domingo, 13 de junio de 2021

¿Te gustaría tener poderes mágicos?



Con este relato paraticipo en esta edicicón de "El Tintero de Oro". 

Después de una magnífico artículo sobre Roald Dahl y su obra, David Rubio, nos propone un concurso literario. Os dejo  el enlace para que conozcáis el sitio, os gustará.

Como en otras ocasiones, su propuesta es ponerte a prueba con un reto. Lo mejor de todo es que entrarás a formar parte de una rueda de comentarios que serán lo mejor de tu participación en el concurso. A mí, por lo menos , eso me motiva. 

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El poder de la mirada

 Acabo de volver la esquina, ya se ve la puerta del cole. Ahí están, me esperan fuera. El aire empieza a faltarme, me cuesta respirar. El corazón ha empezado a galopar en mi pecho y un pitido ensordecedor en los oídos me impide escuchar hasta el ruido de los coches. Ya los tengo cerca, se ríen. Bueno, se mofan de mí. Las piernas me flojean, me sudan las manos y la vista empieza a nublarse. Pero hoy, no bajaré la cabeza, como dice mamá, le desafiaré con la mirada. Lo tengo delante, a menos de un metro y, aunque estoy aterrado, temblando por el miedo, le miro fijamente y solo pienso cuánto me gustaría que se sintiera como yo. «¡Ojalá sintieras mi miedo, mi ansiedad, mi vergüenza, esta angustia que acabará en una humedad caliente entre mis piernas para terminar cayendo, perdiendo por segundos el sentido! ¡Siéntelo!»

Y de pronto no noto la humedad, no pierdo el conocimiento, pero tú te meas encima y todos se te ríen. ¿Qué ha pasado? No me quedo a comprobarlo. Os olvidáis de mí y aprovecho para entrar en el cole. Oigo las risas y escarnios de todos los que esperaban que, como todos los días, fuera yo el que mojara los pantalones y se cayera redondo al suelo, para levantarme aturdido entre los que me miran con pena y los que se marchan satisfechos de su hazaña. Culpables unos y otros. Cobardes.

Entras tarde a clase. No te miro. Sigo con la tarea, como si no fuera conmigo nada de lo que hemos compartido antes.

A la hora del recreo, de nuevo la angustia empieza a apoderarse de mí. Hoy tocaba bocadillo de atún y no le he dicho nada a mi madre. Así que cuando me lo pidas…  Pero no estás esperándome bajo el árbol, uno de tus lugares de tortura. Me voy a dar la vuelta a la manzana, seguro que estáis allí, esperando. No sé por qué voy, ¿qué pasaría si no fuera?

Aflojo el paso, oigo voces. Os reís. Lo que oigo me es familiar: risas, burlas, amenazas, insultos.

Me asomo despacito. Solo la cabeza. Me oculto tras el tronco de uno de los árboles. Estáis con Félix. «¡Vaya, no soy al único al que martirizan! —resuena en mi cabeza—.» Y la rabia se apodera de mí.

También estoy aterrado, sí. Si me ven no sé qué me harán. No puedo echar a correr para avisar a los profesores. Mis piernas parecen haberse quedadas pegadas al suelo. Y, entonces, empiezo a hablar en mi cabeza con Félix. Él vuelve la cabeza y me ve. Dejo el árbol y desde lejos le miro a los ojos y le increpo en silencio: «¡Vamos, Félix! Mírale a los ojos y hazle saber cómo te sientes. Que sepa el terror que te envuelve, la vergüenza de sentirte humillado, la tristeza de no entender porqué te lo hacen. ¡Míralo y díselo!»

 Y tú, diriges la mirada hacia él, que al verme, ha cesado un poco en sus escarnios, mientras yo sigo hablándote en mi cabeza. Alfonso vuelve a mearse encima y su cara cambia de lobo a cordero. Me mira, acobardado, sobrecogido y echa a correr. Sus amigos de fechorías te dejan allí, solo, y corren en dirección contraria, tronchándose.

Me miras al pasar junto a mí. No entiendes lo que ha pasado. Yo tampoco.

