Por eso hoy le dedico parte de
la entrada a Karen, esperando que encuentre el apoyo necesario para llevar adelante su empresa. ¡Suerte Karen!!!
domingo, 21 de marzo de 2021
Blogueros por el mundo
domingo, 7 de marzo de 2021
A orillas del Oria
domingo, 7 de febrero de 2021
Gracias por estar, por tu calidad, por tu alegría.
lunes, 11 de enero de 2021
Deja que te cuente...
—Señoras, nos hemos perdido. Hace
rato que la estela del cielo no se ve. Ya sabía yo que era arriesgado seguir
esa luz cósmica.
—Tranquilas, preguntemos a
esos pastores que cenan al calorcito de la hoguera.
—Sí, vayamos. Es de noche y
llevamos muchas horas de camino. A ver si conseguimos un lugar donde pernoctar.
En el pueblo que les indicaran
los pastores no encontraron aposentos libres. El posadero les indicó que solo
disponía de un establo, pero creía que ya lo habría ocupado una pareja, que
buscando refugio, la mujer estaba a punto de dar a luz, había aceptado el ofrecimiento.
Un hedor penetrante les hizo retroceder
instintivamente, cuando al fondo de la cuadra, en un rincón, se escucharon los
lamentos de la futura mamá.
—Este no es lugar para alumbrar
un bebé.
—Manos a la obra, miremos que
llevamos en nuestro equipaje que pueda servirnos.
María, la parturienta, no
entendía nada de lo que pasaba. José extrañado y algo asustado se acercó a las
que sin duda eran las mujeres más raras que nunca hubiera visto. Con sus
túnicas elegantes, sus turbantes en la cabeza y desprendiendo un aroma a flores
y campo no tuvieron ningún reparo en emprender la limpieza del lugar.
Tras adecentar uno de los
rincones, apartando los animales y la paja sucia, con el suelo y paredes
perfumados, tras la limpieza, extendieron una larga tela en el suelo que
acolcharon con paja limpia. Allí, a la luz de una hoguera, aliviada por el
calor que emanaba de ella, tendieron a María que estaba a punto de traer al mundo
un nuevo ser.
Fueron unas horas de trajín,
nervios, alguna risa, alguna lágrima. Al final, todos descansaban
merecidamente.
—María duerme plácidamente —dijo
Ramatulay exhausta, comprobando que el bebé hacía lo propio—. Busquemos en las
alforjas, veamos que podemos preparar para cenar.
De lo encontrado en sus caballos
y camellos, cada una aportó lo que consideró oportuno. José que había salido a
la puerta llegó anunciando visitas. Los pastores y familias se habían enterado
del nacimiento y venían con presentes para ayudar a la desdichada pareja. ¡Cómo
podían pasar una noche tan fría en un establo tras el alumbramiento!
A lo que nuestras
protagonistas aportaron se unió pan y queso de los pastores, así como vino y
agua para la sed, un buen puchero caliente de varias mujeres del pueblo, dulces
y frutas de postes. También hubo quien dejó mantas y ropas tanto para los esposos
como para el bebé.
Todos juntos compartieron una
agradable velada y partieron a sus casas para dejar descansar a la recién estrenada
madre.
Por la mañana, José y María,
con las sobras de la noche, quisieron agasajar a sus “ángeles custodios” de la noche
anterior. Prepararon un delicioso desayuno.
—Como por arte de magia
aparecisteis cuando ayuda necesitábamos —les dijo José.
—Pues magas no somos, se lo
aseguro —contestó Hajar.
—Con trato de majestades nos auxiliasteis
y acompañasteis —exclamó María sonriente.
—Pues reinas no somos—añadió
Malena.
—Pues dejadme que os diga —declaró
admirada María— para mí siempre seréis, mis tres Reinas Magas.
Y así fue como al niño, a medida que crecía, al llegar su aniversario, le contaban, María y José que el día de su nacimiento, tres reinas magas los colmaron de regalos y les hicieron creer que la humanidad tenía futuro.
Nuevo año, nuevos relatos. Como el año pasado me he apuntado al reto del blog Literup, que nos propone 52 retos de escritura para 2021. En esta ocasión me he comprometido a 12 relatos, la versión corta. Tengo en mente otros escritos y con la versión completa no doy a abasto.
