domingo, 1 de diciembre de 2019

Y sin enbargo...

Hace muchos años en un lejano país existía una pequeña aldea donde jamás habían visto la luna.
En la biblioteca del lugar,infinidad de libros, con grandes dibujos e ilustraciones, intentaban explicar cómo eran.
Los habitantes de aquella aldea se conformaban con ver todas las noches distintos luceros y estrellas que el cielo les mostraba, e imaginaban por medio de comparaciones cómo sería su anhelada luna.
Sin embargo,María,todas las noches miraba ansiosa las estrellas intentando encontrar una que fuera distinta a todas ellas;buscando ese gran lucero, ese broche de nácar que adornaba las noches en sus sueños.
María, que desde siempre había vivido en esta pequeña aldea,sonreía feliz, día a día, pues no podía quejarse de lo que la vida le brindaba.
Y, aunque poco a poco todos esos sueños que de niña tuviera se iban cumpliendo, un vacío quedaba en su corazón, una extraña sensación de soledad que la estrella más bella del universo no podía disipar con su luz.
En una de esas noches en que María pasaba horas y horas en su ventana recorriendo, palmo a palmo, la vasta oscuridad del cielo, vio,de pronto,el lucero más hermoso que jamás hubieran sus ojos comtemplado.
En medio de tanta oscuridad, su redonda silueta parecía la sonrisa del cielo; María hubiera jurado que esa noche brillaba 
solo para ella.
Sí, habían merecido la pena tantos años de espera. Era mucho más preciosa de lo que nunca pudiera haber imaginado.
Dentro de su corazón 
los débiles rayos que de ella manaban iban inundando ese espacio vacío que tantas veces había querido llenar.
Cada día se le hacía más largo esperando llegar la noche para poder ver de nuevo su preciosa luna.
Hubiera querido poder descolgarla del cielo y guardársela como un tesoro para ella sola.
Tenía celos de la gente que como ella pudiera sentir esta intensa emoción al admirarla y a la vez temía que alguien pudiera querer llevársela de nuevo lejos de ella.
Poco a poco iba creciendo en su corazón
 una inmensa felicidad y al mismo tiempo un abrumador sentimiento de impotencia.
Era feliz con poder disfrutarla cada noche pero, a la vez, quisiera no tener que compartirla con nadie.
Sí, María era ahora completamente feliz, 
y no creas, 
todos sus vecinos se dieron cuenta del cambio que había dado y es que la felicidad que renacía en su interior no podía disimularla y se reflejaba en sus ojos. 
Ella sabía que,tal vez, la luna volvería a desaparecer, pero mientras estuviera cerca de ella no dejaría de asomarse 
cada noche a su ventana.




"Y así se sentía mi amiga cuando conoció a quien hoy comparte la vida con ella, tanto tiempo esperándolo y ahora le daba miedo poder perderlo. 
 Dudas, incertidumbre, inseguridades...
y una nueva felicidad que disfrutar."

sábado, 23 de noviembre de 2019

RETO DE LA 5 LÍNEAS DE ADELLA BRAC


No hace mucho que he ido encontrando por la red diferentes iniciativas para animar a los que nos gusta a escribir a publicar nuestros pequeños escritos. Compartirlos. 
Yo hoy he empezado, aunque ya a puertas de terminar el reto, con el  reto de noviembre. Os dejo el enlace del blog para que os informéis si estáis interesados.
Aquí está mi relato para este mes.
 Reto de noviembre: utilizar las palabras mecían, días y pensar.

"Las hojas de los árboles se mecían suavemente, cadenciosamente. Hacía tan solo uno minutos las ramas parecían batirse en duelo contra el viento y la lluvia. Una a una las hojas iban desprendiéndose de ellas. Días que no invitan a salir.  Pero ella, después de mucho meditarlo, había decidido hacerlo. Después de hacerse las pruebas y pedir diferentes diagnósticos, el día había llegado. Le esperaba el quirófano. Ese bulto, que tanto le había hecho pensar en lo peor, había ganado."

viernes, 22 de noviembre de 2019

Tal vez sea mañana

Cuando era pequeña, vivía en una vieja casa se campo, con un gran desván, allá arriba, en el tejado(bueno, casi en el tejado).
A mí me gustaba mucho subir a aquella pequeña parcela donde se asentaba el pasado, a pesar de que crujieran las escaleras y pareciera que ibas a dar con la cabeza en el techo.