No me entero de nada en clase. El tiempo pasa lento. Y solo tengo ganas de que venga mamá y me explique qué me pasa. Al sonar el timbre echo a correr y allí está. Apoyada en el coche. Me abrazo a ella y le oigo despedirse de la madre de Alfonso. Se agacha para ponerse a mi altura y mirándome a los ojos me dice:

—No traes la bolsa con la ropa mojada. —Niego con la cabeza—. Hoy has enfrentado tu miedo.

—¿Qué es esto mamá? –La miro aterrado—. Creo que le he hecho sentir todo mi infierno.

—¿Sabes? Hoy has descubierto tu mejor arma en la vida. Yo también tengo esa capacidad. Puedes hacer sentir a los demás lo que tú sientes, pero es un arma peligrosa si la usas sin control. Eres capaz de transmitir tu odio, tu rabia, tu egoísmo, aunque también tu amor, tu alegría… Puedes hacer mucho mal. O mucho bien. Debes aprender a dominarlo.

—¡Vamos a casa, mamá!

No sé qué pasará mañana en el cole. Con Alfonso. Con Félix. Conmigo. Pero esa sensación de poder, de dominio, a la vez que me asusta me hace sentir protegido. Normal.

 Tal vez, por fin, podré ir al colegio y disfrutar con mis compañeros. Tal vez podré volver a casa y compartir con mamá lo que aprendí o lo bien que lo pasamos en el patio y cuando toque, por qué no, mis riñas, los malos momentos. Blanco y negro, con sus matices, a partes iguales.

domingo, 23 de mayo de 2021

Las fobias que nos envuelven




Hace tienpo que sigo este blog "EL TINTERO DE ORO". Lanza muchas  propuestas de escritura creativa, donde propone retos a partir de  un disparador inspirativo y una serie de normas, pero luego tienes toda la libertad del mundo para crear. Este, en  concreto,  consiste en escribir un microrelato alrededor del tema de las fobias. Os dejo aquí  el enlace a la concocatoria por si quieres más información.
Esta es mi primera participación en uno de sus retos y espero estar a la altura. Porque como os digo, me he paseado y he leído algunos relatos en otras ediciones y hay mucho talento colaborando con David Rubio Sánchez autor del blog. 

Para mi relato me he basado en una fobia singular: La tripofobia.  Se trata del miedo o repulsión a las figuras geométricas muy juntas.
Especialmente hoyos pequeños, aunque también pueden ser rectángulos pequeños o círculos convexos. Colmenas, esponjas, burbujas… Aunque la rosa del Nilo suele ser una de las imágenes más espeluznantes para los usuarios. Me enteré de esta fobia porque uno de mis alumnos me contó que la tenía. ¡Qué curioso!
¡Gracias por leerme y dejarme tu opinión!
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Claudia, ¿qué te asusta?

Claudia iba pegadita a mí, en su mochila. Le encanta ir allí, cerquita de mi corazón, sintiéndome respirar. A mí, me pasa lo mismo, me tranquiliza sentirla junto a mi pecho respirando las dos al mismo ritmo

 En el piso, Patricia, de la inmobiliaria, y yo hemos hablado tranquilamente de los términos del contrato.

A medio pasillo, Claudia se ha despertado tranquila, feliz, gorgoteando como siempre. Como si me saludara.

Jugueteaba con ella cuando al entrar a uno de los dormitorios ha empezado a intranquilizarse, moviendo la cabecita y manoteando, mordiéndose las manitas, pataleando… yo intentaba calmarla, no había nada en la habitación que pudiera asustarla; se reflejaban en las paredes diminutos agujeritos, efecto del sol al pasar a través de las persianas a medio bajar, no era una luz excesiva que pudiera molestarla.

Al salir al pasillo se ha tranquilizado. Sin embargo,  entrando al salón otra vez ha vuelto su desasosiego, pero esta vez llorando desconsoladamente.

No lo entiendo. Al pasar la luz a través de la cristalera del salón, cubierta con un vinilo de figuras geométricas, las paredes se teñían de múltiples figuritas, como pequeños agujeritos informes de colorines. Era un efecto mágico.

