡¡¡Anímate!!!!!

sábado, 8 de febrero de 2020

Un, dos, tres… el barco velero.

Esta semana, en honor al primer objetivo que tenía este blog, he desempolvado un relato que escribí ya hace tiempo, en noviembre de 1996. Lo escribí al poquito de nacer mi hijo pequeño,tenía cuatro meses y a tan solo unos días del fallecimiento de mi padre. 
El cuento lo guardo escrito a mano y fechado. Me llama la atención que escribiera ese cuento en ese momento. Yo estaba totalmente hundida, perdida. Mis bebés, tenía  otro hijo de 2 años y 10 meses, eran el único motivo para levantarme de la cama. Ese era mi estado de ánimo.
 Por eso me sorprende que en esas circunstanciaras escribiera esta escena, que por otro lado podía ser habitual en mi casa. Entonces echaban un programa por la tele donde hacían manualidades muy  asequibles para gente como yo, negada para las artes plásticas, y pasábamos largas tardes o varios días construyendo con papel, periódicos, cola, rollos de papel higiénico, hueveras... multitud de "inventos" que a la mínima acababan como el pequeño barquito de papel. ¡Cuánto hemos disfrutado los tres!
Decidí abrir este blog para sacar a la luz mis cuentos, 
muchos de ellos escritos como regalo
 a familiares o amigos.
Luego, el gusanillo de escribir ha vuelto a mí,
¡cuánto me gusta escribir!,
y me he enrolado en este reto de escritura.
Así que reutilizo un viejo relato mío y lo hago participe de mi reto
#52RetosLiterup2020.
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Con gran ilusión, el pequeño Jimmy, buscó una hoja de papel. Un precioso barco rondaba por su cabeza toda la semana.
Se sentó en la mesa. Las acuarelas a su izquierda, dos o tres rotuladores a la derecha. El palito de helado lo tenía listo, frente a él, para el mástil. ¡Ojalá ese tubo de pegamento de la estantería no estuviera seco…!
Había que cuidar mucho cómo se hacían los dobles, tan solo unos milímetros de más y parecería una chapuza. Una vez acabado había que pintarlo, adornarlo…
El tiempo se escapaba entre sus dedos sin darse cuenta. Tampoco importaba. Una vez acabado ese barco iba a estar siempre entre sus juegos.
Cuidó cada detalle, disfrutó cada pincelada. Su cara parecía un mapa de colores. Sus ojos cantaban de alegría y una sonrisa dibujaba  felicidad en su rostro.
Ya faltaba poco. Un hormigueo recorría todo su cuerpo y el silencio de la habitación parecía interrumpido por el fuerte latido de su corazón.

("¡El lago…! ")
Pronto iría al lago.
¡Por fin! 
¡Acabado!

 Buscó su abrigo. Se abrochó impaciente, nervioso. Con cuidado, metió el barco en una bolsa. Los pies le encorrían, había que llegar pronto…

Sus pupilas grandes, centelleantes, acompañaban al barco al centro del lago. 
¡Había quedado precioso!
Seguramente era una de las tardes que mejor lo había pasado.
 Había merecido la pena,
 ¡¡¡ solo por verlo navegar!!!

De repente, una lágrima. Tristeza, desasosiego, rabia,  impotencia…
En medio del lago, su barco se hundía sin remedio. 
Nada podía hacer para rescatarlo.

 Lo había olvidado: solo era un barco de papel.

Al volver a casa, miró hacia la mesa: acuarelas, rotuladores, pegamento… Todo hablaba de una tarde feliz y emocionante, llena de pequeños momentos inolvidables. Una sencilla tarde de otoño.Una tarde más… 
¡¡¡ Pero qué tarde!!!

Recogió la mesa, limpió el suelo, encendió la tele. Cuando llegó su madre, cenó como todos los días y se acostó.

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#Reto 6: Haz un relato sin un solo gerundio.
Cuento:"Un, dos, tres… el barco velero", escrito el 16 de noviembre de 1996.

domingo, 2 de febrero de 2020

Marisa, Mon amour.

