A orillas del Oria
domingo, 8 de febrero de 2026
VadeReto de Febrero
domingo, 26 de octubre de 2025
VadeReto octubre 25
EMPATÍA EN JAQUE
Jaime está harto. Pedro y sus amigos todos los días se meten con él. Le quitan el almuerzo, les tiene que hacer los deberes. Aguanta sus burlas, sus palizas, que le estropeen lo que lleva en la mochila…
Hoy ha llevado el saxofón al instituto y eso si que no van a estropeárselo. En cuanto toca la sirena echa a correr, sin esperar a Izaskún con la que regresa a casa todos los días. Decide ir por otro camino para que Pedro no pueda seguirlo.
Pero los amigos de Pedro lo han visto irse corriendo y sale disparado para alcanzarlo. En ese momento Izaskún oye reírse a los amigos de Pedro y al mirar hacia la puerta de salida lo ve corriendo como si se le escapara el autobús. Une cabos. Jaime lleva su saxofón. Echa a correr tras de Pedro sin fijarse por dónde van. Solo corre, corre, corre…
Ha perdido de vista a Pedro y está agotada. Se para frente a un escaparate. Casi no puede respirar. Mientras toma aliento, mira a través del cristal y cree ver a Jaime. Se acerca más al cristal para mirar adentro y sin saber cómo se encuentra dentro del local. Está lleno de cosas raras, viejas, curiosas, inesperadas… De pronto un ladrido la sobrecoge y le hace mirar hacia la derecha. Un ejemplar adulto de labrador la mira fijamente y de pronto le habla.
Algo muy extraño sucede en ese bazar, además de que hay un perro que habla. Ve a Pedro y a Jaime que están a su lado. No se pueden tocar, se oyen pero están como envueltos por una cúpula de cristal. Es raro.
El perro les reta a una partida de ajedrez. Si ganan la partida podrán salir y llevarse el objeto que quieran, si pierden seguirán jugando hasta que consigan ganar. A cada uno le hace elegir una pieza del tablero. Jaime elige la torre para poder ver desde lo alto, para protegerse. Puede moverse adelante, atrás, muchas casillas cada vez. Izaskún se decide por la dama. Se desplaza en todas las direcciones y puede dar grandes pasos. Pedro elige al rey. El rey es poder. Es fuerte. Él manda.
Empieza la partida. Los tres juegan contra el perro. Los tres juegan en el mismo equipo.
Pedro en seguida se da cuenta de que ha elegido mal la pieza. Tiene poco margen de movimiento y necesita que le protejan constantemente. Es la pieza más vulnerable del tablero. Jaime piensa que Izaskún ha elegido una pieza que le va «que ni pintada». Tiene total libertad para moverse por el tablero. Adelante, atrás, en todas las diagonales. Paso a paso o con largas zancadas. La mira a los ojos y ella parece adivinar sus pensamientos. No ha hecho nada para ayudarle, lo apoya, lo escucha, pero no toma partido abiertamente, no busca ayuda. No denuncia lo que pasa. Todos callan. Entonces ella se da cuenta que él es como su torre. Aunque no lo sepa es fuerte. Pero se esconde tras las murallas. Se mueve dentro de sus líneas, horizontal, vertical. Ahora de uno en uno. Ahora avanzo un paso más. Parece que los tres oyen los pensamientos del otro. Se miran.
Jaime parece derrumbarse. Mira a Pedro.
—¡Me canso de resistir! —parece decirle—. Ya no me quedan fuerzas.
Pedro baja la cabeza. Izaskún mira a Jaime sorprendida: ¿se avergüenza de lo que hace?
—¿Qué pasará si dejo de ser el jefe? ¿Qué me quedará? —Mira a Jaime con rabia—¡Eres un cobarde! ¡Cuéntalo! No te escondas detrás de tu amiga.
Mil ideas bullen en sus cabezas. Jaime debería hablar con sus padres, tal vez con los profesores. Izaskún, podría tomar partido. Contar lo que ella ve. Comprometerse. Pedro no sabe como cambiar. ¡Quién confiará en él! Siendo el malo tiene un grupo de gente que le sigue. No está solo.
Es como un diálogo a tres bandas, donde todos oyen lo que los demás sienten, lo que se dirían unos a otros, lo que les gustaría callar. Todos se ven. Miran en el interior de los demás. Conocen sus fortalezas y sus miedos. Nunca se habían visto a sí mismos de esa manera.