Este primer relato es el reto 2 que nos pide "Escribe un relato protagonizado por tres reinas magas".
Buscando inspiración me encontré con una entrada en el blog "De Enaguas, Molcajetes y Armas" que planteaba al lector: "que hubiera pasado si en vez de tres reyes magos, hubieran llegado tres reinas magas", me hizo gracia y de ahí salió este relato.
Cuéntame tus propósitos para este año.
Acuérdate de que dejen tiempo para disfrutar.
domingo, 27 de diciembre de 2020
Recuerdos por los rincones
Nunca había sido amante del “Feng-Shiu” pero tras un año tan desastroso, cualquier cosa que hiciera solo podía hacer que las cosas fueran a mejor, dado que a peor, ya, era imposible.
Una amiga me arrastró a unos
talleres, antes de acabar el año y estaba dispuesta a aceptar el reto.
Si era cuestión de dejar fluir la
energía, “al lío”. La propuesta era tirar, reciclar o donar 10 cosas antes de terminar
el mes: revistas viejas, medicamentos, maquillajes y jabones, recibos, joyas y
accesorios rotos, bolis viejos y libretas usadas, ropa que no te cabe, cajas de
zapatos llenas de tarros, toallas antiguas y merchandising.
Al estar ya de vacaciones, para
llegar a la noche fin de año con la casa fluyendo energía positiva, decidí
iniciar la cuenta atrás.
Diez. Llevaba tiempo guardando las
revistas del semanal de los domingos. Me encantan esas revistas. Traen
reportajes magníficos, tanto por la fotografía como por el contenido. Más de
una vez los he utilizado en el cole, sobre todo los de animales. Tendría más de
50 revistas. Ordenadas. Tirarlas sin más me parecía un sacrilegio. Así que me
paseé por el dentista del pueblo, la fisioterapeuta, la peluquería. Y dejé en
la escuela las que pensé que podrían formar parte de la biblioteca de mi aula.
Me llevó un par de días, entre paseos y decisiones. Lista para el siguiente
paso.
Nueve. En el alto de un armario
de la habitación de mi hijo pequeño, esperaban, tres o cuatro cajas de viejos recibos,
el momento que yo decidiera tirarlos a la basura. Sin embargo, resonaba en mi
cabeza un comentario de mi padre de hacía muchos años, siendo yo niña: “hay que
destruirlos bien, sino pueden robarte datos del banco”. Ahí me tenías a mí, con
recibos de hacía ya muchos años. Destructora de papel en mano, fueron
desapareciendo uno a uno. Adiós recuerdos de gastos acumulados en cajas de
zapatos. Seguí con el armario de mi hijo.
Ocho. Hacía tiempo que habían
desaparecido de mi casa las camas de 90. Al venir mis suegros a vivir con nosotros,
los chicos volvieron a dormir juntos y, a los abuelos, se les preparó una
habitación con cama de matrimonio. Después, al fallecer, esa habitación se la
quedó uno de los nietos y el otro quiso, también, cama grande en su cuarto. Así
que guardamos un somier y su respectivo colchón en el trastero, para por si acaso,
y compramos ropa nueva para vestir las camas. En una caja dormían las sábanas, algunas desgastadas y descoloridas, que durante años usamos. No recordaba guardar aún
las primeras que compré, al pasar a mi hijo mayor de la cuna a la cama. ¡Qué empeño
tuve en que las estrenara! ¡Cómo iba a dormir, mi angelito, en sábanas usadas!
¡Y allí seguían, con sus dibujitos y colorines! Me quedé un par de juegos, por
alguna visita inesperada. Uno de ellos ese, y el otro, un juego de algodón bordado,
a mano, por mi abuela paterna. Los demás los preparé para dar: los menos viejos
para Cáritas y los peores los corté en trapos para el estudio de pintura de mi
hermana.
