jueves, 28 de diciembre de 2023

Poquito a poquito

Jirafita  huyó con su familia de la selva en la que vivía tras un enorme incendio que nadie sabe cómo empezó. Todos los animales corrieron despavoridos en busca de un nuevo lugar para vivir. 
Aunque echaba de menos su antigua casa, su nueva selva era bastante acogedora. 
Estaba contenta. En la escuela de animales se sentía a gusto. No era para nada el centro de atención, cosa que odiaba. Pasaba desapercibida a pesar de su altura. 

Gracias a su largo cuello, veía más allá que los demás. Hacía días que notaba
cómo el gran orangután blanco, llegaba con una sonrisa de oreja a oreja y poco a poco se desdibujaba por completo. Blanquino entregaba todos los días su almuerzo a Pumuki y después vagaba entre los árboles cabizbajo. Ese día pensó en acercarse a él, en cuanto lo viera,  y darle un abrazo. 
Nada más verle entrar al recinto escolar se acercó a él. Blanquino le regaló una de sus sonrisas y no se despegaron en todo el día. Almorzaron juntos y como vivían cerca volvieron a casa sin dejar de reír y contarse cosas. 

Al día siguiente, Jirafita se acercó a Cebrina que  se escondía tras los arbustos día sí y día también. Le iba a preguntar qué le pasaba cuando notó por su lomo un frío inesperado y en su cuello se empezó a enroscar el cuerpo  de Pitonisa:
—¡Por qué te metes, cuellilargo, donde nadie te llama!
Pero antes de poder contestar se acercó Blanquino con su amigo  Melenas y la pitón se fue volviendo la cabeza amenazante. 
¡Vaya!,  resultaba que el león había perdido las melenas por una broma de Pitonisa y sus amigos,  y ahora le daba miedo ir solo por la selva. 

Jirafita era feliz rodeada de sus nuevos amigos con los que charlar en el cole, ir y venir a casa y jugar en el tiempo libre. Sin embargo, con su largo cuello, seguía viendo como Pitonisa y Pumuki imponían su tiranía en el corazón de la selva. 

Algunos animales se hacían los despistados, con ellos no iba  nada y otros parecían invisibles, nadie quería ver lo que les pasaba. Y mientras,  una panda de  cuatro valentones se hacían dueños de cada rincón de sus vidas. 


Pero poco a poco todo empezó a cambiar sutilmente. El grupo de amigos de Jirafita iba aumentando, y se ayudaban a crecer entre sí. 
Se habían dado cuenta que si iban varios juntos, Pitonisa y su panda les molestaban menos. Así que procuraban ir en grupo. Y estar atentos por si alguien necesitaba ayuda.


Trompas llegó un día nuevo al colegio. Jirafita creía recordarlo de su antigua selva y cuando se dirigía a saludarlo Pumuki se interpuso en su camino.
—Creo  que Pitonisa quiere darle la bienvenida. Te aconsejo que no te interpongas, piernas largas.
—Pues,  yo "creo" que te equivocas. Veo a Blanquino y Cebrina riéndose con el nuevo. ¿Dónde dices que está tu amiga?

Se fue esquivándolo y estirándose todo lo que podía. Por supuesto que tenía las piernas largas. 
—¡Larguísimas! —diría ella.

El elefante recién venido enseguida atrajo a media selva. Era graciosísimo y todos se divertían mucho con él.

la selva iba cambiando de sol a sol. Los despistados cada día reconocían a más invisibles y estos habían hecho de la unión su arma invencible. Estaban convirtiendo el patio de su recreo en un lugar seguro, de todos y para todos. De todas y para todas.
Todos tenía su hueco en el tiempo libre: unas contaban historias, otros se sabían muchos juegos, a veces cantaban todos juntos o se inventaban una nueva diversión. Cada cual tenía diferentes ideas y se agrupaban según el día y lo que les apetecía. 
"La panda de Pitonisa" se había reducido a la pitón y al puma. Había días que se les veía aburridos, enfadados, rabiosos... No encontraban oportunidad para seguir amedrantando a los demás. Nunca nadie estaba solo el tiempo suficiente. En cuanto se acercaban a cualquier animal, alguien  aparecía a su lado con la excusa de jugar, de hablar, le pedía ayuda para algo... 