—¡Habéis perdido la partida! Jaque Mate.
Los nervios parecen aflorar de pronto en los tres adolescentes. Miran el reloj. Intentan salir del bazar, pero no hay puertas. Además, está la maldita especie de campana que los envuelve. Como un áurea mágica. Se pueden mover pero están prisioneros.
—Tenemos que irnos —dice Jaime—. Es muy tarde ya. Se van a preocupar nuestros padres.
—Cantemos juntos una de tus canciones. —Le mira a los ojos— Luego echamos otra partida.
—Tenemos que ganar al perro para poder salir, no perdamos tiempo. —Apunta Pedro.
—No será que tienes miedo de no saber ni cantar, ¿eh?
Jaime parece haberse crecido dentro de su urna de cristal. Mira desafiante a Pedro. Este, en cambio, sin su cuadrilla parece un pajarillo asustado.
—¡Vamos Jaime! Tú puedes enseñar a tocar la flauta a un oso.
Como si tuviera vida propia la guitarra de la padre aparece de pronto en manos de Pedro. Jaime se acerca y le explica dos movimientos simples. Un acompañamiento, dice Izaskún. Pedro toca una pieza corta, que a Pedro le parece fantástica e Izaskún canta una letra poética, preciosa. Aunque la verdad, desafina un poco. Luego, Jaime le indica que empiece a tocar su parte con una determinada cadencia y que siga así hasta que Izaskún deje de cantar.
Y la magia se hace de pronto. Con dos simples movimientos Pedro participa en un pequeño juego donde los tres juntos suenan bastante bien. Se ve como desde fuera. Es capaz de escuchar lo que interpretan, como si solo escuchara. ¡Está acompañando a Jaime e Izaskún! Realmente los tres suenan bastante bonito. Por primera vez en su vida se siente parte de algo, uno más del grupo.
Pedro despierta en su cama. Se sobresalta. ¿Todo ha sido un sueño? Mira el reloj. Las cinco. Sale de su cuarto y su madre le habla desde la cocina.
Al meterse las manos en el bolsillo se encuentra una pieza de ajedrez. La torre.
Izaskún llama a Jaime por teléfono, le ha caído una buena bronca en su casa.
—¡No te vas a creer lo que me ha pasado! —Jaime la escucha, desde la cama. Donde al parecer ha pasado todo el día con fiebre. ¿Habrá sido todo una alucinación debido a la fiebre?
—Me he quedado frita en clase de inglés, ¡menuda bronca me ha caído!.
—¿Has soñado con una partida de ajedrez? —Un silencio incómodo les envuelve.
—¡Sí! Al guardar los libros en la mochila me he encontrado una pieza de ajedrez.
—¡No digas más! La dama.
Izaskún cuelga el teléfono. Jaime acaricia entre sus manos al rey de la partida. Ha caído al suelo de debajo de su almohada.
Al día siguiente los tres se ven en el instituto. Cuando se cruzan por los pasillos se ensañan disimuladamente la mano con la pieza de ajedrez. La partida está en sus manos. Deberán elegir bien la jugada.
jueves, 28 de agosto de 2025
VadeReto agosto25
Hoy soy yo quien te habla
Cuando tengo que salir a la calle así me siento.
sábado, 19 de julio de 2025
VadeReto Julio25
Creo que las premisas del reto de este mes no las he cumplido del todo. Lo que cuento es un hecho real y no he encontrado foto que lo acompañe. Al leerlo lo vais a entender. Espero que os guste.
¡Qué no se pierda la inocencia!
Tolosa, 17 de enero de 1972.-Un padre de familia encuentra, debajo de un seto, algo inesperado, mientras pasea a su pastor alemán.
El
domingo 16 de enero, Ernesto salió a pasear a Esla, el pastor alemán que
protege su casa situada en el campo.
Lo
que parecía que iba a ser un tranquilo paseo por la nieve se convirtió en un
misterio que le obligó a terminar prematuramente la salida matutina. Sorprendido, ve como el can sale de debajo
del seto, donde juguetea, con un sorprendente objeto entre los dientes.
Sube a casa y reúne a su familia en el salón. Uno a uno pregunta por lo ocurrido y en un primer momento parecen no saber nada.