Siete. Para seguir,
decidí ir a mi armario y localizar todas las prendas que hacía ya tiempo que no
usaba. En el altillo, encontré la maleta olvidada con ropa de hace años. Entre
otros, mi vestido de novia. Había sido, primero, el de mi madre, aunque para mí
se cambió el diseño. Recordé que a mi padre le hizo ilusión que yo quisiera
llevar ese vestido, pero mi madre puso mil pegas. Lo sacó a regañadientes del
arcón donde lo guardaba y me ayudó a ponérmelo, asegurándome que no me iba a
servir, que costaría mucho arreglármelo, que no había tiempo... Pero, nada más vérmelo
puesto empezó con los alfileres por aquí, por allá… su cabecita de modista
estaba en marcha. Ya no le parecía una idea tan descabellada. ¡Me vi guapísima
el día de mi boda! Mi madre supo hacerme sentir especial ese día. Por supuesto
sigue en el altillo. Pero el resto de la ropa y otra tanta que saqué de cajones
y estantes la llevé al contenedor de ropa usada del pueblo.
Seis. Con la maleta en mano vacía,
me animé a reciclar bolsos viejos y mochilas olvidadas de cuando mis hijos eran
pequeños y las usaban para el colegio o para entrenar. De entre todos los
bolsos que tenía arrinconados en el armario, volví a ver el que me compré para
la boda de mi hermano. Lo había olvidado. Esa vez me ilusioné con unos zapatos
con el bolso a juego. Nunca me había dado ese capricho. Me resultaban muy caros.
Pero al final, los compré. Allí estaban, pelados y desgastados de tanto
llevarlos. Energía y recuerdos fluían sin cesar, a medida que iba aireando los
armarios.
Cinco. Desde que empezara esta
limpieza, me rondaba entrar al baño y renovar las toallas. Algunas blancas ya
casi no lo parecían y otras las iba alargando y te rascaban la espalda al secarte.
Sabía dónde comprar, a buen precio, unas nuevas. Así que empecé retirando de la
circulación tres de manos y tres de ducha-baño. Con la intención de reponerlas
ahora y después, en las rebajas, cambiar otras tantas. Entre las que dejé para
la segunda tanda, estaban las primeras que me compró mi madre para el “ajuar”. ¡Con
qué ilusión las puse en “mi casa”, tras la boda! Tal vez, ya era el momento de
deshacerse de ella. Tal vez.
Cuatro. Tras las toallas, le entró
el turno al armario del baño. Botes de espuma de pelo, cremas para el sol,
lacas y desodorantes de spray. En concreto seis u ocho botes que llevaban tiempo
y tiempo sin usarse. Ocupando sitio. De paso, iría al punto limpio la primera
depiladora eléctrica que tuve. Pero que ya no usaba. Cuando festejaba, me la
regaló una tía, de mi, por entonces, novio, tras un viaje a Andorra. Aún
recuerdo lo que presumieron de lo barata que la encontraron.
—¡Jajaja! —Me reía yo por dentro—.
¡Era el modelo antiguo! ¡Una verdadera tortura!
El armario lucía más nuevo sin tanto bote
apelmazado en su interior.
Tres. A estas alturas de mi reto “Feng-Shiu”,
ya estaba más que dispuesta a tirar lo que verdaderamente no me servía para nada.
Así que abrí el armario del balcón. Donde acumulaba de todo aunque no sabía muy bien “para qué podría servirme”. Decidida
a cumplir conmigo misma, cogí los apuntes que guardaba en varios estantes.
Apuntes de la carrera, de cuando empecé a dar clases en casa, aquella colección
de problemas de bachiller que fui haciendo a través de los años… ¿Podría tirar
todos esos papeles? Les dediqué una última ojeada, que se prolongó por varias
horas. Y los fui rompiendo, poco a poco. Me encontré con la firma de un
compañero de carrera, de un pueblo cercano, que me dejó su teléfono en la esquina
de una hoja de los apuntes de matemáticas. ¡Vaya, seguía ahí! Todas aquellas
caras que creía olvidadas volvieron a mi cabeza. ¡Qué tiempos aquellos!
