martes, 31 de agosto de 2021

Las noches de Aloños

El viaje hasta Aloños fue tranquilo. Le encanta conducir y el paisaje acompañó desde medio camino. De las cuatro horas que duró el viaje, más de la mitad discurrió entre montañas, más cerca más lejos. Verde a izquierda y derecha. Nada parecido al secarral de donde veníamos.

La idea de ir a Cantabria fue suya. Quería alejarse del calor, de los días abrasadores y las noches agobiantes. Por más que abrías la ventana ni una gotita de fresquito venía a acompañar nuestro descanso, eso si conseguías hacerlo.  A mí, la playa me pierde. Verdad es que cerca teníamos maravillosas playas, pasamos por Somos, su gran oleaje ese día permitía practicar surf, o Noja de la que pude apreciar su magnífica playa con forma de concha. Ah, sin olvidarnos de Santander que la teníamos a poco más de media hora.  Pero el calorcito del sol, este que te acaricia al principio y al rato te quema, de las playas del mediterráneo, ese, aquí brillaba por su ausencia.

 Pero bueno, tal vez necesitábamos disfrutar un poco del frío y volver a entrar en calor como pareja; todo parecía estar acabado. Era un último intento. Por eso después de mucho discutir y buscar opciones, acepté este destino.

 Habíamos alquilado una típica cabaña cerca del río. Desde la segunda planta abuhardillada se veía al fondo su famoso hayedo, por las ventadas de la planta baja, casi podíamos tocar los árboles del monte. Nada más entrar me enamoré de ella. Su aire rústico, su olor característico, y el gran ventanal de la planta superior. Que cubría toda la fachada abriéndote la vista a parte del valle. Tranquilidad. Paz.

Pero el móvil de Cris sonó y toda la magia del momento desapareció. Tras acabar su llamada, su cara había cambiado, buscó discutir por cualquier motivo y acabó diciendo que se iba, que no iba a funcionar. Llamó un taxi y se metió a la ducha. Su móvil volvió a sonar. Sin pensarlo dos veces descolgué la llamada.

—¿Le has contado ya lo nuestro a Alex? — Su voz cortante me llenó de rabia.

—La verdad, no lo ha hecho. Pero puedes hacerlo tú —le contesté friamente.

Colgó sin decir nada más. Al salir del baño, mientras Cris se vestía en silencio, volvió a llamar. Al acabar su conversación todo había terminado. Me miró, no sé si su mirada era triste, decepcionada, avergonzada, arrepentida. Callaba.

—Da igual, Cris. No necesito que me cuentes nada. Hubiera estado bien que me lo contases, pero ya da igual. — Le miré fijamente a los ojos.

—Ya ha llegado el Taxi. —Por lo visto, poca intención llevaba de dar explicaciones. —Abrió la puerta sin mirar atrás.

—¡Adiós! —Cerré con un portazo en cuanto cruzó la puerta. Cerraba de paso nuestra relación. Lo sabía.

Allí me quedé. En medio de las montañas, al lado de un río, oliendo a boñiga de vaca, rodeada de pastos con su ganado paciendo. Mientras deshacía las maletas y organizaba la poca comida que habíamos traído para pasar el día. Lloré sin parar de rabia e impotencia. Por haber sido tan idiota, por no haber visto lo que estaba pasando.

 Al asomarme al gran ventanal, la puesta del sol me sorprendió. Rompiendo al fondo con las laderas del hayedo, el cielo perdía su tono azul y se pintaba de colores. Oscurecía, pequeñas lucecitas se encendían de casa en casa. Poco a poco los demás sonidos que me habían acompañado hasta entonces fueron cesando. Cencerros del ganado, algún valido, los perros ladrando, el piar de los pájaros, voces a lo lejos…

Soplaba un airecillo, que acariciaba al tocar la piel. El olor a hierba fresca me invitó a salir. Me senté en la escalera de la entrada y miré al cielo.

—Aquí no verás las estrellas, nos las tapan las nubes. —Levanté la vista en dirección a la voz.

—¡Buenas Noches! ¿Y tú quién eres? —Ante mí tenía un niño de unos siete años, menudo, asustadizo, pero decidido a quedarse conmigo.

—Soy Mario. ¿Has venido a vivir al pueblo?

—Solo de vacaciones. Me han dicho que aquí las noches son tranquilas y silenciosas.

