domingo, 17 de mayo de 2020

Cara y cruz



Llevaba años enamorado de Luna. Estudiosa, formal, cumplidora, resultona físicamente. Y con un sentido del humor envidiable. Le encantaba su sentido del humor. No era el chico en el que ella se hubiera fijado. Se metía en líos todos los fines de semana y su fama de mujeriego tampoco ayudaba. Le gustan demasiado las mujeres. “Le gustaban”, porque estar enamorado solo lo había estado de ella…

—Señor Núñez, le recuerdo que esta asignatura es tan importante como las demás y tiene los trimestres anteriores suspensos.
—Lo sé. No hace falta que me lo recuerden.
—¿Tiene pensado con qué sorprendernos?
—¡No me conoce! Hay cosas de mí que ninguno de clase sabe.
—¿Quiere decir que es algo más que un conjunto de músculos que juegan a rugby?
—Esa beca universitaria, no me la han concedido por que sí.
—Tampoco por un expediente de infarto. ¡No se lo pondré fácil! ¡No voy a regalar ninguna nota! ¡Y hay notas difíciles de levantar!

Sonó el timbre y salió disparado hacia el recreo, hecho una furia. Esa profesora lo tenía cruzado. Se había sentido humillado delante de todos y ese silencio que inundó la clase mientras ella le hablaba no sabía muy bien cómo interpretarlo: si todos pensaban, como ella,  que era un deshecho o si les estaba pareciendo, como a él, que se estaba ensañando con él.

¡Mierda!, pensó. Ahora ella se acercaba, era la última persona con la que tenía ganas de hablar.
—¿Qué te ha pasado en la mano? —Fernando intentaba que bajo el chorro de agua fría de la fuente cesara el dolor, pero cada vez dolía más y se le estaba poniendo morada por momentos —¿La puerta del lavabo la ha tomado contigo?
—Algo así —le respondió a Luna devolviéndole la sonrisa cómplice que acababa de regalarle. Esos comentarios sarcásticos tan en su momento, con un toque de humor y de decirte «entiendo cómo te sientes», era lo que tanto le gustaba en ella.
—Creo que te  la has roto. —Él asintió—.  Vamos, tienen que verte esa mano.
—Y la clase…
—¡No digas chorradas! Mira cómo se te está poniendo. ¡Parece una morcilla! —Extendió la mano derecha—. Déjame las llaves de tu coche, te llevo al centro de salud.
—Desde cuando sabes conducir tú. —Ella se mordió el labio, levantó las cejas y cambió la expresión de su cara.
—Pues, veras… ¡míralo tú mismo! —Sacó el justificante de carné de conducir y se lo enseñó, mientras seguía mordiéndose el labio y lo miraba entre divertida y temerosa…
—Tía, ¡hace dos semanas! —Levantó las cejas sorprendido.
—Sí. Eso creo que pone en ese papel. —Explotaron los dos en una carcajada y en ese momento sonó el timbre para entrar del recreo. Fernando siempre iba en coche al instituto. Ya hacía casi un año que conducía, pronto cumpliría los diecinueve. Dejarle el coche a Luna no estaba en sus planes.

Pero realmente le dolía una pasada la mano.  Se acercaron a dirección y pidieron permiso para salir del instituto; un profesor los acercó al centro de salud. Mientras esperaban a ser atendidos en urgencias le preguntó:
—¿Por qué lo haces? Sé de sobra que no te caigo bien. —Al ver la expresión de su cara se arrepintió al instante de decirlo—. Tranquila, no tienes que disimular.
—A ver, lo he hecho por ti como lo hubiera hecho por cualquiera. Te he visto mal… realmente se ha pasado contigo dos pueblos…
—¡Puedes largarte ya! ¡Gracias! —Ella se levantó sin mirarle a la cara.
—¡Pero qué borde eres! —Y lo dejó solo en la sala de espera.