En aquella habitación los recuerdos parecían recobrar, de nuevo, su vida perdida. El pequeño caballo de madera del del abuelo,poco a poco, iba perdiendo color; la vieja mecedora de tía Encarna ya casi no podía balancearse; y ahí, encima de una mesita, la pequeña cajita de música de la bisabuela continuaba cerrada y sin poder abrirse.
Antes, hace ya muchos años, la cajita de música cantaba feliz durante todo el día. Bailarinas de todo el mundo venía a bailar al son de su música. Tocaba alegre para todas ellas, pues sin duda, aquellas delicadas figuritas que venían de todos los rincones del país eran tan ligeras como el aire, tan graciosas en sus movimientos como el vuelo de una mariposa.
De todas aquellas bailarinas, dos fueron las que callaron para siempre a la pequeña cajita.
    Una de ellas le fascinó por su elegancia, su suavidad, su dulzura. Parecíase la luna llena paseándose entre las estrellas en una serena noche de estío. 
Por un tiempo, ella, atrajo toda la atención de la pequeña caja de música y aunque acudían otras muchas bailarinas día a día a bailar al compás que ella tocaba, parecía que al llegar Brenda, que así se llamaba, la música sonaba más suave, más cadenciosa...
Brenda era su pequeño cisne blanco nadando plácidamente en el lago de su armonía. ¡Qué época más feliz!
Pero poco a poco fue desencantándose, pues Brenda,su pequeño cisne, acudía cada vez menos veces.
        
    Cuando entristecida la cajita iba perdiendo las ganas de tocar, de cantar, apareció Katia, la graciosa, alegre y picaresca bailarina que ocupó el hueco que Brenda dejara en su corazón.  Si bien esta se asemejaba más a a una ardillita pispireta y juguetona correteando por el bosque.
Cuando bailaba, parecía estar saltando de rama en rama, de árbol en árbol, como jugando con las notas y los acordes.
La pequeña cajita creyó que no había otra bailarina que supiera comprender mejor la música que ella guardaba en su interior.
Sin embargo, de nuevo volvió a perder a su bailarina preferida y sintió que para ella nunca más volvería a reír al sol. 
Brenda y Katia habían llenado su vida tan intensamente que al desaparecer de pronto todo parecía carecer de sentido.
Numerosas bailarinas seguían acudiendo a bailar con la cajita, pero ahora prefería callar, quedarse en silencio.
       Un día, guardó la llave dentro de ella y se cerró, no queriendo volver a abrirse. 
Las bailarinas siguen acudiendo, pero ella no les ofrece su música, la guarda celosamente, la guarda...

A mí me gusta subir a hacerle compañía todas la tardes un ratito, porque sé que algún día llegará una nueva bailarina, distina a todas, que borrará el recuerdo de Katia y la nostalgia que BRenda le dejó yle hará  de nuevo sonreír.Volverá a abrirse nuevamente y a cantar, y ese día quiero estar yo allí, con la pequeña cajita de la bisabauela.


"Esta pequeña historia le escribí para una amiga mía, a los 19 años, después de dos desengaños amorosos. Sabéis, la vida da muchas vueltas y hace poco, volvió a abrir su corazón después de años cerrado tras un matrimonio que la apagó poco a poco. Ahora sus ojos brillan como entonces. Llenos de vida."

A mí no puede pasarme esto

#52 Retos Literup 
Reto #3:"Tú protagonista se mira en el espejo y ve algo que no debería estar ahí"
Cuando menos te lo esperas
Se miró al espejo, no le gustaba lo que veía, pero ahora por fin podía mirarse. Hacía justo un año de aquel día...
Aquella mañana tenía muchas cosas en la cabeza. El inspector venía al colegio y ella estaba sola. La directora estaba de baja, ya llevaba dos semanas,  y la jefe de estudios tenía cita médica con su hijo.
Así que, como muy a menudo últimamente, se encontraba sola frente a toda la responsabilidad del colegio. ¡Qué ironía, rechazó ser la directora por no sentirse capaz de tanta responsabilidad!