—Pues te han engañado —me dijo sonriendo.

—¿Sí? —asintió con la cabeza.

—Concéntrate en tu oído derecho, ¿qué oyes?

—Agua.

—Es el río Junquera, mi abuelo decía que era “el discurrir del agua, su roce con las piedras al recorrerlo incesante” —Me puso el dedo en los labios para que me callara —si estamos en silencio oiremos la sinfonía de la noche.

–¿Eso también lo decía tu abuelo? —pregunté en un susurro. Mario afirmó sonriendo.

Me enseñó a diferenciar el ulular del Búho del silbido de la lechuza y del canto del autillo, que era como un aullido de lobo, un triste aullido. Estábamos a un paso de un camino con árboles y pastos a los lados. Cada pequeño movimiento de los árboles le producía una sonrisa.

      —La noche nunca calla. Escucha los árboles. Ese silbido es el aire entre las hojas, ¿lo oyes? ¿Distingues el roce de una rama con otra, mecidas por él? —me miraba haciendo el gesto de “silencio” y estábamos unos minutos en silencio hasta que descubría otro sonido que enseñarme.

—Sabes, lo que más me extraña es no oír a los grillos, ¿cantan de noche, no? —Soltó una carcajada.

—No, no, los grillos no tienen cuerdas vocales. El  yayo decía que el sonido lo hacían con las alas. Pero ya no quedan.

—¡Ah no! ¿Y eso?

—Por lo visto, algún des-pren-sivo… —Le corregí riendo con él.

—¿Desaprensivo?

—Sí eso ¡Que no me salía? Pues eso, alguien soltó unas Garcillas, y como no son pájaros de Cantabria han acabado con los grillos.

—Vaya, cuántas cosas sabes.

—Sí, mi abuelo sabía mucho. Nos íbamos con él al Hayedo, allí lejos —dijo señalando con el dedo— y nos contaba mil historias. A veces acampábamos con él y otros padres y madres. Siempre jugábamos a escuchar en el silencio.

—Mira, ese gato nos mira desde ese árbol. —Susurró emocionado.

—No es un gato, fíjate en su cola…

—¡Es verdad! Es más larga y frondosa.

—Si, es super tupida… es una jineta. “La bella cazadora” caza roedores. Antiguamente era como los gatos ahora, vivía con los humanos. Ahora se ha hecho solitaria, sale de noche. Ves ahí —dijo señalando a mi izquierda—suele merodear por esa casa abandonada. Pero solo se acerca cuando estoy solo y no me muevo. Ahora ya no volverá hasta que no vayamos.

Estuvimos un rato en silencio. De vez en cuando me miraba. Pero no decía nada. De pronto le llamaron y echó a correr hacia casa.

Me quedé un poco más oyendo el discurrir del río. Las noches y sus misterios habían conseguido tranquilizarme, serenarme.

—¿Tú eres Alex? —asentí levantándome— no sé que le has contado pero se ha ido a la cama contentísimo.

—Yo poco he contado, ha sido él. Me ha enseñado a escuchar la oscuridad.

—¡Qué me dices! —Noté que se emocionaba— lleva más de dos meses sin hablar, desde que su abuelo murió. Él sabía mucho de la naturaleza y a Mario le gustaba escucharle.

—Me lo ha dicho. Lo ha nombrado muchas veces.

Todas las vacaciones tuve la compañía de Mario en un momento u otro del día.

Fueron las mejores vacaciones en mucho tiempo. Cantabria conquistó mi corazón. Volví a casa con las ideas muy claras y el pasado cerrado. Mario acompañó con sus historias casi todas las noches, me ayudó a no hundirme en mi pérdida y  a mirar hacia delante. Sin pena ni rencor. Seguro que todavía me quedan muchos sonidos de la noche por descubrir.

 👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀👀

Participo con este relato en la convocatoria de agosto de VadeReto del blog 
 "Acervo de letras"
Aahora voy a pasearme pòr los blogs de los demás participantes, 
seguro que me sorprenden gratamente.
Este verano he estado en ese maraavilloso pueblo cántabro y en una preciosa cabaña rústica.
Quería compartir un poquito de mis vacaciones.
¿Cómo os ha ido el verano?



jueves, 15 de julio de 2021

VadeReto

                                                        Imagen de Arek Socha en Pixabay

Tras conocer el rincón mágico de David Rubio Sánchez, "El tintero de Oro" y participar en alguna de su propuestas, he recibido, en  este mi blog, numerosas visitas de maravillosos rincones, donde sus dueñas, dueños,  dan rienda suelta a su imaginación literaria. Una de esas visitas la recibí de JM Vanjav y gracias a su blog "Hasta en 500 palabras +" he conocido otro espacio digno de visitar " Acervo de letras" que nos propone mes a mes una sugerencia para soltar la pluma y escribir sin censura, VadeReto. (La imagen la he sacado de su blog)
Para este mes de julio nos propone construir un relato a partir de la siguiente introducción:

"Después de una catástrofe mundial, la Tierra está desolada. Según todos los indicios, eres la última persona viva en el mundo. Estás encerrado en tu casa, dentro de tu habitación, cansado de vagar solo por parajes desiertos, pensando con desesperanza en tu futuro. En ese momento, unos golpes llaman a la puerta…!

Espero que mi propuesta os guste y no dudéis en visitar los lugares que os he sugerido, os gustarán. 

Detrás de la puerta

Llevaba días vagabundeando por las calles. Iba y venía con el coche buscando, llamando a puertas, entrando en casas ajenas, intentando encontrar un teléfono que funcionara, una radio o una televisión que emitiera noticias, alguien o algo que le explicara lo que estaba pasando. Ni un ser vivo había encontrado en los tres días que llevaba de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. Nadie. Como si se los hubiera tragado un agujero negro, como si hubieran sido abducidos por los extraterrestres.

Todo lo demás intacto.  Edificios, casas, comercios, coches, autobuses… todo quieto, parado, en silencio, esperando una mano amiga que  reiniciase el movimiento.

Cada noche, una casa diferente le daba cobijo. Un hogar que antes había pertenecido a los dueños de las fotos expuestas, a veces, estratégicamente por la estancia.  ¿Dónde estaban esas personas?  Para saciar cual necesidad o capricho solo tenía que ir a cogerlo, le esperaban abiertos, para regalarle lo que necesitara, establecimientos y comercios varios. Todo parecía estar intacto, sin embargo todo estaba yermo. Ni una sola huella de vida.

Tumbado en el sofá de esta nueva casa “ocupada” le sorprendió el ruido de la puerta. ¿Quién llamaba? ¿Quién llamaba… pero había alguien que pudiera llamar?

Pasó de la euforia de pensar que no estaba solo a sentir la sangre helada imaginando lo que podría esperarle al otro lado de la puerta. Pero el pomo de la puerta se movió y la puerta dejó ver lo que le había dejado pegado al suelo sin poder reaccionar.

—¿Pero, qué haces tú aquí? —Justo cuando parecía que salía de su estado de shock todo se puso oscuro, giraba muy deprisa…  antes de poder contestar calló desplomado en el suelo.

Le despertó el olor a chorizo y huevo frito, envuelto con el aroma a café recién hecho. Por un momento le pareció que todo había sido un mal sueño. Pero no, esa no era su casa.

—Justo a tiempo para almorzar —le dijo sonriendo su inesperada visita.

—De todas las personas del mundo que hubiera pensado encontrarme, tú, no estabas entre ellas  —contestó desolado.

—¡Vaya, gracias! —Le sonrió irónicamente—. ¿Gustas?

Seis años hacía que no se veían y al mirarla a los ojos aquel fuego que sintió entonces parecía querer volver a encenderse. Ni todo lo pasado los últimos días, ni los años de diferencia entre ellos, obstáculo que los separara entonces, aplacaban la atracción que siempre había habido entre ellos cada vez que se miraban. Era una magia indescriptible, una conexión indescifrable que los unía. Los atraía. El silencio los envolvió mientras disfrutaron de la primera comida grata en muchos días.

Después se contaron una a otro lo que habían vivido, visto, pensado, hecho… desde que despertaran en sus casas hacía ya tres largos días.

—Paradójico, ¿eh? —Ella había cambiado de expresión, se relajó y sentándose el porche de la puerta charlaron tranquilos.

