domingo, 3 de mayo de 2020

Escuchan lo que callamos, ¡cuidado!


Seis años. Recién cumplidos. Me ha dejado boquiabierta. Complemente «ko».
Durante nuestro primer paseo juntas, tras cuarenta y cinco días de confinamiento, he tenido miedo  de que saliera con juguetes y hemos salido sin nada, de la mano…
¿Mamá?
¡Sí, cariño! ¿qué pasa?
Ayer, cuando estaban aquí tus amigos... —Tiene tan asumido este «arresto domiciliario» que cuando hago videoconferencias con amigos siempre pregunta: «¿Cuántos han venido?»
¿Nos has estado escuchando? —Se pone las manos en jarra a la altura de la cadera y me mira poniendo lo ojos en blanco.
¡Qué remedio, mamá! ¡Hablabais muy alto! —¡Qué graciosa mi mujercita!
¡Vaya! —Le contesto yo disimulando la carcajada que se me quiere escapar.
Pero estáis equivocados. Muy, muy equivocados. —Sonríe pícara, como si conociera un secreto que nadie sabe.
¡Ah!, ¿sí? A ver, listilla. —Me hace un gesto con el dedo para que me agache y mirarme directamente a los ojos.
Nadie ha soltado ese bicho… —Niega con la cabeza mientras mueve su dedito reafirmando su idea.
¡Ah!, ¿no? — Empieza a no tener gracia esta conversación, ¿cuánto de lo que hablamos escuchó?
Es la tierra que se queja.
¿La tierra que se queja? —Ahora sí que me deja descolocada. Continuamos andando de la mano.
Sí. Seguro que se ha puesto de acuerdo con esos bichos y ha creado un gran un ejército invasor.
 ¡Pero tú de donde sacas eso!
   ¿No tienes ojos o qué? Ayer, por las noticias salieron animales corriendo por las ciudades, ¿te acuerdas?
   Sí, te llamé para que lo vieras, unos jabalíes y algún ciervo. Buscaban comida o agua…
 ¡Ya! —Su expresión es como de «no te enteras de nada»— Ellos corriendo por la ciudad y nosotros encerrados en casa.
 (No lo había pensado desde ese punto de vista, Los animales corriendo libres y nosotros enjaulados. ¡El mundo al revés!)
 Como no salimos de casa. No cogemos el coche…seguro que el aire está más limpio, sin tantos gases sucios; y estamos manchado menos, seguro que hay menos basura tirada por las calles…
 Puede ser. —Caramba con la niña, me estaba dejando anonadada—. Entonces, ¿quieres decir que la Tierra nos está castigando por destruirla?
¡Tal vez! Por más que los médicos luchan, más personas se ponen malitas… y algunas mueren…
Sí. No estábamos preparados para esto. Nos preocupamos más del ejército equivocado…—murmuro esto último esperando que no lo oiga.
 Pero ahora, mamá, nos vamos dando cuenta de esas cosas, ¿verdad?
 ¿Tú crees? —Me paro en seco a mirarla. Su expresión era tan triste…La cojo en brazos—. A ver, princesa. Dame un gran abrazo, y vamos a disfrutar de este rico sol que hace hoy.
Se aprieta a mi fuertemente rodeándome con sus piernecitas y me pasa los brazos por detrás del cuello, suavemente. Noto su aliento agitado en mi nuca. Al poquito se calma. La separo un poco de mi para mirarle a los ojos y sonriendo le digo:
 Pronto vamos a tener que volver a casa, ¿por qué no corres un poco para estar preparada para cuando empiecen de nuevo los entrenamientos?
... Acaba el paseo dándose unas vueltas corriendo a la manzana, saltando de vez en cuando, estirando «como ella dice»… su cara vuelve a sonreír y mi niñita feliz y despreocupada aquí está  de nuevo.
Yo sigo pensando en sus palabras y en lo que, en algún vídeo de esos  que va de wasap a wasap, he oído: «Es la primera vez que un virus tiene efectos secundarios positivos»
La contaminación está bajo mínimos históricos, hasta en los canales de Venecia se ven peces, ¿estará el océano recuperando el oxígeno que le estábamos robando?
Nuestros sanitarios son ahora nuestro ejército salvador, pero no disponen de las armas necesarias para vencer al enemigo. ¿Nos hará esta situación darnos   cuenta, como dice mi “peque” de lo realmente importante?
Tal vez deberíamos escuchar a la Tierra.
Está bramando ¿seremos capaces de entenderla?
¿Llegaremos a tiempo?

Yo, lo primero, la próxima videoconferencia intentaré que sea «para todos los públicos». Hay que tener cuidado con lo que oyen estos «locos bajitos» que están todo el día con las antenas de larga distancia enchufadas.
Después, intentaré hablar más con ella para que suelte todos esos miedos concentrados que acumula de oírme hablar o de lo que callo para que no me oiga. Y, para terminar, prepararé bien las salidas para que sean un verdadero momento de diversión, alegría, relajamiento…

¡Si hay que llevarse la bici o el carrito de la muñeca, se lleva!
(Mirándolo por el lado positivo: así a la vuelta tendremos un buen rato ocupado desinfectando todo lo que hayamos sacado para recordar el paseo)

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Este es mi aportación de esta semana al reto 52 retos literup 2020.
Reto#18. Escribe un relato en el que la tierra sea un elemento muy relevante de la historia. 

4 comentarios:

  1. ¡Hola! He estado un poco desaparecida, pero finalmente, puedo pasarme a dejar comentarios a las publicaciones.

    ¡Qué gran entrada! Coincido en que el virus tiene su parte positiva ¡como nunca! Y como he leído por ahí, el gran virus son los humanos, no hay otra, mira que en tan poquito, el planeta se ha limpiado y hasta los niños se dan cuenta de eso.

    Pero todos extrañamos salir <3 ojalá sirva de reflexión para que los zoológicos dejen de existir.

    Excelente cuento.

    ¡Un abrazo!

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  2. ¡Hola!
    Creo que ha sido una muy buena idea para la consigna del reto. También creo que tiene una parte positiva, aunque igualmente pienso que a muchos se les seguirá olvidando cuando todo pase. Espero que sean la minoría.
    ¡Cuídate mucho!

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    1. Esta extraña situación que estamos viviendo va a ayudarnos a muchos y muchas a mirar. A mirar atrás, adelante y al medio. A mirar y ver. Yo en eso quiero confiar.
      ¡Cuídate tú también!

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