Al rato, cuando ya pensaba que ella se había marchado. Apareció con un botellín de agua entre las manos.
—Me había olvidado de la sed que tenía cuando te encontré en la fuente. —Le tendió la botella. La miró levantando las cejas sorprendido y cogió la botella que le ofrecía—. ¿Qué es eso tan especial que nadie conoce de ti?
—No estoy para pitorreos, ¡me duele un huevo! —Ella sonrió mirándolo.
—Conmigo no tienes que ir de machito. —Se miraban a los ojos. Se dejó llevar.
—Practico bojutsu.  —Al ver la cara de Luna como diciendo “¿Qué es eso?”, se explicó—. Es un arte marcial japonés que se practica con un . Un  es un palo largo de madera que se utiliza como arma, como prolongación del cuerpo.
—¡Me tomas el pelo! No te veo yo disciplinado como para practicar un arte marcial.
—Ya, un mentecato como yo, puede darse cabezazos en el rugby pero no practicar un arte milenario. ¿No? —“Me pillaste”, decía la cara de Luna en ese momento. Él sonrió decepcionado y en ese momento los llamaron.

Tras las pruebas, Fernando se quedó tranquilo al saber que no se había roto la mano. Salían en silencio. Ya eran cerca de las tres y cada uno iba a irse a su casa. A él lo habían venido a buscar. Ella se despidió sin querer que la llevaran a casa en coche. Era viernes. Ya no se verían hasta en lunes, pensó Fernando.

El domingo por la mañana le mandó un wasap invitándola a asistir a una exhibición  de bojutsu que hacían en el parque grande de su localidad. Cuando ella llegó, él la esperaba a la entrada y la llevó hasta el lugar donde iba a celebrarse.
Los diferentes participantes, ataviados con el traje correspondiente y armados con su bō, se movían deslizando los pies por la hierba; a la vez,  los  parecían fluir entre sus manos, cambiando de posición, en una especie de baile que alternaba movimientos de pies y manos.
 Después de unos minutos de solo observar a todos los participantes,  Fernando y ella se mezclaron entre la gente, aunque algo alejados y él le indicaba como seguir los movimientos de los demás. Primero le hizo practicar el movimiento de los pies, del cuerpo. Luego,  le invitó a tomar el  e intentar imitar los movimientos que le veía hacer a él, quien intentaba ir más lento para que ella le siguiera. Finalmente la retó a hacerlo todo: moverse acompasadamente con el cuerpo y el . Él se había posicionado frente a ella y se miraban fijamente a los ojos,  como queriendo adivinar el movimiento del otro. Fue un rato mágico, hasta que con un megáfono anunciaron que iba a tener lugar un simulacro de lucha.

Todos los asistentes se sentaron, haciendo un círculo, en un claro del parque y los dos primeros rivales salieron al centro.
Fernando iba explicándole a Luna los movimientos de los luchadores. Le hacía fijarse en el cambio de los pies, el giro del , la torsión del cuerpo. Ella parecía absorta, no se sabía si le estaba gustando o estaba a otra cosa.
—¿Qué diablos estará pensando? —Se preguntaba en silencio Fernando viéndola tan concentrada y callada. Parecía que el resto había desaparecido.
Se levantó y se marchó. Se le había cruzado el cable al creer ver indiferencia en ella.
Cuando acabó la demostración todos se levantaron. Luna buscó a Fernando, sin encontrarlo. Le mandó un wasap y al no recibir contestación se marchó a su casa.
No era ese el final que ella esperaba para esta improvisada “cita”. Tal vez había malinterpretado las señales que creía haber recibido de Fernando.
Se fue a casa pensando en la extraña forma de pasar una mañana de domingo. ¡Quién se lo iba a decir a ella! ¡Le había sorprendido Fernando! Y el bojutsu… tenía su magia.

—¡Ya le vale! ¡Marcharse sin decir nada!  —Pensó mientras de iba a casa dando un paseo.

El lunes, a primera hora,  tenían que presentar el proyecto fin de curso. Cada uno debía hacer una exposición oral, mostrando algo personal que nadie conociera. Objetivo: intentar sorprender a los demás. La idea era demostrar que, a pesar de ir a clase juntos  desde pequeños, no conocían a los demás con ellos creían. Tan solo eran conscientes de cómo eran sus amigos más íntimos.
Luna entró y se sentó en su pupitre,  sin fijarse quien estaba ya preparado para la presentación. Fernando esperaba  con su traje de practicar Bojutsu, su  y una presentación en prezzi preparada para empezar. 