 

Se habían conocido hacía unos seis años. Maestra en un centro de adultos, lo conoció, como alumno, intentando sacar la obligatoria para conseguir un trabajo. Le gustaba la forma en que la miraba, desde el fondo de sus ojos, como si adivinara sus pensamientos. Le hacía sentir viva, deseada. Enseguida un hilo invisible pareció unirlos Las miradas se hacían eternas, delataban sentimientos; las sonrisas ahogaban palabras que no se atrevían a dejar escapar. Casada, con dos hijos, más de cuarenta… hacía verdaderos esfuerzos para controlar el torrente de sentimientos que estar cerca de él le provocaba. ¿Pero en qué estaba pensando?

Aun no tenía los treinta, y desde que conectaran el primer día, con aquella broma estúpida, lo tenía embrujado. Le encantaba su sentido del humor, verse reflejado en sus pupilas y esa manera suya de tratarlo, de hacerle sentir adulto. ¿Nadie se daba cuenta que ya era todo un hombre?  Entre ellos paseó el deseo de lo prohibido, las ganas de lo añorado, enamoramiento mal gestionado, un mal entendido amor.  Sus miradas se buscaban por los pasillos y en clase de broma en broma se insinuaban más de lo que quisieran. Pero el curso terminó. Y cada uno siguió con sus vidas, aplacando lo que sentían en el olvido. Con la rutina.

—Parece que somos los únicos seres vivos del planeta —Ella volvió a la realidad.

—Eso parece —contestó abatida.

—Creo que tenemos una misión muy importante que hacer por la humanidad. Tal vez seamos el último hombre y la última mujer, si no ponemos remedio…

 

Su cara lo dijo todo…Ella explotó en una carcajada contagiosa.

—¿En serio puedes pensar en eso ahora?

Sí. Se le pasó por la cabeza y durante el resto del día hablaron todo lo que entonces eludieron hablar. La piel erizada, el corazón latiendo deprisa y la cabeza fantaseando con lo que hubiera podido pasar, lo que quisieron que hubiera pasado, lo que querían que ahora pasara, lo que podría pasar.

Sí. Se hubieran dejado llevar por todo lo que el cuerpo les pedía pero alguien llamaba a la puerta de nuevo.

Mientras veían girar el pomo de la puerta, ella recordó cuantas veces deseó un mundo en el que sus sentimientos tuvieran cabida. Mundo para los dos, donde no hubiera obstáculos para dar rienda suelta a toda la tensión que acumulaba tan solo con pensar en él… Y ahora fue ella la que se desplomó sobre el suelo, antes de que la puerta acabara de abrirse.


domingo, 13 de junio de 2021

¿Te gustaría tener poderes mágicos?



Con este relato paraticipo en esta edicicón de "El Tintero de Oro"

Después de una magnífico artículo sobre Roald Dahl y su obra, David Rubio, nos propone un concurso literario. Os dejo  el enlace para que conozcáis el sitio, os gustará.

Como en otras ocasiones, su propuesta es ponerte a prueba con un reto. Lo mejor de todo es que entrarás a formar parte de una rueda de comentarios que serán lo mejor de tu participación en el concurso. A mí, por lo menos , eso me motiva. 

🔆🔆🔆🔆

El poder de la mirada

 Acabo de volver la esquina, ya se ve la puerta del cole. Ahí están, me esperan fuera. El aire empieza a faltarme, me cuesta respirar. El corazón ha empezado a galopar en mi pecho y un pitido ensordecedor en los oídos me impide escuchar hasta el ruido de los coches. Ya los tengo cerca, se ríen. Bueno, se mofan de mí. Las piernas me flojean, me sudan las manos y la vista empieza a nublarse. Pero hoy, no bajaré la cabeza, como dice mamá, le desafiaré con la mirada. Lo tengo delante, a menos de un metro y, aunque estoy aterrado, temblando por el miedo, le miro fijamente y solo pienso cuánto me gustaría que se sintiera como yo. «¡Ojalá sintieras mi miedo, mi ansiedad, mi vergüenza, esta angustia que acabará en una humedad caliente entre mis piernas para terminar cayendo, perdiendo por segundos el sentido! ¡Siéntelo!»

Y de pronto no noto la humedad, no pierdo el conocimiento, pero tú te meas encima y todos se te ríen. ¿Qué ha pasado? No me quedo a comprobarlo. Os olvidáis de mí y aprovecho para entrar en el cole. Oigo las risas y escarnios de todos los que esperaban que, como todos los días, fuera yo el que mojara los pantalones y se cayera redondo al suelo, para levantarme aturdido entre los que me miran con pena y los que se marchan satisfechos de su hazaña. Culpables unos y otros. Cobardes.