He querido seguir con la visita pero en cuanto entraba en una habitación lloraba aterrada, presa de un pánico que me transmitía a través de todo su cuerpecito.

 Me he despedido. Ya fuera, más tranquila, me ha mirado con sus ojitos llorosos y, poco a poco, se ha quedado plácidamente dormida. 


sábado, 24 de abril de 2021

El hada de mi cuento

Cuando miramos al cielo,  vemos la armonía del universo: la situación de las estrellas formando constelaciones, planetas girando cerca de algún satélite, la Tierra junto al sol y la luna …
Cuando por la noche alzamos la vista y ese gran manto aterciopelado ilumina la oscuridad, nunca pensamos cómo ha llegado a estar todo tan perfectamente ordenado.
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        Cuenta una antigua leyenda que al principio de los tiempos. cuando empezaron los cataclismos y el mundo empezó a formarse, el caos reinaba en el firmamento. Planetas apelotonados unos con otros, estrellas discutiendo por estar aquí o allá, nubes paseando sin saber a donde ir... 

 ¡Vaya follón se montó en varios siglos!

Las hadas y los duendes reían divertidos y esperaban ver como la madre naturaleza resolvía ese entuerto.
Sin embargo, una pequeña hada miraba triste a su alrededor  y pensaba como arreglar ese lío. 
     

   
A
sí fue como, poco a poco, día a día, en una silenciosa labor, fue colocando las estrellas, los planetas, los satélites, las nubes... en lugares determinados.  Cierto que no estaban fijos en el cielo, seguían moviéndose aunque guardando una cierta armonía. 
Nunca se supo como convenció a cada estrella para ocupar su lugar, como hizo que los cabezotas planetas se dejaran de discusiones por quién tenía uno u otro satélite más cerca o como consiguió que las volátiles nubes dejaran de danzar y le ayudaran.
Pero, aunque parezca que ya nadie se acuerda de ella, aún sigue luchando contra los nuevos elementos que aparecen, para que se coloquen en orden y no estropeen el equilibrio del universo. 

No creas que solo se necesitan hadas en el cielo, seguro que cerca de ti hay un "hada" trabajando en silencio para que en su universo particular se disfrute de  cierta armonía. 

O acaso,
¿No serás tú un "hada"?

(Sé que me adelanto,
 pero feliz día de la madre a todas las mamis que me leáis
 y a las que no también.)
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domingo, 21 de marzo de 2021

Blogueros por el mundo

En diciembre de 2019 decidí empezar a formar parte de la blogosfera. Tenía y tengo un par de blogs de educación, un poco parados en estos momentos pero que he utilizado mucho en cursos pasados. Sin embargo,  después de muchos paseos por la red, mirando y observando, lo que quería era que se leyera lo que había escrito durante tanto tiempo y que guardo como un tesoro. Quería formar parte activa de toda la red de blogs que estaba descubriendo.  Así que mi mayor empeño era tener seguidores que me leyeran. Puse en marcha de nuevo mi blog de escritura "A orillas del Oria" y le empecé a meter horas al de lectura, "Hasta casi cien libros", que empezó como un simple recopilatorio de mis libros, como mi propia biblioteca "On Line".
Después de todo este año, de todas las horas invertidas, estoy muy contenta porque he conseguido seguidores, pero lo que de verdad me alegra es que tengo lectoras y lectores, que me comentan asiduamente. Esto me hace sentirme presente en la red. ¡Gracias a todas y todos que lo hacéis posible!
A principios de año, me visitó Karen, del blog literario Entre Letras, un blog donde seguramente disfrutarás como lo he hecho yo visitándolo, y me recordó una iniciativa a la que me apunté "Mapa de Blogs Hispanos" surgida para ayudar a hacer visibles y conocer diferentes blogs. Este mapa bloguero, al parecer está parado, y ella ha decidido emprender una nueva aventura  "BLOGUEROS POR EL MUNDO".      A mi me parece una propuesta fresca e interesante, para conocer y darnos a conocer y así conseguir los tan preciados lectores que nos gusta, y a la vez, como no, conoceremos , sin duda páginas interesantes donde pasar buenos ratos.