Cuando Jirafita pudo volver a su selva, las cosas habían cambiado mucho. Todos eran importantes y todos tenían su espacio. Entre todos habían conseguido, con abrazos, sonrisas y compañerismo convertir su cole en un lugar único donde aprender y divertirse juntos unas y otros.
El cole y cada rincón de la selva eran ahora espacios de felicidad. 
💥💥💥💥💥💥💥💥💥💥💥💥💥
Esta es mi aportación al VadeReto de Diciembre.
Una idea interesante la que ha tenido nuestro anfitrión.
"Recuéntame un cuento"
Las fábulas de Jean de La Fontaine, más bien sus moralejas 
son nuestro punto de partida. 
¿Encuentras la moraleja en la que he querido basar mi cuento?

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domingo, 26 de noviembre de 2023

¿Una relación normal?



"Me he despertado esta mañana
 y me encuentro que no hay leche para desayunar. 
Si vas a comprar, recuérdalo."

❤❤❤❤❤❤❤❤

"He ido a comprar,
 he comprado desengrasante. La cocina necesita un buen repaso."
💚💚💚💚💚💚💚


"Limpié la cocina. 
¡A ver si haces tú lo mismo con el baño!"
❤❤❤❤❤❤❤❤



"Trabajaré todo el fin de semama, turno doble. De noche.
 Procura no hacer mucho ruido por las mañanas" 
                    💚💚💚💚💚💚💚💚
"El domingo fue nuestro aniversario. 
El silencio fue mi regalo."
❤❤❤❤❤❤❤❤❤

¡Por fin hemos acabado de pagar la hipoteca!                                            
Me he despedido del trabajo.💚💚💚

❤❤❤"¡¿Qué has hecho qué?!
Compra posits."

💚💚💚💚No te eches a dormir antes de que yo llegue.
Tenemos el fin de semana para dormir.
No he comprado pósits.
Hablemos.💕


👥👥👥👥👥👥👥👥👥👥👥👥👥👥



Esta es mi aportación al microrreto 
"Matemos al narrador", 
que nos propone el blog 
este mes de noviembre.

domingo, 19 de noviembre de 2023

El dragón que habito

Nada podía salir mal. Hacía un día explendido. Lucía el sol y la humedad de los días anteriores parecía haber desaparecido. Un suave calorcito te cubría, cuando los rayos del sol tocaban la piel. La poca  que quedaba expuesta en pleno mes de noviembre.
Llegué a la consulta de oncólogía, allí había quedado con Alex. Entré confiada de que estuviera dentro, era casi la hora de la cita. El autobús había tenido una avería y, entre hacer el transbordo y llegar, me había retrasado. Pero ya estaba allí y justo a tiempo. Mientras buscaba con la mirada me acerqué a la recepcionista y le pedí si podía retrasar mi cita hasta que llegara mi pareja. No hubo problema.
Me senté tranquila, mientras uno tras otro iban pasando todos los pacientes de ese día. Caras alegres, tristes, preocupadas... no todos salían con el mismo talante tras la consulta. Tras hora y media, no tan tranquila ya, me leí el informe que llevaba entre las manos. Llamé a Alex. Llegó cuando solo quedaba yo en la consulta y mi oncóloga salía a pedirme que entrara. 
¡NO,no,no, no...! Cogí a Alex de la mano y confié  en que contestara por mí a todo lo que la doctora iba diciendo... ¡no está pasando, no está pasando...! Noté que me soltaba de la mato y en ese momento es como si empezara a caer en un oscuro y profundo pozo negro.
—¡Está sugiriendo que debe abortar! —Cáncer y embarazo. Dos noticias inesperadas el mismo día. ¿no es "cómo" mucho?
—Marisa —me dijo la oncóloga mirándome a los ojos—, podemos dejarlo para mañana. Sé que es mucho lo que te he dicho. Volvéis mañana, después de pensarlo y hablamos.
Llegamos a casa. Alex se volvió al trabajo. Me senté en el sofá, el rincón favorito de mi casa, bajo la ventana de mi dormitorio, apoyada en la pared. Perdí la vista tras el ventanal. Dejé que la rabia y la ira se llevarán todo el miedo y la angustia del terrible diagnóstico que acababa de recibir. 