Entras tarde a clase. No te miro. Sigo con la tarea, como si no fuera conmigo nada de lo que hemos compartido antes.

A la hora del recreo, de nuevo la angustia empieza a apoderarse de mí. Hoy tocaba bocadillo de atún y no le he dicho nada a mi madre. Así que cuando me lo pidas…  Pero no estás esperándome bajo el árbol, uno de tus lugares de tortura. Me voy a dar la vuelta a la manzana, seguro que estáis allí, esperando. No sé por qué voy, ¿qué pasaría si no fuera?

Aflojo el paso, oigo voces. Os reís. Lo que oigo me es familiar: risas, burlas, amenazas, insultos.

Me asomo despacito. Solo la cabeza. Me oculto tras el tronco de uno de los árboles. Estáis con Félix. «¡Vaya, no soy al único al que martirizan! —resuena en mi cabeza—.» Y la rabia se apodera de mí.

También estoy aterrado, sí. Si me ven no sé qué me harán. No puedo echar a correr para avisar a los profesores. Mis piernas parecen haberse quedadas pegadas al suelo. Y, entonces, empiezo a hablar en mi cabeza con Félix. Él vuelve la cabeza y me ve. Dejo el árbol y desde lejos le miro a los ojos y le increpo en silencio: «¡Vamos, Félix! Mírale a los ojos y hazle saber cómo te sientes. Que sepa el terror que te envuelve, la vergüenza de sentirte humillado, la tristeza de no entender porqué te lo hacen. ¡Míralo y díselo!»

 Y tú, diriges la mirada hacia él, que al verme, ha cesado un poco en sus escarnios, mientras yo sigo hablándote en mi cabeza. Alfonso vuelve a mearse encima y su cara cambia de lobo a cordero. Me mira, acobardado, sobrecogido y echa a correr. Sus amigos de fechorías te dejan allí, solo, y corren en dirección contraria, tronchándose.

Me miras al pasar junto a mí. No entiendes lo que ha pasado. Yo tampoco.

No me entero de nada en clase. El tiempo pasa lento. Y solo tengo ganas de que venga mamá y me explique qué me pasa. Al sonar el timbre echo a correr y allí está. Apoyada en el coche. Me abrazo a ella y le oigo despedirse de la madre de Alfonso. Se agacha para ponerse a mi altura y mirándome a los ojos me dice:

—No traes la bolsa con la ropa mojada. —Niego con la cabeza—. Hoy has enfrentado tu miedo.

—¿Qué es esto mamá? –La miro aterrado—. Creo que le he hecho sentir todo mi infierno.

—¿Sabes? Hoy has descubierto tu mejor arma en la vida. Yo también tengo esa capacidad. Puedes hacer sentir a los demás lo que tú sientes, pero es un arma peligrosa si la usas sin control. Eres capaz de transmitir tu odio, tu rabia, tu egoísmo, aunque también tu amor, tu alegría… Puedes hacer mucho mal. O mucho bien. Debes aprender a dominarlo.

—¡Vamos a casa, mamá!

No sé qué pasará mañana en el cole. Con Alfonso. Con Félix. Conmigo. Pero esa sensación de poder, de dominio, a la vez que me asusta me hace sentir protegido. Normal.

 Tal vez, por fin, podré ir al colegio y disfrutar con mis compañeros. Tal vez podré volver a casa y compartir con mamá lo que aprendí o lo bien que lo pasamos en el patio y cuando toque, por qué no, mis riñas, los malos momentos. Blanco y negro, con sus matices, a partes iguales.

domingo, 23 de mayo de 2021

Las fobias que nos envuelven




Hace tienpo que sigo este blog "EL TINTERO DE ORO". Lanza muchas  propuestas de escritura creativa, donde propone retos a partir de  un disparador inspirativo y una serie de normas, pero luego tienes toda la libertad del mundo para crear. Este, en  concreto,  consiste en escribir un microrelato alrededor del tema de las fobias. Os dejo aquí  el enlace a la concocatoria por si quieres más información.
Esta es mi primera participación en uno de sus retos y espero estar a la altura. Porque como os digo, me he paseado y he leído algunos relatos en otras ediciones y hay mucho talento colaborando con David Rubio Sánchez autor del blog

Para mi relato me he basado en una fobia singular: La tripofobia.  Se trata del miedo o repulsión a las figuras geométricas muy juntas.
Especialmente hoyos pequeños, aunque también pueden ser rectángulos pequeños o círculos convexos. Colmenas, esponjas, burbujas… Aunque la rosa del Nilo suele ser una de las imágenes más espeluznantes para los usuarios. Me enteré de esta fobia porque uno de mis alumnos me contó que la tenía. ¡Qué curioso!
¡Gracias por leerme y dejarme tu opinión!
🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞🌞

Claudia, ¿qué te asusta?