Al ponerse el sujetador rozó el pezón de su mama derecha, estaba duro, gélido. Nunca lo había notado tan duro. Sintió un escalofrío... Se volvió hacia la luna del armario. Ahí estaba. No era el pezón. Ese bulto no estaba ayer. ¿O sí?.
No había tiempo para eso. Ahora  no. Aún tenía que preparar los papeles para la reunión y repasar los temas que iban a tratar. Así que, a vestirse y al "cole".

sábado, 26 de octubre de 2019

Retos de escritura


Desde que empecé a tener cosas que contar y no sabía muy bien cómo ni a quién, escribir fue el  camino hacia mí misma. He escrito poemas. historias cortas, cuentos, hasta dos intentos de novelas cortas que descansan en un cajón. Muchos de mis escritos voy a ir sacándolos a la luz en este blog, en eso llevo últimamente.
Sin embargo no recuerdo cuándo dejé de escribir, hasta el diario, donde dejaba caer sentimientos, alegrías, tristezas, problemas, soluciones , esperanzas, anécdotas... lo he abandonado. Estoy en dique seco. Y, a pesar de hacer tiempo que no escribo en mi cabeza bullen historias casi sin parar. Ahí se pierden, en el olvido. Aunque, a veces, vuelven una y otra vez para despertar al gusanillo que llevo dentro. Quiero escribir,

Buscando por internet, no me acuerdo muy bien qué, me encontré con Literautas un blog de escritura creativa que planteaba retos de escritura. El taller que planteaban se llamaba "Móntame una escena" y cada mes te proponían un nuevo desafío. La encontré un poco tarde. Está cerrado temporalmente.
Más de un día que tengo tiempo me paseo por sus entradas, donde nos esperan un sin fin de recursos para escritores. Para aprender, mejorar, encontrar la inspiración...
En la última entrada de esta temporada. en literautas,  leí comentarios de  mucha gente con la misma inquietud que yo y, viajando por sus blogs,  encontré que en la red hay diferentes opciones para los que nos gusta escribir.

Yo voy a intentar empezar el año con los retos del blog Literup, 52 retos de escritura 2019. Me gustaría escribir alguno antes de acabar el año, pero lo que de verdad me gustaría es empezar los retos de 2020.
Además, por si el reto anterior se me hace muy cuesta arriba voy a intentar también seguir el reto de Adella Brac, reto de 5 líneas.

Parece que dos meses son mucho tiempo, pero no. El año se nos va, se nos escapa con todos los proyectos inacabados, con algunos sueños dormidos y con mil ideas saliéndonos por las orejas. Al menos a mí.
Por eso voy a empezar mi calentamiento. Aunque estos retos están acabando voy a elegir alguna de sus propuestas y voy a lanzarme a escribirlas. Si para 2020 empiezan nuevos retos, me apuntaré desde el principio a ver qué consigo.

Al menos desempolvaré mi creatividad. Daré voz de nuevo a la escritora que durante mucho tiempo quise ser y que se esconde tras el estrés del día a día.

Si estás ahí, leyéndome, no dejes de escribirme un comentario sobre estas páginas que te enlazo o sobre otras si las conoces. 
¿Dónde puedo yo encontrar tus historias?
¡Te espero!

martes, 15 de octubre de 2019

Haz que salgo el arco iris

Hace mucho, mucho tiempo, existió en el reino de nunca jamás un pequeño nomo cuya garganta era envidiada por todo aquel que llegaba a conocerle.
Sus voz melodiosa llenaba de alegría los corazones de los habitantes de su aldea. Poco a poco iba consiguiendo que rebosaran felicidad y aprendieran a sonreír. 
Un día, en medio de una gran fiesta en la que él cantaba, apareció Helman, el mayor maestro de todos los tiempos.
Su música estaba llena de fantasía: cuando cantaba, por el aire,pequeñas notas de oro y plata se veían relucir como si su garganta fuera dibujando una melodía al cantar.
El pequeño nomo no podía creer lo que sus ojos veían.
¡Estaba allí! ¡Y para él solo!
¡¡¡ Solo para él!!!
Esa noche cantó como nunca antes lo había hecho. Agasajó al maestro con la mejor música que hubiese oído en muchos años.
Sin embargo, en un pequeño descanso en su actuación, nuestro amigo pudo enterarse que el maestro no había ido de propio a oírle cantar. Ni siquiera estaba enterado de su existencia, más aún, no conocía su música, su arte...
Fue una casualidad que pasara por su pequeña aldea y se sintiera atraído por la música.
Tras el descanso, cuando volvió a cantar, nadie podía creer que esa cajita de rayos y truenos, de croar de ranas y cacareos de gallina que se había abierto, fuera la misma que hacía pocos segundos había dejado a todos mudos de admiración.
Nuestro protagonista, desde lo más hondo de su corazón, sentía que el maestro no hubiera oído nunca alagos sobre él; reprochaba a Helman que no hubiera ido de propio a verle y sobre todo, le dolió que no hubiera bajado de su carruaje para decirle que era el mejor músico de todo el reino.
Cuando dejó de cantar, más que cantar de emitir extraños ruidos y desafinos, miró a su alrededor, y se vio solo. 
Nadie, nadie estaba allí apoyándole, comprendiendo su desgracia, la injusticia que se había cometido sobre él. Nadie.
¡¡¡Vaya amigos!!!
Pero al sentarse, sintió una extraña desazón dentro de sí. LLoró y lloró toda la noche, pues se dio cuenta de su gran desconsideración.
Ya al despuntar el alba, pensó en pedir perdón al gran maestro, y para ello decidió obsequiarle con lo que mejor sabía hacer. Y, poniéndose en pie, cantó la más bella canción que nunca nadie hubiese oído.
Y fijaros si lo quiso hacer bien, imaginaos lo que para él debía significar el maestro, pensad todo lo que debía sentir el desaire que hiciera la noche de antes a Helman que, al cantar, pequeñas notas de oro y plata dibujaban en el aire la melodía que salía de su garganta.
Sí, ya lo creo que Helman, el maestro, le oyó;  y supo que era la manera de pedir perdón del pequeño nomo, ya que, al deslizarse la música en su corazón,  una sonrisa apareció  en su rostro y en el cielo, aquella mañana, juntó al sol se dibujó el 
arco iris.