(Estoy contenta con mi principio del reto. Cinco semanas, cinco relatos. Este me ha costado un poco ya que de entrada no tenía ni idea qué se me pedía. Después, me encontré perdida al ser un tema en el que no estoy nada puesta. Espero haberme ajustado al reto.) 
💙💙💙💙💙💙
¡Pedro, vamos, qué llegaremos tarde!
—¡Abuelo! ¡Qué hoy no vamos a ningún sitio! ¡Llueve a chuzos! 
Estos día en que mi abuelo solo está de cuerpo presente me gustaría no estar aquí, odio tener que seguirle la corriente. Pero necesita hablar con alguien, lleva demasiado tiempo solo en una casa llena de gente.
—¿Es que no os enseñan nada en la escuela? Con el traje gris no importa lo que haga en el exterior. Tu abuela se lo puso para irse a Megatrón. Hacía mucho frío en la Tierra y hubo que inventar esos trajes.

Mi abuelo cuenta que Marisa, su mujer, mi abuela, había tenido que irse a otro planeta para poder sobrevivir. 

Un día, sin que nadie supiera porqué,  la tierra empezó a alejarse del sol, a hacer cada vez más grande sus órbita. El planeta azul empezó a enfriarse y mucha gente enfermó. Los científicos inventaron unos trajes especiales que mantenían el cuerpo aislado y protegido del exterior, y en cuanto pudieron construir el prototipo de vehículo para viajar a Megatrón, un planeta que acababan de descubrir, mandaron a él una pequeña expedición de humanos, entre ellos mi abuela y todas aquellas personas que estaban enfermando. Por miedo a contaminar demasiado el nuevo planeta,  buscaron otro planeta habitable Sintrón, que es donde se supone que estamos nosotros. A veces se entusiasma contando lo bien que lo pasa cuando está con ella y otros días se impacienta con los preparativos porque es el momento de ir a verla. 

Si lo entiendo bien, él cree que la tierra se ha ido alejando del sol, ha salido de la vía Láctea y ahora pertenece a otra galaxia y nosotros hemos ido adaptándonos a todo esto con inventos variopintos que nos ayudan a lo imposible. Ahora ya solo los científicos viven en la Tierra, unos pocos científicos. El resto de la humanidad vive en diferentes planetas, gracias a los trajes especiales, a los prototipos para viajar y demás grandes avances de la ciencia. 

Se ha inventado todo un universo paralelo para no tener que aceptar que se fue. Que ya no está. Que no la volverá a ver.
Recuerdo que al principio, lloraba desesperado cuando estaba despierto. Y recalco "cuando estaba despierto". No recuerdo haber visto dormir a mi abuelo tanto como en los días siguientes al fallecimiento de mi abuela. Casi no comía, no bebía, no se movía. Dormía y lloraba.Un día se despertó de la siesta y todo había cambiado.
—¡Qué bien te veo abuelo!
—Pues sí. Estoy bien, no puedo quejarme. Y pronto iré a ver a Marisa. Así, que todo bien.


Ese día empezó esta historia. No sé de donde sacó toda esa fantasía que le ayudó a olvidar su desesperación y cambió toda la tristeza que le estaba ahogando por un haz de esperanza. (Esperanza que se ha llevado a mi abuelo).

Y ahora, viaja a Megatrón para reír y bailar con mi abuela y disfruta de Sintrón y sus nietos, aunque echa de menos vivir en la Tierra y su casa de siempre. Cuando nos vamos de viaje, protesta porque no le gusta cambiar tanto de planeta, los viajes interestelares le marean. ¡Demasiado velocidad! 

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52 retos literup2020:
#Reto 5 :Tu relato debe ser space opera y hablar sobre una travesía por diferentes planetas.

sábado, 25 de enero de 2020

Una llamada inesperada

Llevaba días recibiendo llamadas desde un número desconocido, siempre el mismo, varias veces al día, día tras día. En otras ocasiones había bloqueado esos números.
 «¡Odio coger llamadas de números desconocidos! Odio que me envuelva el comercial con sus artes aprendidas en un mini-curso, yo también lo he hecho (el curso y el trabajo). Por eso lo odio tanto». Pero no sé por qué ese domingo por la mañana, respondí.
—¿Diga?
—¡Hola!, soy Shaoran, busco a... —No le dejé acabar.
—¡Shaoran! —La emoción nos envolvió a los dos y las lágrimas se nos escaparon a la vez que una risa tonta, que era más un llanto nostálgico que una risa.
¡Mi gran amigo Shaoran! Nos conocimos en la facultad. Los dos estudiamos lenguas modernas; además yo estudiaba chino por mi cuenta y practicaba con él, a cambio le ayudaba con el inglés, ya que para mí era como una segunda lengua materna.
Hicimos una gran amistad. Cuando tuve problemas para seguir con la carrera, por motivos económicos, sus padres me ofrecieron techo gratis. (Bueno, gratis, gratis jeje...  era uno más de la familia así que en la tienda era, también, uno más para ayudar). Yo me sentí siempre como uno más de la familia. Cuando más lo necesité. Siempre estuvo.