Claudia iba pegadita a mí, en su mochila. Le encanta ir allí, cerquita de mi corazón, sintiéndome respirar. A mí, me pasa lo mismo, me tranquiliza sentirla junto a mi pecho respirando las dos al mismo ritmo

 En el piso, Patricia, de la inmobiliaria, y yo hemos hablado tranquilamente de los términos del contrato.

A medio pasillo, Claudia se ha despertado tranquila, feliz, gorgoteando como siempre. Como si me saludara.

Jugueteaba con ella cuando al entrar a uno de los dormitorios ha empezado a intranquilizarse, moviendo la cabecita y manoteando, mordiéndose las manitas, pataleando… yo intentaba calmarla, no había nada en la habitación que pudiera asustarla; se reflejaban en las paredes diminutos agujeritos, efecto del sol al pasar a través de las persianas a medio bajar, no era una luz excesiva que pudiera molestarla.

Al salir al pasillo se ha tranquilizado. Sin embargo,  entrando al salón otra vez ha vuelto su desasosiego, pero esta vez llorando desconsoladamente.

No lo entiendo. Al pasar la luz a través de la cristalera del salón, cubierta con un vinilo de figuras geométricas, las paredes se teñían de múltiples figuritas, como pequeños agujeritos informes de colorines. Era un efecto mágico.

He querido seguir con la visita pero en cuanto entraba en una habitación lloraba aterrada, presa de un pánico que me transmitía a través de todo su cuerpecito.

 Me he despedido. Ya fuera, más tranquila, me ha mirado con sus ojitos llorosos y, poco a poco, se ha quedado plácidamente dormida. 


sábado, 24 de abril de 2021

El hada de mi cuento

Cuando miramos al cielo,  vemos la armonía del universo: la situación de las estrellas formando constelaciones, planetas girando cerca de algún satélite, la Tierra junto al sol y la luna …
Cuando por la noche alzamos la vista y ese gran manto aterciopelado ilumina la oscuridad, nunca pensamos cómo ha llegado a estar todo tan perfectamente ordenado.
💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕

        Cuenta una antigua leyenda que al principio de los tiempos. cuando empezaron los cataclismos y el mundo empezó a formarse, el caos reinaba en el firmamento. Planetas apelotonados unos con otros, estrellas discutiendo por estar aquí o allá, nubes paseando sin saber a donde ir... 

 ¡Vaya follón se montó en varios siglos!

Las hadas y los duendes reían divertidos y esperaban ver como la madre naturaleza resolvía ese entuerto.
Sin embargo, una pequeña hada miraba triste a su alrededor  y pensaba como arreglar ese lío. 
     

   
A
sí fue como, poco a poco, día a día, en una silenciosa labor, fue colocando las estrellas, los planetas, los satélites, las nubes... en lugares determinados.  Cierto que no estaban fijos en el cielo, seguían moviéndose aunque guardando una cierta armonía. 
Nunca se supo como convenció a cada estrella para ocupar su lugar, como hizo que los cabezotas planetas se dejaran de discusiones por quién tenía uno u otro satélite más cerca o como consiguió que las volátiles nubes dejaran de danzar y le ayudaran.
Pero, aunque parezca que ya nadie se acuerda de ella, aún sigue luchando contra los nuevos elementos que aparecen, para que se coloquen en orden y no estropeen el equilibrio del universo. 

No creas que solo se necesitan hadas en el cielo, seguro que cerca de ti hay un "hada" trabajando en silencio para que en su universo particular se disfrute de  cierta armonía. 

O acaso,
¿No serás tú un "hada"?

(Sé que me adelanto,
 pero feliz día de la madre a todas las mamis que me leáis
 y a las que no también.)
💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