¡Menos mal que nada podía salir mal!
¿Por qué yo? ¿por qué  además tenía que estar embarazada? ¿por qué Alex no estaba conmigo? ¿por qué ahora que todo me iba tan bien?
Grité, grité, grité... y de pronto volaba a lomos de un enorme dragón que iba soltando llamaradas de fuego cada vez que yo despotricaba y maldecía mi mala suerte. Y, montada en él, sobrevolé toda la relación con Alex, hasta el día que nos conocimos. Las riñas, las reconciliaciones, las decisiones, las veces que cedí, las que fui feliz, las que lloré. Nuestro primer beso... Desperté. 
Había anochecido. Aún no estaba en casa. Pensé en mi familia, mis padres, mis hermanos, hermanas... Demasiados para llamarlos a todos. Todavía no. Los amigos... no. La única a la que quería decírselo, estaba viviendo su gran aventura. ¡Se lo merecía! No sería yo quién le amargara los primeros días en el trabajo de su sueños. 
Me preparé un salmoncito al horno y me abrí una cerveza sin alcohol. El angelito que dentro de mí deseaba cobrar vida se merecía este detalle. ¡Qué rico olía! ¡Qué bien me sentó!
Como no dio señales de vida, me fui a dormir. No recuerdo haber pasado peor noche nunca. No sé qué hora sería cuando me levanté y me senté en el diván bajo la luz de la luna. Tras demasiadas lágrimas cargadas de desesperción, el coraje, la furia y la irritación me hicieron golpear con fuerza el cogín en el que me recostaba, cada golpe cargado de adrenalina dolía más, cada puñetazo dejaba mi mano adormecida... y de nuevo volé a lomos de mi dragón esta vez por un futuro incierto donde un bebé crecía sin su mamá. Me vi sufriendo con un cáncer sin tratamiento, me vi sola ¿dónde estaba Alex? 
Sonó el despertador. Acurrucada bajo la ventana, unos rayitos de sol calentaban la manta que me cubría. 
Esperé a oir una voz cariñosa que me abrazara en mi despertar. ¡Qué tonta!
Amalia, la oncóloga, y yo decidimos esperar. Podía retrasar el principio del tratamiento una semana, pero no más. Si decidía tener al bebé no podría iniciar el tratamiento. Si no empezaba lo antes posible seguiría extendiéndose. Era muy invasivo.
El teléfono de Alex no daba señal. Me monté en el autobús para regresar a casa. Agradecí no tener que ir a trabajar. Estaba disfrutando de mi año sabático. Aunque tal vez mis niñas y niños del colegio me hubieran ayudado a relajar, a distraer los pensamientos. 
Al llegar a casa, me acurruqué en mi rincón favorito y  mientras la irritación aumentaba y la indignación de sentirme tan sola en este momento me hacían morderme la mano para no gritar. Cuando ya casi empezaba a salirme sangre, noté el aire rozandome las mejillas y un  resoplido  que envolvió  de baho todo a mi alrededor. Volaba lejos, con toda la vida por delante, feliz. Sin pelo pero sonriente publicaba mi primera novela y mi canal de youtube daba sus primeros frutos. Comíamos en mi casa, con mi familia unida y una calma inmensa me vino a visitar. Hacía muchos días que no me sentía así. La llamada de mi amiga me sacó del trance. Cuanta positividad enfundió en mi alma.
El ruido de la puerta me despertó. Me acaricié el vientre. Tanto pensar en mí. ¿Qué sentiría mi preciosa presencia interior? Anochecía.
—He estado llamándote. —Alex me miró con semblante duro, como por encima del hombro. 
—No quería influir en tu decisión.—Se cambiaba de ropa y preparaba su equipaje, casi impasible, sin mirarme. ¡Qué distinto fue todo durante el proceso de reproducción asistida!
—¿Mi decisión? Pensé que eramos un equipo. —Busqué su mirada.
—Tengo un viaje de trabajo, ¿lo recuerdas? He venido a buscar mis cosas.
Y así se fue de mi vida. Sin más.  Un par de días después me levanté perdiendo en sangre. Todo se había precipitado. Mi pequeño querubín había decidido esperar mejor momento para conocerme. Y a mí me ingresaron para iniciar el tratamiento.
❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤
Las relaciones de pareja no son fáciles.
 Tener un hijo, es una decisión importante y cuando es cosa de dos,
 lo es la decisión y la responsabilidad. 
Vivir en pareja es compartir, si no
¿para qué?