Ernesto
y su mujer se muestran enfadados, más bien defraudados. Les han mentido. Está
claro.
Al
rato, los cuatro pequeños -de 8,6, 4 y 3 años- aparecen de la mano y se plantan
frente a sus padres que están en el salón.
Marisé,
la segunda, confiesa que metió el juego de dominó en el horno de la cocina
económica para esconderlo de Juan, su hermano mayor, que nunca le deja sus
juguetes. Ella tampoco pensaba compartir su último regalo de reyes.
Después
de cenar fua a sacar las fichas del horno y se las encontró derretidas y en
bloque. Pensó que si las congelaba, volvería a su forma natura(como pasa con
el agua y el hielo). Así, que cuando su padre sale a pasear a Elsa, ella se baja
con él y lo esconde en el seto. Por la noche nevará y se congelarán.
Padre
y madre se miran serios. Los pequeños reflejan el miedo en sus ojos: sus padres
amenazan con llamar a sus “majestades” y que se lleven todos los
juguetes.
Sin
poder aguantar más, rompen en una carcajada y se acercan a abrazar a sus hijos.
Marisé llora desconsolada. ¡Pensó realmente que el dominó volvería a su estado
natural!
Una
vez más la travesura de una niña nos hace sonreír y desear que no pierdan la
inocencia antes de tiempo.
Aquel
día, la pequeña Marisé, aprendería que a veces es peor evitar lo inevitable.
Frente a los hermanos mayores no siempre es fácil ganar. Una derrota, podría
haber sido su victoria.
miércoles, 25 de junio de 2025
VadeReto junio25
La vida no me estaba tratando
bien. Esa era mi impresión a estas alturas: rondando los 60, mis hijos lejos forjando
su futuro y mi pareja, su padre, mariposeando como si fuera un adolescente.
Para colmo, la vida me mandaba de nuevo un tumor que yo creía superado. ¿Qué
iba a hacer, enferma, en medio de tanta soledad?
La baja médica no facilitaba las
cosas. ¡Los ratos malos dónde iba a estar mejor que en casa! Pero ¿los buenos? Las paredes parecían estar
cada vez más juntas.
Ese miércoles, saludando octubre,
era un buen día. El sol invitaba a salir, medio abrigada, y mi espíritu rebosaba
vitalidad. Hacía días que no me sentía así. Las fuerzas, sin embargo, no me
acompañaban y aunque no pude arreglarme mucho me bajé al patio interior de la
comunidad.
Mi comunidad, compuesta por
cuatro bloques de edificios que parecen acariciar las nubles formando un recinto cerrado por una alta reja, es como
una fortaleza donde los peques de la comunidad puedan bajar a jugar sin prácticamente
riesgos. En el patio central hay un tobogán, unos columpios, unas canastas de
baloncesto y un pequeño recuadrado, que en tiempo fue un jardín precioso. Allí
sigue inquebrantable el Aloe Vera que planté el año que me vine a vivir aquí.
Recién casada y con toda la ilusión del mundo con la nueva familia que estaba
iniciando.
Me senté en uno de los bancos con
sombra, la quimio y el sol no se llevan nada bien(¿tú que crees?) y justo frente
a mí tenía la enorme sábila en que se había convertido el pequeño cepellón que
yo planté.
No puede resistirme y me acerqué.
Estaba todo lleno de maleza, malas hierbas, basura… Como si se me iluminara una
lucecita en el cerebro, subí a casa. Me cogí un sombrero, unos guantes, una
bolsa de basura y me bajé de nuevo. Estuve un ratito quitando hierbajos y
recogiendo basura. Poco, no debía abusar. Al terminar, sí resaltaba en medio del Jardín
“la vieja planta” que llevaba años resistiendo a los elementos. Incluso habían crecido a su alrededor alguna de sus “hijas”. Sonreí.
Ya en casa, observé desde la
ventana. Las pencas de la suculenta parecían erguirse hacia el cielo, como
saludándome, dando las gracias por haberle permitido respirar mejor.
Y empezó esa pequeña rutina
solitaria los días que mi cuerpo decía “vamos”.
Un domingo bajé prontito. Una vecina estaba en
el jardín con una pequeña azada, removiendo la tierra y quitando la maleza que
iba saliendo.
—¡Hola! Te he visto estas semanas
dando vida al jardín y me he animado a ayudarte.