—Mi abuela está muy enferma, tal vez sea este su último año nuevo. Pero no queremos irnos a China a celebrarlo. Si falleciera allí, tendríamos que volver sin ella. Aquí está mi abuelo enterrado y el resto de la familia, queremos poder seguir honrándoles.
—¡Siento lo de tu abuela! pasé muchas horas a su lado hasta conseguir el acento adecuado. —Soltamos los dos una gran carcajada.

 Mi chino mejoró mucho con su abuela, ¡qué remedio! O pronunciaba bien o no me dejaba levantar hasta estar satisfecha del todo.

— Nos hemos despistado con las fechas y ya está todo cogido en las grandes capitales de España, donde celebran con grandes fiestas el año nuevo chino. Necesitamos un sitio donde albergar a todos los que vamos a reunirnos, casi 30. Queremos una fiesta por todo lo alto. Me acordé de tu casa del pueblo...
—Miedo me da esa cara, creo que tienes pensado algo realmente grande. —Asintió con la cabeza. 

Por dinero no había problema. Trabajaban mucho, pero ganaban bien. Y gastaban lo justo. Shaoran, después de una larga temporada en China, tras acabar la carrera, momento en el que perdimos el contacto más que nada por dejadez mutua, volvió y se encargó del negocio familiar completándolo con una tienda online internacional, gracias a sus conocimientos de informática y a los idiomas, unos estudiados en la carrera y otros, como yo, en la escuela de idiomas. Su web funcionaba de maravilla y le daba un buen margen de beneficios.
Yo por mi parte, me había ido a vivir al pueblo de mi abuelo y trabajaba desde casa como traductor para varias editoriales y empresas. Lo completaba con traducciones simultáneas en congresos, ferias y viajes de negocios para los que me solicitaban habitualmente. Había aprendido mucho de este mundillo, en unas prácticas de verano, de mi jefa de recursos humanos. (Aún mantenemos el contacto. Sigue recomendándome y proponiéndome algún que otro trabajo).
En el pueblo se estaba de maravilla. Mi abuelo había heredado una especie de palacio de una condesa, antepasada suya, que perdió toda su fortuna, con el juego, excepto la casa. Hacía ya muchos años había sido un hotel, e incluso hubo un proyecto para convertirla en casa rural, pero en eso se quedó, en proyecto. Parecía que nadie tenía interés en invertir en ese pueblo, dado que la mayor parte del año estaba habitado por una centena de habitantes, excepto parte del verano, que podía llegar a duplicar su población, tampoco más. 

La verdad, estaba un tanto alejado de pueblos más grandes e incluso de cualquier centro urbano. Una pequeña taberna y una tienda, donde se vendía un poco de todo, eran todos los lujos que tenía el pueblo.
Yo heredé esa casa cuando mi abuelo murió. Era un gran caserón con una enorme buhardilla, donde me había montado mi pequeño estudio para vivir y trabajar con tranquilidad. Había obrado para que la entrada y la salida fuera totalmente independientes del resto de la casa, pensando, en un futuro, volverla a abrir al público. 
Siempre he sido una persona que gusta de la soledad, taciturno. Con una gran actividad en las redes, es decir, tengo grandes amigos en diferentes partes del mundo que formamos una gran comunidad con aficiones comunes, donde compartimos juegos y largas conversaciones. Una vez al año, hacemos una quedada y el que puede acude y llenamos nuestro corazón con los abrazos y muestras de cariño que no podremos darnos hasta que volvamos a vernos en persona. El último verano la quedada la hicimos en el pueblo y no pudo estar mejor.
 Por eso para mí el pueblo es mi pequeño paraíso. No necesito rodearme de demasiada gente en mi día a día, disfruto de silencio para trabajar la mayoría del tiempo y no molesta a nadie por las noches en mis conversaciones por ordenador.