Esta es mi participación en el VadeReto de noviembre
si no lo conces sigue el enlace
¡merece la pena visitarlo!

domingo, 22 de octubre de 2023

¿Premio o castigo?

Se fue. Sin hacer ruido. Sin destacar. 

Al día siguiente de su partida, cada persona que su vida habitó recibió, por correo, un paquete.

El mío era pequeño. Una pequeña caja de cartón, cartón de embalar. Dentro, un plástico burbujeante protegía un pequeño tintero dorado.

Una fina inscripción, con letra elegante, alrededor del tintero de oro, decía: «Pídeme un deseo y lo verás escrito pero levantarás amores y odios a partes iguales».


Me picaban las manos y deseé con todas mis fuerzas ponerme a escribir la novela que llevaba en mi cabeza y nunca arrancaba. Últimamente mis ideas sufrían tal sequía que ahogaban mi inspiración.

 Cada vez que la pluma se nutría en el tintero las palabras se me agolpaban, desparramándose por el folio en blanco casi sin masticarlas. Cada novela que había ideado ahora salía del rincón escondido donde el cerebro la escondía y se plasmaba en un libro exitoso. Cada uno aumentaba mi fama. Mi bolsillo. Mis fans escribían miles de cartas que amontonaba en el garaje.

 Sin embargo, cada una de esas obras había tenido un efecto inverso en mis personas más queridas. Se veían reflejadas y las hería, las defraudaba, las enfadaba… Las perdía. Al escribir no podía filtrar el contenido. Hasta que el libro no estaba en las librerías y releía las partes donde mis allegados se encontraban, no me daba cuenta de lo que realmente había escrito y a quien señalaba.

Guardar el tintero sería lo lógico.

¿No?

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En septiembre, los blogs "Acervo de Letras" y "El Tintero de Oro" crearon un reto conjunto. No llegué a tiempo y no puede participar. Sin embargo, el relato estaba escrito (aunque no lo tuve  a tiempo para la convocatoria de El Tintero de Oro). 

Como sé que J.A. Sánchez , anfitrión del blog "Acervo de Letras" no cierra sus convocatorias mensuales, y tengo entendido👀que está de celebración de cumpleaños, le regalo el relato que escribí para ese reto.

¡¡¡¡¡ FELICIDADES !!!!!

domingo, 8 de octubre de 2023

Una tarde de verano

Más allá del horizonte, por donde se esconde el sol tarde tras tarde, en la cima de una altísima montaña, donde el ser humano jamás ha puesto el pie, se esconde el bosque Maravillas. 
Tily es una ardillita pequeña y pispireta,  que corre y salta de rama en rama. Por las tardes, al caer el sol se reune con su amigo Bily, el conejito, y se van en busca  de rincones secretos y exóticas frutas.
Les gusta reír, cantar y parecen los seres más felices sobre la tierra. 

Un día, Tily  amaneció triste y decaída. Era el cumpleaños de Bily y no tenía nada que poder regalarle.
Había buscado, sin  cesar, por todos los rincones del bosque, removiendo matorrales y setos, intentando encontrar una sorpresa que fuera lo más rara, lo más difícil de encontrar, lo más costoso de alcanzar. Pero lo difícil de encontrar no pudo hallarlo y lo costoso de alcanzar se le escapó de las manos.
Así que era el cumpleaños de Bily y ni siquiera había recogido la fruta más exótica y rara que poder regalarle ni había encontrado el rincón más maravilloso que poder  juntos disfrutar.  Se fue pues a su conejera a esperar, triste y decaída, igual que se levantara...
¡¡¡¡¡Pero qué desastre!!! 
La madriguera de Bily parecía un trastero. ¡Qué desorden! Estaba todo tirado, revuelto, sucio...