—¡Hola! ¡Encantada! —contesté—.
Hay trabajo para todos.
Y, casi sin darme cuenta, mi
solitario trabajo de jardinera se convirtió en un espacio compartido con mis
vecinos. Jóvenes, mayores, niños… Fueron incorporándose paulatinamente a la tarea,
y en unos meses habíamos transformado ese rincón olvidado en un bonito vergel que alegraba la vista. Para primavera, el aloe principal que había quedado en
el medio coronando el jardín, floreció. Como sonriéndonos por el trabajo bien
hecho.
Así pude reconocer que no estaba
sola. Tenía vecinos en los que confiar, a los que saludar, con los que
conversar. Entre ellos había hecho amistad con personas, que como yo,
necesitaban un café de vez en cuando en el bar de la esquina o una tarde de
cine y palomitas…
Me vi a mi misma afrontando la
vida con optimismo. Si miras el futuro con una sonrisa te devuelve muchas otras
que tal vez antes no supiste ver.
domingo, 18 de mayo de 2025
La caja oscura
Nunca hubiera imaginado que me engañarían de esta manera.
Desde que los conocí siempre había confiado en ellos. Eran geniales para mí.
Esta mañana después del desayuno me han empezado a hablar de forma extraña,
excesivamente cariñosa. No entendía muy bien lo que pasaba, pero bueno, a veces
demasiado mimo tampoco molesta, ¿no?
El caso es que entre tanta carantoña han sacado una enorme caja y no se muy bien cómo, ha sido todo muy rápido, me han metido dentro. Estaba totalmente oscura. He oído como hablaban y se reían mientras me encerraban. Creo que han atado la caja con una cuerda o algo. Intentaba salir, he empujando por todos los lados de la caja, pero me ha sido imposible romperla. No se podía abrir. Cada vez estaba más asustada.
Está totalmente a oscuras. No se ve nada. Casi no puedo
moverme. Voy en un coche, no sé muy bien a dónde. Tengo miedo. Me está entrando
mucho sueño. A veces me cuesta respirar. Hace mucho rato que voy en esta caja.
Tengo hambre, A veces mucho calor. A ratos frío. He llorado mucho. Tengo sed.
Sé que en el hogar somos muchos. Y armamos mucho follón. ¡Jajaja, hay días que nos castigan sin galletas por armar demasiado jaleo en los paseos! O por no comportarnos cómo les gusta cuando hay visitas. Pero, pensaba que nos querían.
Ahora entiendo. Alguno de nosotros desaparece de la mañana a
la noche. No volvemos a verlos. Debe pasarles como a mí. Tengo miedo. Mucho.
Esto debe ser lo que llaman secuestro. Lo he oído entre mis amigos y amigas.
Nunca pensé que me pasaría a mí. ¿Qué me harán?
Un momento. Hemos parado. Se acercan. Cogen la caja. Creo
que voy a vomitar. Llaman a una puerta y me dejan en el suelo. He empezado a
temblar estoy aterrada. La oscuridad es cada vez mas angustiosa. Me quiere
atrapar. No puedo chillar… No oigo nada. Mueven la caja. Cuanto silencio.
Todo sigue negro.
Me he debido quedar dormida. Tengo frío. Me siento mojada. Oigo voces.
Pasos. Creo que están abriendo la caja… Veo la luz…
—¡Mamá, un cachorro! — Si sigue apretándome tanto me va a ahogar.
Me achucha. Me besa. Me levanta en el aire. Da vueltas.
Ahora sí que he vomitado.
—¡Mamá, mira lo que ha hecho! — ¡Vaya!, «mamá» sí que es
delicada. Me coge suavemente y me limpia con algo húmedo que huele muy bien y
me encanta.
—Imagina que un día te meten en un caja, te encierran y te
llevan a un lugar que no conoces, con gente extraña.
—¡Vaya! No había pensado en eso. A lo mejor está asustado.
—Asustada. Es una cahorrita. A la que le vamos a dar agua y
comida. Le vamos a enseñar su cesto y si no te importa, la dejaremos descansar.
secuestro, tal vez me guste. La comida estaba buenísima, el agua fresquita. Y este cesto es de lo más acogedor. Tal vez en otro momento me apetezca conocer a esa otra personita bajita que tanto chillaba y me apretaba. Se ha quedado un poco triste.