Sorprendió. A ella y a los demás. Nadie esperaba verle así vestido, hablando con esa pasión de un arte marcial y haciendo una demostración tan delicada. Les hizo una especie de danza para que vieran alguno de los movimientos y entendieran lo que les había explicado. Los aplausos al final lo dijeron todo y la cara de la profesora no dejaba lugar a duda.
Al ir asentarse en su mesa, Fernando levantó la vista y miró al fondo donde Luna se sentaba, esta le sonrió levantándole la mano derecha con el pulgar hacia arriba. Él sonrió moviendo tan apenas la comisura de sus labios. Se sentó notando que su corazón latía tan fuerte que parecía querer salírsele del pecho.

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Y cada semana se me hace un poquito más complicado, pero me obligo a publicar. a Seguir. No voy a dejar que los acontecimientos rompan todos mis planes. Quiero escribir, soltar lastre. Aunque no me salga como yo quisiera, aunque no alcance a transmitir lo que en el fondo quiero. Si lo dejo ahora lo abandonaré de nuevo. Aparcaré de nuevo la escritura y es mi mejor medicina. Además,  ahí estás tú con tus comentarios para darme el subidón de adrenalina que necesito. Tú y tu opinión. No necesito más.
Reto#20.  Haz una historia que contenga una lucha con unos bō. 52 retos literup 2020.











8 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Me encantan ese tipo de iniciativas gracias a las cuales el grupo de alumnos se da cuenta de que todos conviven cada día con sus compañeros pero apenas los conocen y cómo resulta ser un punto de inflexión en sus relaciones sociales. Además de que muchas veces las apariencias engañan. Muy tierno.
    Y, como dices, no dejes de escribir si te hace feliz.
    ¡Un abrazo!

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  2. ¡Hola! Qué interesante, un poco extraña la actitud de él, vaya que irse así sin avisar cuando veía que Luna estaba interesada en él. A veces me preguntó qué pasa por la cabeza de alguien para actuar así.

    Me gustó especialmente el final, que mostrara un lado más sútil y profundo ¡jo! Hasta artístico. Me encantó.

    Espero que te animes a seguir escribiendo. Creo que todos hemos tenido esos bajones y digo mucho esto: la cuarentena, el encierro y la locura por el covid no ayuda en nada a lidiar mejor con todas estas emociones.
    Lo importante es seguir adelante, bien lo has dicho. Te doy mucho ánimo y mis mejores deseos.
    ¡Besitos!

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    1. Muchas gracias por tus ánimos. Con esa extraña actitud, intento reflejar que es un chico especial, que va de perdonavidas y cuando se encuentra con la persona que de verdad le interesa le saca todos los demonios. Esas personas que van de insensibles de cara a la gente, tal vez para ocultar sus inseguridades.
      ¡Me gusta verte de paseo por aquí!

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  3. lo que uno escribe no es para anlizarlo a vecers escribimos cosas que solo estan un minuto en el cerebro para saber que piensa otro del mañana me hace crecer porque asi aprendo yo vivo solo eol momento
    muy bueno tu texto

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    1. Hola, gracias por tu comentario. A veces es verdad, escribir es "soltar lastre". Me alegro que te haya gustado.
      Nos leemos!

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  4. En cuanto al argumento, me parece una idea interesante, presentar una relación sentimental entre dos jóvenes estudiantes en su ambiente universitario y con el aliciente del arte marcial japonés, como motor de la acción, aparte de los "tiras y aflojas" de esta pareja.
    Ya veo que te decantaste por un final simpático y feliz, lo que siempre agradecemos los lectores, especialmente en estos temas amorosos.
    En lo formal, te comento que debes prestar más atención a la hora de utilizar signos de puntuación, que agilizan la lectura y son muy convenientes para evitar frases demasiado extensas, y que a la larga, distraen la atención lectora o pueden confundir su contenido.

    Un abrazo, Jose.

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    1. Hola Estrella, agradezco muchos tus comentarios, siempre amables y constructivos. He releído mi trabajo y es cierto que en determinados pasajes se hacían las frases algo largas y farragosas. He intentado arreglarlo(y de paso alguna otra cosilla). Creo me centro mucho en cumplir con el tema y en ocasiones olvido la parte formal. Me encanta aprender de los vuestras aportaciones.
      Un abrazo, a ti también.

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