Dos. En el mismo armario, me encontré con varias cajas. Repletas de grandes tesoros para mí. Una de ellas, con pequeñas piezas hechas con barro, de cuando mis hijos iban al estudio de pintura de su tía. La mayoría rotas, otras sin acabar… guardadas por el momento tan entrañable que guardaban del día que llegaron a casa. Otra, con innumerable material desechable: cartón del papel higiénico; botes vacíos de yogures de vaso y bebidos; tapes de botellas de agua, refrescos; palos de helados y pinchos morunos… bueno, podría seguir. Todos ellos esperaban formar parte de un instrumento musical. En mi época de interina como maestra de música, y con cualquier objeto o material reciclado, montaba con los alumnos una orquesta rítmica de lo más molona. Y la última caja elegida, contenía una singular colección de “detallitos” de bodas, comuniones y bautizos, que se llenan de polvo en las vitrinas del salón y que no osas tirar, por respeto o cariño a quien te las dio con toda su ilusión, pero que realmente te resultan totalmente inútiles. Llevaban allí desde el verano cuando, decida a pintar el salón, vacié los armarios para moverlos. Con más o menos remordimientos y con un empujoncito de uno de mis hijos, debo reconocerlo, las cajas salieron del armario para no volver.
Uno. La cuenta atrás llegaba a su
fin. Este armario era el baúl de las cosas guardadas “por si las uso”: archivadores
de cuando mis peques iban a infantil y primaria, carpetas viejas, fundas
perforadas “requeteusadas” y medio rotas, estuches con pinturas, rotuladores,
reglas, escuadras, compases… (Muchos años la cantinela “mamá necesito…” tenía éxito
y me creía que no tenían, que se les había roto o perdido. En realidad lo que
querían era estrenar). Lo realmente viejo lo tiré, al fin, y lo reutilizable lo
metí en una bolsa y la dejé preparada para mi vuelta al cole.
Y tras cerrar el armario,
renovado y limpio. Di por terminada mis sesiones de liberación de energía. Las buenas
vibraciones ya tenían sitio para transitar y yo podía dar paso al nuevo año,
tranquilamente.
📏📐📘📷🔔📌📀💻💺👢👔👒
Y con este relato "Reto#52: Última semana del año. Haz un relato en el que se intercale una cuenta atrás desde diez" doy por terminado el reto "52 retos de escritura para 2020" de #52RetosLiterup.
Es la primera vez que me he enfrascado en un reto de escritura. Este reto me ha exigido mucho, ya que debía ceñirme a las indicaciones y, en algunos casos, me sacaba completamente de los lugares por los que yo me muevo cuando escribo. He saltado al abismo en muchos de mis escritos, me han removido por dentro, me han secado de mi zona de confort. En muchos relatos, no lo negaré, estoy al cien por cien, con mi vida, mis sentimientos... en otros he novelado mis sentimientos, he intentado camuflarme entre las palabras... y algunos son totalmente inventados, una historia para cumplir el reto, pero creo que hasta en esos se me ha escapado parte de mí.
Si soy sincera, muchos de los escritos no son lo que yo quería escribir. A veces, se me echaba el tiempo encima y había que acabar el relato para cumplir los plazos. Sinceramente, es duro publicar cuando no estás satisfecha con lo escrito pero, ¡así entendí yo el reto!
Agradezco de corazón todos los comentarios que he recibido, gracias a los que, en algunos momentos, he seguido adelante . Es un reto difícil, para mí, un relato semanal es mucho. Pero he disfrutado de la escritura y de todos los blogs que he conocido y compartido.
Muchas gracias por estar ahí.
¡¡¡¡¡ Bienvenido 2021!!!!!!
¡Mis mejores deseos para todos!
domingo, 20 de diciembre de 2020
Navidad, ¿dulce navidad?
No sé cuando empezó esta fobia a Navidad. A lo mejor la he tenido siempre pero, al nacer mis hijos, la dejé aparcada temporalmente. Con ellos, la verdad, lo he disfrutado, todo, siempre.
Ahora, cada año, al llegar diciembre
empiezo a dejar de dormir pensando en esa noche. Qué haré de cena, qué regalaré
al amigo invisible, que me pondré, de donde sacaré tiempo para tener todo a
punto, me tocará a mí hacer la cena en casa…
Y tan solo, al pensar en mi madre, que a sus ochenta y cuatro años, no se merece un disgusto, decido que voy a intentar no arruinarle a nadie la navidad.
Lo primero que me molesta es la falsa felicidad que todo el mundo muestra. De repente todos están deseosos de reencontrarse, aunque como todos los años, llevan desde la última navidad, sin verse, llamarse, wasapearse, escribirse…
(A veces, nos ha sido imposible quedar
un día en verano a comer, todos juntos. Imposible cuadrar agendas).