Bueno, que me voy de la historia. EL caso es que Shaoran tenía pensado un gran evento para el fin de semana del 25 de enero. Desde el 24 viernes hasta el 27 lunes. 

El alcalde convocó un pleno extraordinario para plantearle a los vecinos la petición de esta familia china. A priori se supuso buena para el pueblo y se dio el visto bueno.
Yo me encargué de todas las gestiones con el alcalde y de la publicitación del fin de semana, única exigencia del alcalde, que no se ciñera a un acto privado.
 Llegado el momento, el viernes 24 de enero acudieron al punto de la mañana algo más de quince personas: había que limpiar la casa y adornarla para recibir el año nuevo. Trajeron todo lo necesario:  ropa de cama y baño, comida, enseres para la cocina...
La decoración fue otro paso importante: brillantes faroles rojos de Año Nuevo; árboles de naranja y mandarina en grandes jardineras; adornos en papel rojo, con pareados escritos o dibujos chinos, para desear buena fortuna y prosperidad; fragantes ramitas de flor de cerezo o ciruela y los ramos de peonías para atraer la riqueza y buena suerte. Una vez la casa aderezada había que ambientar el pueblo, los vecinos del pueblo que quisieron adornaron sus casas y calles con detalles que trajeron Shaoran y su familia o hechos por ellos mismos.

 No podía faltar la tradicional feria, donde se pudieran comprar, degustar y visitar stands de artesanía y gran variedad de productos chinos. Amigos de Shaoran se encargaron de colocar en la plaza tres o cuatro, a aprecios populares. La feria se montó el viernes y el domingo por la tarde se levantaría.
El sábado acudió al pueblo gente de los alrededores durante toda la jornada. La feria abierta desde bien temprano rebosaba de gente y Manuel el tabernero no daba a vasto en la barra. Melisa, en su tienda había pensado en diferentes productos que en un día festivo pudieran apetecer, para llevarse su parte de beneficios.
 Alrededor de las ocho de la tarde tuvo lugar la ceremonia de farolillos flotantes, con participación de pequeños y mayores. Uno a uno, fueron depositando en el río un farolillo de luz con sus deseos para el Año Nuevo de la rata.  Después,la familia de mi amigo se fue a casa a preparar, entre todos, la cena con los platos más típicos, para disfrutarlos juntos. El pueblo siguió disfrutando, vecinos y visitantes, al menos durante un par de horas más, pues la feria quedó en manos de voluntarios del pueblo y Manuel preparó bocadillos y tapas para alargar un poco la velada.
La cena, en la casa, fue un verdadero éxito, todos disfrutaron de la comida, la música y la buena armonía que reinaba. Nadie se perdió la conexión a la Bienvenida del año desde China. La música se apagó más allá de la una de la madrugada.
 El domingo, a la vez que la feria volvía a abrirse al público, un gran desfile de color con los leones y dragones chinos tradicionales, acompañados de música tradicional, recorrió las calles con la participación de todo aquel que quiso participar. Jóvenes del pueblo salieron disfrazados de leones chinos y los más menudos desfilaron llevando un tradicional dragón hecho en la escuela entre todos. El pueblo entero disfrutó del bullicio y colorido de este pasacalles espec-tacular, que tardarían tiempo en olvidar.

El lunes, me levanté temprano, busqué a mi amigo, estaba frente al pequeño altar que habían improvisado en una de las habitaciones, un altar con ofrendas de alimentos e incienso, para honrar a sus difuntos.
Sonrió nada más verme y se dirigió a mí. Nos fundimos en un sincero abrazo y no necesitamos decir nada más.
La cara de felicidad de su abuela en esos tres días había merecido la pena. Para ella, ahora que su memoria a veces la abandonaba por días, esta había sido la mejor de sus fiestas de año nuevo.  
Para mí había sido el reencuentro con un gran amigo que esperaba no volver a perder nunca más. En mi cuello colgaba un pequeño colgante representando la silueta de una rata, en metal rojo y dorado. Todos los que acudieron a la feria pudieron llevarse uno como recuerdo a aquellos días que vivimos en el pueblo llenos de magia.



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52 retos literup2020:
#Reto4; Haz un relato que ocurra durante el Año Nuevo Chino.