Se puso a ordenar la conejera, intentando darse prisa para que estuviera arreglada cuado él volviera.
No le costó mucho. Era poco lo que había en la pequeña gazapera, así que, cuando Bily llegó el conejar relucía por los cuatro costados.
¡¡¡¡¡Qué contento se puso el conejito!!!
 El día de su cumpleaños lo pasó enterito en su cubil. 
¡¡¡Se estaba tan bien!!!
Y cada día,   cuando intentaba no dejar nada fuera de lugar para que todo siguiera en orden, se acordaba de Tily, que había puesto todo su cariño para hacerle ese gran regalo. 
(Escrito en 1989)
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Acabo de rescatar este cuento, escrito hace ya mucho tiempo, para participar en el VadeReto de octubre. J.A. Sánchez a través de su Blog Acervo de Letras (que si aún no lo conoces, ya estás tardando en cilcar en el enlace) nos propone cada mes un reto diferente, para ponernos a prueba con nosotros mismos. Después, si te paseas por los relatos de los participantes te darás cuenta las diferentes historias quesurgen a partir de una misma idea. Sorprendente. Igual que pueden sosprenderte cada una de la bitácoras de los participantes. ¡A mí me encantan!

martes, 29 de agosto de 2023

VadeReto agosto 23

Un mes más me encuentro al final de mes sin un relato que presentar al VadeReto. Y me fastidia porque entonces me quedaré sin las visitas de todos los participantres de este fantástico reto que mes a mes nos propone José Antonio Sánchez  en su blog "Acervo de Letras". Desde la primera participación con uno de mis relatos, me sorprendí al recibir las visitas de los amigos de este blog, participantes casi todos, que se acercaban a leer mi relato. Me encanta ese feedback tan reconfortante. Con las buenas y las malas críticas tan constructivas. Así que este mes, para no quedarme fuera, recupero una entrada antigua para dejar mi granito de arena en este carrusel de relatos.  Es uno de los cuentos que hace años escribí a una de mis amigas pero que puede servirnos de metáfora para muchas circustancias de la vida. Gracias de antemano por vuestra visita.

y sin embargo...
Hace muchos años en un lejano país existía una pequeña aldea donde jamás habían visto la luna.
En la biblioteca del lugar,infinidad de libros, con grandes dibujos e ilustraciones, intentaban explicar cómo era.
Los habitantes de aquella aldea se conformaban con ver todas las noches distintos luceros y estrellas que el cielo les mostraba, e imaginaban por medio de comparaciones cómo sería su anhelada luna.
Sin embargo,María,todas las noches miraba ansiosa las estrellas intentando encontrar una que fuera distinta a todas ellas;buscando ese gran lucero, ese broche de nácar que adornaba las noches en sus sueños.
María, que desde siempre había vivido en esta pequeña aldea,sonreía feliz, día a día, pues no podía quejarse de lo que la vida le brindaba.
Y, aunque poco a poco todos esos sueños que de niña tuviera se iban cumpliendo, un vacío quedaba en su corazón, una extraña sensación de soledad que la estrella más bella del universo no podía disipar con su luz.
En una de esas noches en que María pasaba horas y horas en su ventana recorriendo, palmo a palmo, la vasta oscuridad del cielo, vio,de pronto,el lucero más hermoso que jamás hubieran sus ojos comtemplado.
En medio de tanta oscuridad, su redonda silueta parecía la sonrisa del cielo; María hubiera jurado que esa noche brillaba 
solo para ella.
Sí, habían merecido la pena tantos años de espera. Era mucho más preciosa de lo que nunca pudiera haber imaginado.
Dentro de su corazón 
los débiles rayos que de ella manaban iban inundando ese espacio vacío que tantas veces había querido llenar.
Cada día se le hacía más largo esperando llegar la noche para poder ver de nuevo su preciosa luna.
Hubiera querido poder descolgarla del cielo y guardársela como un tesoro para ella sola.
Tenía celos de la gente que como ella pudiera sentir esta intensa emoción al admirarla y a la vez temía que alguien pudiera querer llevársela de nuevo lejos de ella.
Poco a poco iba creciendo en su corazón
 una inmensa felicidad y al mismo tiempo un abrumador sentimiento de impotencia.
Era feliz con poder disfrutarla cada noche pero, a la vez, quisiera no tener que compartirla con nadie.
Sí, María era ahora completamente feliz, 
y no creas, 
todos sus vecinos se dieron cuenta del cambio que había dado y es que la felicidad que renacía en su interior no podía disimularla y se reflejaba en sus ojos. 
Ella sabía que,tal vez, la luna volvería a desaparecer, pero mientras estuviera cerca de ella no dejaría de asomarse 
cada noche a su ventana.