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Ahora al traspasar este cuento al blog, 
volverlo a leer dejando que me llegue al alma,
le veo múltiples posibilidades para trabajarlo 
en el aula de valores.
¿Tú que piensas?

domingo, 15 de septiembre de 2019

Nada tiene sentido


La puerta se cerró a su espalda. Ya en casa. Por fin. Aquel periodista la estaba poniendo nerviosa.
Miles de recuerdos se agolpaban en su cabeza. Se acordó, por ejemplo, de cuando  la conoció en la discoteca del pueblo, le encantaba bailar, era su pasión.Sonó el teléfono.
- Dile que estoy aquí, en casa. Que esquive a los periodistas y se venga
- Vale- Ahí iremos.
- Sobre todo, perder a los periodistas, que no os sigan.
El tren pasó interrumpiendo la conversación. Su casa estaba tan cerca del ferrocaríl que el ruido era infernal. Los trenes contaminaban acústicamente el ambiente
Llegaron sus amigos a casa. Les abrió la puerta y fueron sentándose en su cuarto de estar.
- Cristian no ha querido venir, se ha quedado con sus padres.
- podíamos ir a su casa nosotros, ¿qué os parece?
- Yo no quiero salir, id vosotros. Necesito estar sola, tranquila.
- Vale, te entiendo. Yo me voy a casa de Cristian. Creo que es quién más nos necesita, su hermana acaba de aparecer muerta.

Todos sus amigos se fueron. Ella se subió al desván a desempolvar el diario de su madre. Allí descubrió tras su muerte que tenía una hermana gemela. Que las habían separado al nacer y que las dos tenían la misma marca de nacimiento. No quería hacerlo pero empezó a tirar cosas, a dar patadas a las cajas, a gritar como una posesa.

Su padre, que venía de la oficina de correos, la encontró es estado de soc. La intentó calmar, Sosegar.
En su trabajo de cartero había aprendido a respirar y relativizar ante las montañas de cartas que a veces les tocaba organizar para repartir.
No pensaba detenerse. Necesitaba soltar energía. Pero su padre la abrazó y lentamente, como siempre hacía la reconfortó. No era su padre biológico pero no imaginaba a nadie mejor.
- No se quién soy, papá.
- Eres la misma de siempre. nada ha cambiado.
- Encontrarla podía responder a algunas preguntas y ahora se ha ido.
- Tiempo al tiempo princesa, tiempo al tiempo.
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Consignas(retos de escritura)

  • la puerta se cerró a su espalda
  • le encantaba bailar
  • Incluye dialogo que empiece por, "Dile que estoy aquí"
  • añade palabra ferrocarril
  • diálogo que inicie con yo no quiero salir
  • incluye una escena en un desván
  • introduce un personaje que se vuelve loco de pronto
  •  añade un personaje que trabaja de cartero
  •  añade la frase"no pensaba detenerse"
  • añade un diálogo que empieza por "no se quien soy"