Después viene acordar la cena. Cada uno
llevará una cosa. Pero nadie piensa en que a todos les guste la cena. Algunos llevan una parte escasa, que no llega para que todos prueben, y si
decides llevar tu parte con una cantidad suficiente para que alcance a todos, te recriminan: ¡Hala, con la de comida que hay!
También hubo su momento “Papá Noel”. Había
que disfrazarse para traer los regalos a los pequeños. Pero si algunos peques lloran
porque les asusta, ¿para qué insistir? ¿Quién tiene que disfrutar, tú o la chiquillería?
Cuando mi padre murió, la magia que creaban
juntos, mi madre y él, en esos días, se esfumó. Nos empezamos a juntar por
inercia, por mi madre. Ella se llevaba la mayor parte del trabajo, en su casa.
Al irse a la residencia, ese primer año, la poca ilusión que pudiera haber
renacido en mí se apagó. Entre seis hermanos, todos tenían una excusa u otra
para no hacer la cena en su casa. Y sigue siendo así después de veinticuatro
navidades.
Todos reímos, cantamos, comemos… aparentemente reina la más absoluta felicidad. Tal vez sea verdad lo que dicen mis hermanos:
¡¡Es que tienes muy “malaleche” Marijo!!
🎊🎊🎊🎊🎊🎊 🎊🎊🎊🎊🎊🎊
Escribe sobre la tortura que padece ese día tu protagonista.
Este año, la navidad responsable,
nos va a llevar a celebrar la navidad en pequeños grupos de convivientes.
Yo, si no fuera por mi madre, que ha decidido quedarse en la residencia, estaría feliz.
¡Os deseo a todos Feliz Navidad!
domingo, 13 de diciembre de 2020
Los aztecas, una sociedad estamental
“Vivo obsesionado con esos ojos. Los vi hace varias semanas en palacio y desde entonces no he podido olvidarme de ella. Estoy seguro que no es una pīpiltin, sus ropas no son de algodón, al contrario, lleva prendas tejidas magistralmente con hilo de maguey.
Pienso que
pertenece a los mācēhualtin y apostaría a que es una artesana que viene a
tejerle a mi hermana sus ropas.
A una tlācohtli,
no la dejarían ir sola por los pasillos de palacio. Los esclavos no son de
fiar.”
“Yaretzi, Yaretzi, ¡no seas tonta! No puedes aspirar a que te mire un pīpiltin ellos son los que dirigen el país. Los nobles. Para ellos trabaja, el campo, tu familia.
Me encantan sus
grandes casas palaciegas, con tantas habitaciones hechas de piedra cortada,
yeso y hormigón. De aspecto inamovible, frente a nuestras chozas de adobe y
piedra o barro. “
Quinatzin está
en un momento crucial de su vida. El consejo pronto decidirá el sucesor de su
padre, el jefe del estado. Es una gran responsabilidad que de ser elegido no
puede rechazar. La vergüenza perseguiría por siempre a su estirpe.
Desde muy joven,
al pertenecer al ejército, por expreso deseo de su padre de prepararlo para su
sucesión, ha podido conocer todos los
componentes de la economía del país. La agricultura con sus cultivos y técnicas
avanzadas, la industria textil, la minería (basada en la obsidiana y el
basalto) sin olvidar el lago Texcoco, importante fuente de sal.
Los lagos,
además, proporcionan aves acuáticas, peces y diversos alimentos acuáticos. Y
los grandes bosques que los rodean son una fuente inacabable, o eso creen, de
madera.
Yaretzi, es farmaceuta.
Conoce los secretos de la magia y de las plantas y es buscada por su gran
intuición para curar enfermedades. Por eso, a menudo la llaman de palacio, está
altamente considerada.
En la ferias y
mercados que se celebran en la gran plaza abierta, de los distintos poblados y
ciudades, a menudo consigue intercambiar sus pócimas por diferentes productos no
siempre a su alcance. Es lo bueno del sistema de trueque. El valor de las cosas
depende del que intercambia. Y el comercio en estos momentos es una fuente
próspera de progreso.
🎭🎭🎭🎭🎭🎭🎭🎭🎭🎭🎭
Reto#50. Crea una historia con
un worldbuilding inspirado en las
culturas precolombinas.
¿ Qué os ha parecido?