"Y así se sentía mi amiga cuando conoció a quien hoy comparte la vida con ella, tanto tiempo esperándolo y ahora le daba miedo poder perderlo. 
 Dudas, incertidumbre, inseguridades...
y una nueva felicidad que disfrutar."
Escrito en septiembre de 1988
Publicado por primera vez el 1/12/2019

lunes, 31 de julio de 2023

Media luna dorada

—Ya sé de qué va a tratar mi trabajo sobre la inclusión,mamá. ¡Voy a darle un "repasito" a la princesita caprichosa de tu cuento "Media luna dorada". —Su madre la mira sorprendida.

—¡Pero si te encantaba ese cuento! Me hacías que os lo contara en todas las fiestas de tu cumpleaños. Todos, niños y niñas, aplaudían y disfrutaban. A veces jugabais a representarlo.

—Ya. Me acuerdo. Eramos pequeños y hacíamos la lectura que tú nos  dabas. Tu moraleja era "las mentiras no llevan a nada bueno" y nosotros solo veíamos eso: una princesa caprichosa que acaba sola. —Mira a su madre. la mujer no sabe la que le viene encima.

—Te recuerdo el principio:
        «En un pequeño reino, más allá de las estrellas, vive una pequeña princesita. Sola en su planeta. Espera impaciente la llegada de su príncipe soñado. ¡Os preguntaréis por qué! Intentaré contároslo.
En su reino, una antigua tradición obligaba a las princesas a  casarse con el príncipe que les apareciera en sueños la noche de su dieciocho cumpleaños. Durante años y años, las princesas del reino habían cumplido esta antigua tradición, e  incluso muchas no pudieron encontrar nunca al príncipe de sus sueños.»
A ver, mamá. ¿A ti te parece normal?  Esperar a los dieciocho para conocer, EN SUEÑOS, a tu futuro marido. Sigamos con el cuento
«A nuestra princesita le faltaba solo una semana para cumplir dieciocho años, y en vez de esperar con gran ilusión esa noche, en que conocería a su príncipe, paseaba cabizbaja por los jardines de palacio.
—¡OH, no, no! ¿Por qué nacería princesa? No sé con quien soñaré esa noche, pero seguro que no es mi príncipe. Sé, que cuando llegue. campanas de oro repicarán en mi corazón y un suave aroma de jazmín envolverá el ambiente. La sangre hervirá en mis venas y una alegría inmensa desbordará por todo mi ser. Solo podré conocer a mi príncipe viajando incansablemente. ¡No en un absurdo sueño! 
La noche de su cumpleaños, nuestra princesita no durmió. ¡Tendría que  casarse con el príncipe del sueño!
En la fiesta de su cumpleaños debía describir al príncipe con el que había soñado. El día entero lo pasó pensando en una descripción que no encajara con nadie que ella pudiera conocer... 
No me extraña, como decía el cuento, que la princesa no durmiera en toda la noche. Pero no por esa ñoñería.  ¿Su único problema era que debía cumplir la tradición? ¿Solo se esperaba de ella eso?¿No tenía más aspiraciones? Quería viajar para conocer a su príncipe, ¿solo para eso? ¿No sería importante, también, que conociera su reino, como vivían sus súbditos, que se podía hacer para mejorar las cosas...?

—Si mirado desde tu punto de vista... pero mi intención no era esa. —Recordaba la ilusión con la que de pequeña escuchó su cuento la primera vez, y lo que disfrutaba cuando se lo leía las innnumerables veces que se lo pidió. 

—Lo sé mamá, de buenas intenciones está el mundo lleno. Pero vamos a avanzar. Llegamos al día de su fiesta de cumpleaños cuando debe describir al príncipe:

«—El príncipe tenía un hermoso caballo negro que relucía a la luz de la luna y entre su capa llevaba un pequeño saxofón, del que salía una bella y extraña melodía.
Un murmullo irrumpió en el silencio de la sala. Nunca, nunca se había visto un príncipe que tocara ese instrumento. ¡Solo es arpa era instrumento real!
Y menos aun en un caballo negro. Desde pequeños los príncipes montaban blancas cabalgaduras, signo de poder y grandeza.
Desesperado, el rey buscó y buscó en todos los reinos un príncipe que cumpliera esas condición. Numerosos bandos colgaban en los árboles de muchos kilómetros a la redonda. 
Un día se presentó en palacio un príncipe montado en un majestuoso caballo negro y de su saxofón brotaban melodías que hacían estremecer a las estrellas.
la princesita no salía de su asombro y quiso conocer a este personaje de fantasía. Durante días y días la princesita habló y paseó con Ernest. Parecía encajar tan bien con ese príncipe con quien tanto soñaba...
Sin embargo, cuanto más lo conocía,  aunque más lo quería, un extraño miedo invadía todo su ser.»