Por eso hoy le dedico  parte de
la entrada a Karen, esperando que encuentre el apoyo necesario para llevar adelante su empresa. ¡Suerte Karen!!!


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Y, para dejaros una semillita mía, os redirijo, si tenéis tiempo, a la página de mi blog donde indexo los cuentos que voy rescatando del recuerdo entre mis papeles. 
Me encantaría que eligieras uno y me dejaras tu opinión, 
estaré encantada de saber que lo has leído. 
¡Feliz primavera!

domingo, 7 de marzo de 2021

A orillas del Oria

Llevo  un mes en dique seco. No tengo ánimos de escribir.  Estoy como vacía. Me siento triste, perdida, culpable, decepcionada... 
Me asomo al blog, y cada vez que  veo un nuevo comentario, me siento dichosa, querida. 
Abrí esta página, para compartir al mundo tantos y tantos sentimientos que durante un largo periodo de mi vida, convertí en cuentos y poemas. Incluso tres intentos de novelas duermen entre mis papeles guardados. Algunos de mis escritos los presenté a concursos literarios, aunque nunca obtuve premio o mención. Gente de mi entorno, amigos, seres queridos, algo leyeron y en su memento me animaron a seguir escribiendo. 
Francamente, para mí fueron una válvula de escape a la soledad. 
Al empezar a construir el blog fui conociendo otras bitácoras e iniciativas de escritura creativa, y me enganché a este nuevo mundo. Inicié un reto de escritura de 52 semanas, muy intenso y quise darme a conocer, encontrar seguidores. Ha sido un año largo, muchas horas metidas al blog y muchas satisfacciones.

El 2021 lo empecé con un duro golpe emocional, y mi carta de  despedida a ella, mi madre, la anterior entrada,  es lo último que he sido capaz de escribir desde que se fue. 
Creo que es hora que despierte, que vuelva a retomar mis ilusiones y esta es una de ellas. Así que he pensado en retomar el origen del blog: recuperar viejos escritos que tengo guardados para compartirlos con quien se acerque a leerme.
Uno de ellos es el poema que estoy a punto de presentar.  Con diez años, por motivos de trabajo de mi padre nos trasladamos a un pueblo de LLeida (Cataluña) y con dieciséis, volvimos a cambiar de residencia, esta vez a un pueblo de Zaragoza (Aragón). En ambos sitios, seguramente por mi carácter tímido e introvertido, me hicieron sentir fuera de casa. Como si fuera una extranjera, dentro de la misma España. Yo nací en un pueblo del País Vasco y con tan solo 10 años, me fui para siempre; parecía que era más un pecado que otra cosa.

Para un trabajo del instituto, escribí un poema, reivindicando mis orígenes. Tal vez, actualmente, podría mal interpretarse, si se lee a través de una mirada política, como un poema nacionalista, pero nada que ver. Con él, en esos momentos, cerca de mi mayoría de edad, solo quería hacer notar, que no ve avergonzaba de haber nacido en un pueblo de San Sebastián, con todo el problema de ETA,  que era vasca de nacimiento, pero que todos pertenecíamos a la misma España. Ahora, esa perspectiva de mi juventud, parece alejada de la actual realidad política de este país. Donde sentirse español no está bien visto desde determinados círculos. Este poema da título a mi blog, y esperando no molestar a nadie, lo transcribo tal y como lo sentí en ese momento. 
Siéntete totalmente libre para hacer el comentario que te sugiera este poema. 

A ORILLAS DEL ORIA
A orillas del Oria
nacía una noche,
en un verde campo, adormecido,
cubierto de blanca nieve.

Aún el eco so oían de la panderetas
las zambombas zumbaban, 
tímidas, 
muy bajito.

En un campo verde,
al pie de un gran monte,
el agua fluía en el riachuelo
-clara y fresquita, al Oria moría-.

Aquella es mi tierra,
lo digo bien alto,
Tolosa es mi cuna, mi patria querida,
que después de España
es lo que más quiero.
(abril, 1985)