Así que aparece su futuro marido y rompe con todos los esquemas. ¿Qué problema hay con el color del caballo? ¿Blanco sí y negro no? No sé yo... un poco racista, ¿no? Y los instrumentos musicales, ¿tienen categorías según el rango en la sociedad?

—Me parece, hija mía, que esto es sacarle punta a las palabras. —La mirada inquisidora de la crítica del cuento se clavó en las pupilas de la escritora, que se hundió en el sofá, esperando que algo se salvara de su cuento.

—Sigamos:

«Cuando el rey la llamó para que fijara la fecha de la boda, la princesita sorprendió con su respuesta:
—¡Oh, padre! ¡Cuánto lo siento! Pero no es el príncipe del sueño. Él, solía recitar largos poemas al viento y al sol y Ernest ni siquiera sabe un corto poema de amor. Yo le quiero, padre, pero no es el príncipe del sueño.
El pobre rey ya no sabía donde buscar, a quien preguntar, `pues ¿dónde se había visto un príncipe poeta?
¡¡¡¡La poesía era cosa de juglares!!!!
Pero, para sorpresa de todos. en medio de una horrible tormenta apareció un príncipe con cabalgadura negra, que al saludar descubrió bajo su capa un pequeño saxofón. Por la noche, mientras cenaban, recitó largos poemas al viento y al sol.
La princesita maravillada con la coincidencia pasó los siguientes días sin separarse de Walter, que así se llamaba.
Parecía coincidir hasta en el último detalle con sus pensamientos, sin embargo... ¿Por qué incesantemente lo comparaba con Ernest? Y si esperaba más, ¿Aparecería quien ella buscaba?»

Si obviamos el hecho de que estos principes parecen tener muy pocos quehaceres, pues se pueden permitir el lujo de viajar sin rumbo fijo para encontrar su compañera de vida. Que dicho de paso, son ellas quienes eligen, como si de un trofeo se tratara.  ¿No te chirría un poco el asunto? Además de esto,  ¿Qué problema hay en que los príncipes expresaran sus sentimientos escribiendo un poema? ¿Era un arte menor, solo de juglares?¿O es que no se les permite a los principes esa sensibilidad?

«Los miedos de la princesita volvieron nuevamente y el día que tenía que fijar la boda...
—¡Oh, padre! ¡siento deciros que no es el príncipe de mi sueño! El día de mi boda, en el sueño,  el  príncipe pasó la noche cocinando un gran pastel de chocolate y Walter... ¡Nunca quiso pisar la cocina de palacio!
El monarca no pudo evitar encolerizarse: ¡Un príncipe en la cocina, menuda desfachatez!»

 Este rey me empieza a caer mal. ¿No se da cuenta que su hija le está tomando el pelo? Y bueno,  estos herederos de reinos, ellos y ellas , qué vidas más vacías, ¿no te parece? Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere... Y bueno, eso de que los hombres no pueden estar entre fogones... eso creo que ya lo hemos superado en este siglo. ¡Menos mal!

Antes de que digas nada voy a continuar con el cuento:

«Y así, la princesita fue conociendo a numerosos príncipes que coincidían con sus peticiones ( y con sus sentimientos) pero siempre aparecía ese miedo que le atormentaba.Los quería, y al mismo tiempo quería no quererlos. Los comparaba incansablemente y no sabía cual le gustaba más y a la hora de elegir el miedo respondía por ella. Durante meses y meses. la princesita inventó raras cualidades de su príncipe.

  •  Sus príncipe era un gran pintor. ¡Solo a las princesas se les enseñaba ese gran arte!  

  • Su príncipe era diestro en hacer malabarismos. ¡Cuándo eso era ocupación del buzón del rey! 

  • Su príncipe conocía todas las constelaciones del firmamento. ¡Solo los astrónomos estudiaban y conocían los astros!  

¿Cómo iba un príncipe a perder el tiempo en esos menesteres descuidando los asuntos de gobierno? 

Pero siempre, siempre, por rara que fuera la escusa de la princesita aparecía un nuevo príncipe. Así conoció a todos  los príncipes que existían y a pesar de ello n unca calmaba esos miedos, esos temores ¿Y si conocía a otro ao que quisiera más? ¿Y si al elegir se equivocaba? ¿Y si...?Viendo que so seguía inventando personajes de cuento acabaría quedándose sin argumentos. buscó una cualidad que nadie, nadie, pudiera cumplir. 

—... Cuando miraba asus ojos, una media luna aparecía en medio de sus pupilas, una media luna dorada.  

La indignación del rey creció y creció. Parecía que con sus rugidos estallarían las paredes.»

Te olvidas que chicos y chicas pueden hacer o les pueden gustar las mismas cosas. Que cualquier persona puede elegir lo que quiere hacer en su vida. Que tu princesa tiene pocas aspiraciones o inquietudes, pero que  tus príncipes tampoco se salvan. Pocas cosas parece que pueden elegir en sus vidas. Y lleva todo el cuento, el rey de enfado en enfado. ¿Y la reina? ¿No tiene nada que decir? 

Bueno, y por fin llegamos al final: 

«Entonces, súbitamente, se abrierontodas las ventanas de palacio y entre una gran nube mágica, un hada apareció ante la princesita:

—Durante meses y meses has mentido a tu padre inventando tontas historias. has engañado con ellas a tu propio corazón. buscando sos rumbo alqo que ni siquiera tú sabías que es.
Y. el hada del buen querer castigo tu indecisión. Quieres seguridad en el amor ¿acaso asegurarías que mañana sale el sol? Por eso te maldigo: «Que conozcas muchos, muchos príncipes. Todos ellos merecedores de tu amor. Pero que no puedas querer más  que a aquel que en sus pupilas brille una media luna dorada»
Y aun sigue esperando a su príncipe, que nunca llegará pues: 
¡¡¡Qué príncipe puede tener una media luna dorada en sus pupilas!!!»

He de decirte que cambiaré un poco el  final. Un encantamiento la convierte en encantaira: legendaria criatura de la mitología aragonesa,  condenada a vivr sola eternamente, vagando incansable por las ruinas del castillo. ¿No te parece que así le damos una aire más "tradiocional" ?

—Deduzco que ya has acabado de desmontarme el cuento, ¿no? —Parecía disgustada. Se levantó con semblante triste. Cabizbaja. durante días estuvo dandole vueltas a la cabeza la tarde pasada con su hija donde le hizo una lectura totalmente diferente a lo que ella quiso expresar al escribirlo. Todo parecía ser más complicado. Escribir no solo era juntar palabras de forma que quedara un bonito escrito con un mensaje explícito. Había que fijarse lo que se decía implícitamente.

Un día llego su hija pletórica del instituto. Hablaba muy deprisa y le contaba lo bien que le había ido la exposición y la buena crítica que le había hechos sus compañeros. Había triunfado en clase. El profesor le había felicitado. La tutora decía que iban a preparar una actividad, a partir del cuento para que fueran los alumnos y alumnas de otras clases los que "desmontaran el cuento".  

Se fijó en su muñeca. La llevaba vendada. De pequeña siempre decía que se tatuaría una media luna cuando fuera mayor. ¡Seguramente no era muy realista pensarlo ahora!  Se había quedado sin cuento. Pero había servido para un buen fin, aunque no fuera el que ella imaginó.  Su hija se abrazó a ella y le transmitió toda su emoción. Toda su alegría. Sonrió. Este momento valía más que todos los cuentos que ella pudiera escribir.

🌙🌙🌙🌙

Este es uno de los cuentos que escribí, haceya muchos años, y que he "desmontado" en forma de relato para participar en el VadeReto de julio. Os dejo el enlace al blog Acervo de letras . Así podéis conocer el blog, con todos sus retos y sus relatos. Entretenimiento para cualquier noche fresquita de verano, o alguna de las más calurosas con un buen refrigerio entre las manos